Matisse y sus cosas

Por Sara Pérez (@sarap0va)

Londres en verano es para ir a ver una exposición de Matisse. Siempre he sido una gran fan del artista fauvista desde que lo conocí en los libros de texto de arte contemporáneo y gracias al amor que la profesora transmitía por el.

Yo también sentía amor por sus obras llenas de color, por sus pinceladas gordas y por haber roto todos los tabúes en el arte a principios del siglo XX. Fui a ver “Matisse en el estudio” y se me cayó un mito.

La exposición, que está disponible en el Royal Academy of Arts de Londres hasta el 12 de noviembre, muestra los objetos con los que el artista se inspiró para pintar sus cuadros y para esculpir sus esculturas. Al recorrer aquellas cinco salas llenas de tapices, cuadros, vasijas, incluso una máquina para hacer chocolate, me sentí como cuando fui por primera vez al British Museum: como si todo fuese robado y pertenecieran a otras personas u otras culturas.

Hago memoria, y veo que yo, aunque intente ser un fracaso como artista, también me adueño de pequeños detalles que conseguí en todos mis viajes. Tengo té inglés en una lata y arena de Marruecos en una caja, y es así como me siento un poco Matisse. 

Lo mejor es su silla de estudiar: conchas de plata, apoyabrazos con forma de delfín, que según la comisaria de la exhibición “era lo que más anhelaba el artista”. Como si fuese poco anhelo.

matisse en el estudio 2

Mattise en el estudio

La inspiración de Matisse era cara. Incluso compró una vaso único en Andalucía en 1911 y conservó  una máquina de hacer chocolate como regalo de bodas, que por aquel entonces no pudo ser muy barata.

Porcelanas chinas, biombos, teteras, sillas o máscaras africanas conforman su mundo. Los objetos no tenían por qué ser valiosos, si no despertar una emoción en el autor y detonar la explosión creativa como inspiración. Pero como decía un anuncio de la lotería “no hay sueño barato”.

Una de las galerías está dedicada a la colección de esculturas africanas, que le ofrecieron al artista fauvista una nueva perspectiva en el arte occidental para retratar la figura humana, principalmente el desnudo femenino.

A principios del siglo XX la representación del cuerpo estaba cambiando y Matisse se hizo eco de ello esculpiendo figuras lejos de ser realistas, como “Two woman”, creadas a partir de la revista francesa sexista ‘L’Humanité fémenine”.

Matisse en el estudio

Pinterest

Su cuadro “Marguerite”, que representa a su hija,  es una de las pocas obras de la exposición que no pertenecen al artista, ya que fue un cuadro que el francés le dio al pintor español Pablo Picasso en un intercambio de regalos.

Marruecos, Argelia y otros países del mundo árabe fueron la pasión de Matisse. La muestra recoge algunos artículos de la cultura y del arte islámico que Matisse pintó en muchos de sus cuadros y que siempre estuvieron presentes en su estudio.

China es sinónimo de exótico en cada una de sus obras. En la parte final de la exposición destacan los cuadros de simplificación del lenguaje y los signos, y especialmente un cuadro negro y dorado con caracteres chinos, que puede verse en algunas de las fotografías en las que él aparece retratado en su estudio. Con sus cosas.

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