La lección no aprendida del 85

Por Rocío Alcántara (@Ro_alcsan)

Una de las primeras historias que me contaron cuando llegué a México fue que en 1985 hubo terremoto de magnitud 8 que no solo sacudió la capital del país, sino también la conciencia de la gente. La respuesta del pueblo, sumido en la tragedia, fue impecable. Se organizaron brigadas para ayudar y llegar a las zonas afectadas donde el gobierno no se movilizaba. De esta forma nacieron los conocidos como “Topos”, cuyo trabajo como rescatistas pasó a ser fundamental y reconocido internacionalmente.

Aquel 19 de septiembre al menos 10 mil personas perdieron la vida.

Nadie podía imaginar que 32 años después, como una broma macabra del destino, la catástrofe se repetiría. Habían pasado apenas dos horas del simulacro que cada año conmemora el seísmo del 85, cuando un terremoto de 7.1 en la escala de Richter hizo a los mexicanos revivir uno de los peores episodios de su historia reciente. Y tal como ocurrió aquel día, en cuestión de horas los ciudadanos estaban organizados en brigadas que se ocupaban de las tareas de rescate.

El pueblo aprendió de aquel temblor que la solidaridad puede llenar los huecos que el estado deja vacíos.

Sin embargo, no todas las lecciones que dejó aquella desgracia fueron tan bien interiorizadas.

Tras el seísmo de 1985, que derribó unos 30 mil edificios, se puso de manifiesto el mal estado en el que se encontraban muchos de ellos. De esta forma, florecieron una serie de tramas de corrupción, negligencias e irregularidades dentro del área de la construcción.

Según recoge la BBC, después de la tragedia, entró en vigor una ley mediante la cual los arquitectos y constructores tenían la obligación de tener en cuenta el estado del terreno donde iban a edificar, ya que varias zonas de la capital se encuentran sobre suelos blandos que son inestables ante este tipo de fenómenos naturales.

A pesar de las nuevas medidas adoptadas, alrededor de 40 edificios se derrumbaron tras el temblor que la semana pasada sacudió la capital del país y otros 4 estados.

Una investigación de The New York Times desveló que el número de hogares derruidos es significativamente menor al de hace 32 años, pero solo responde a la suerte, ya que el terremoto del 85 fue 30 veces más potente que el de 2017.

Uno de los casos que más conmoción ha causado es el del colegio Enrique Rébsaben, cuyo derrumbe provocó la muerte de 19 niños y 7 adultos.

Tal como explica el medio local Animal Político, pese a que la Delegación Tlalpan, donde se encontraba el edificio, certificó que la escuela se encontraba en buenas condiciones, su colapso puso de manifiesto una serie de irregularidades durante su construcción.

La licencia para la edificación del colegio y de una casa encima de él – donde vivía la directora del mismo – se emitió de forma legal en 1983, antes del terremoto que marcó un antes y un después en México.

Asimismo, en 2014, el Director responsable de la obra certificó que la escuela contaba con los equipamientos y sistemas de seguridad necesarios para casos de emergencia.

Sin embargo, el colegio se vino abajo con el temblor de magnitud 7.1 que paralizó la ciudad.

Varios medios aseguran que antes del colapso se indagaban irregularidades en el edificio y se habla de supuestas negligencias llevadas a cabo para su construcción.

Según el diario local REFORMA, la dueña del colegio fue llamada para declarar ante la Procuraduría por la investigación acerca del uso de documentos falsos para levantar apartamentos sobre la escuela.

Diversas fuentes señalan que la propietaria de la escuela incorporó varios metros cuadrados en su apartamento entre los años 2010 y 2014. Además, se recoge que dentro de éste contenía un jacuzzi de mármol que se encontraba justo encima de las clases afectadas tras el seísmo.

La investigación certificará si las supuestas negligencias fueron las causantes de la tragedia en el colegio Enrique Rébsaben, que se ha convertido en el símbolo en Ciudad de México de todos los edificios que podrían haber colapsado por irregularidades en la construcción.

Mientras tanto, los ciudadanos siguen actuando unidos para evitar que la maquinaria pesada entre a demoler construcciones donde pueda haber cuerpos o supervivientes, mientras voluntarios continúan ayudando en las labores de rescate.

De nuevo, los mexicanos han mostrado su fuerza y solidaridad ante una desgracia de tal magnitud, y han vuelto a dar una lección de humanidad a las autoridades, que no parecen haber aprendido nada sobre la historia de su país.

 

 

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