Irán y Arabia Saudí: Una historia de violencia

Por Juan Martínez Rodríguez (@juan_nauj11)

Oriente Medio es un mosaico de religiones, culturas, etnias e idiomas. Este territorio abarca las mayores reservas de petróleo del mundo, así como algunos de los países más pobres. Los conflictos en la región no son nada nuevo, pero hoy en día parecen cada vez más destructivos en lugares como Siria. Sin embargo, no debemos olvidarnos de guerras menos famosas (que afectan menos a Europa) como las que se libran en Irak o Yemen. Hoy en día asistimos a una importante pérdida territorial del Isis, a un referéndum de los kurdos iraquíes, al fortalecimiento de Bachar al-Asad en Siria o al enfrentamiento entre Trump e Irán. Esta compleja zona es el telón de fondo de una de las más importantes rivalidades actuales: la lucha por la hegemonía regional entre Irán y Arabia Saudí.

*Mapa de influencia en Oriente Medio de Irán y Arabia Saudí.

Arabia Saudí es un país de base monárquica con el poder está repartido en dos estamentos. Por un lado, la propia familia real representa el poder político y controla el día a día del país. Y, por otro, encontramos a los clérigos de inspiración wahabita, una de las ramas más rigoristas del Islam. Ambos estamentos de poder están intrínsecamente unidos para garantizar la estabilidad de la nación, asegurada además por las enormes reservas petrolíferas del país, que le permiten regar con petrodólares a los descontentos. Internamente las recientes revueltas que han sacudido al mundo árabe no parecen haber tenido mella en el país, a excepción de las minorías chiitas, que se sienten asfixiadas en un país de mayoría suní.

Por su parte, Irán es el producto de la Revolución Islámica de 1979, que transformó el país de arriba abajo. El poder político descansa en una serie de elementos. El Líder Supremo es uno de ellos, la verdadera piedra de bóveda del sistema, que cuenta con amplios poderes. Por otra parte el presidente, elegido democráticamente pero cuyo poder se halla coartado por otros estamentos políticos no electivos como el Consejo de Guardianes, con potestad para vetar a los candidatos presidenciales. Este complejo sistema combina elementos democráticos y autocráticos en los que pugnan tanto las fuerzas conservadoras como las reformistas. Este país, de mayoría chií, es uno de los más diversos de la región. Con unos 80 millones de habitantes, conviven diferentes lenguas y religiones, con minorías suníes, cristianas o zoroastristas.

Ambos países son, junto a Turquía, los únicos que han tenido la fuerza suficiente después de la última década como para disputarse la hegemonía en la región. La invasión estadounidense de Irak y las Primaveras Árabes han supuesto la desestabilización de las antiguas potencias regionales. Siria se encuentra envuelta en una sangrienta guerra civil, Egipto sigue buscando la estabilidad bajo el gobierno de Al Sisi tras el convulso periodo que siguió a la destitución de Mubarak e Irak es hoy en día un país dividido y enfrentado cuya principal aspiración es la mera supervivencia como entidad estatal. El resto de países de la zona son demasiado pequeños (caso de Jordania) o inestables (como Líbano) como para pugnar por la hegemonía regional. Y con Turquía enfrascada en sus propios problemas internos tras el fracasado golpe de estado de 2016 y con una política exterior muy poco exitosa en los últimos años, son Arabia Saudí e Irán los países que buscan conseguir imponerse en la zona.

Hay que tener en cuenta que la rivalidad entre ambos países no es meramente militar.  En ningún escenario las tropas de ambos países están combatiendo enfrentadas, pero en todos los países hay distintas facciones apoyadas por unos y por otros que luchan entre sí. Por poner un ejemplo, mientras Arabia Saudí apoya a los rebeldes a Asad en Siria, Irán ha apoyado al presidente desde el inicio del conflicto. Cada país usa sus propios medios. Arabia Saudí exhibe músculo financiero (gracias a sus reservas petrolíferas) y prefiere financiar o armar a los grupos rebeldes, mientras Irán opta por el despliegue de sus unidades de élite como la Guardia Revolucionaria en ayuda de las tropas sirias u opta por implicar a sus aliados regionales, como es el caso de la milicia chiita libanesa Hezbolá.

En cada país en guerra podemos ver la influencia de ambas potencias. En Irak el gobierno de Bagdad recibe ayuda desde Irán, ya que ambos gobiernos comparten la religión chiita (religión mayoritaria en Irak). Con la retirada estadounidense de Irak y el país dividido entre sunitas, chiitas y kurdos, el gobierno iraquí depende cada día más de Teherán, que aprovecha su influencia para hacerse fuerte en la región. Por su parte Arabia Saudí ha intentado desarrollar su músculo financiero para ganar peso en un país clave con el que comparte frontera, pero sin demasiado éxito.

En Yemen la situación es parecida. A consecuencia de su historia reciente, que mezcla separatismo, luchas tribales, disputas religiosas y extensión de Al Qaeda por su territorio, el país se sumió en el caos a partir de las Primaveras Árabes. Con el éxito de las milicias Huties, los saudíes vieron su patio trasero amenazado y dirigieron en 2015 una invasión del país, apoyado por otros países árabes, con la intención de expulsar a estas milicias de la capital y devolver el poder al presidente Hadi. Irán no se ha implicado mucho en el conflicto, más allá de enviar armas y dinero a estas milicias. El problema saudí es que ni tienen fuerza para controlar todo el país, ni son capaces de estabilizarlo. Pese a ser uno de los principales compradores de armas a nivel mundial, son incapaces de poner fin al conflicto yemení, lo que aumenta la inestabilidad en la zona.

Pese a lo que pueda parecer, esta rivalidad no es un enfrentamiento entre los chiitas iraníes y los sunitas saudíes. La religión no es un fin, sino un medio. Las minorías chiitas a las que apoya Irán son consideradas por sus clérigos como ramas heréticas del chiismo. El objetivo no es que triunfe el chiismo, sino que triunfe Irán y los intereses de este país en la región. Los saudíes, si bien son la cabeza del mundo suní (al albergar las ciudades santas de La Meca y Medina), no buscan contener a Irán porque luchen contra el chiismo, sino porque tratan de frenar las aspiraciones iraníes de convertirse en potencia regional hegemónica. La religión es un factor en la rivalidad, pero no es el único ni el más importante.

La lucha también debe ser entendida en términos internacionales. Mientras Arabia Saudí es el principal aliado regional de EEUU, Irán es su principal enemigo. Este último busca apoyarse en Rusia en conflictos clave como el de Siria, buscando así una alianza que contrarreste la influencia estadounidense en la región. No deja de ser irónico que EEUU apoye a Arabia Saudí, un país donde la monarquía sigue siendo el modelo político. El papel estadounidense estará marcado por la errática estrategia de Trump para la región. El acuerdo nuclear alcanzado entre Obama e Irán para acabar con el programa nuclear de este último, a cambio del levantamiento de sanciones y la posibilidad de incorporar de forma eficiente a Irán al sistema internacional, parece estar en peligro. Si efectivamente este acuerdo se convierte en papel mojado, la inestabilidad no hará más que aumentar en la región.

Tanto Arabia Saudí como Irán buscan un objetivo prioritario: conseguir la hegemonía regional. Tras el vacío de poder dejado en la región por la invasión estadounidense de Irak y las Primaveras Árabes, ambos países se han convertido en acérrimos rivales que buscan su propio poder o en el peor de los casos el debilitamiento del poder del contrario. Hoy por hoy no existe solución a ningún conflicto que no pase por alguna forma de acercamiento entre Arabia Saudí e Irán. El futuro de Oriente Medio está en manos de dos países que ni siquiera mantienen relaciones diplomáticas y que parecen poco dispuestos a entenderse en la región. Lo que está en juego entre ambos países no es ya la hegemonía, sino el futuro de todo Oriente Medio.

 

*Nadal, M. (2016). ‘¿Todos para uno y uno para todos? El Consejo de Cooperación del Golfo en su expansionismo por Oriente Próximo’. Enero 10, 2017, de El Orden Mundial en el Siglo XXI. Sitio web

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