Sin educación pública no hay paraíso

El pasado viernes, un grupo de alumnos se encerró en uno de los edificios del Ministerio de Educación, cultura y Deporte para pasar la noche como protesta para pedir al Gobierno central que “no ignore” al Consejo De Estudiantes Universitarios del Estado con vistas al Real Decreto sobre las becas previsto para finales de este mes de julio. Y es que la Universidad Pública, una de las instituciones más importantes de un país, cada vez se está viendo más afectada frente a los recortes del Estado y las cada vez más significativas trabas administrativas y requisitos para acceder a estos estudios superiores.

En los últimos años, los requisitos a cumplir para que un alumno opte a una beca que le proporcione educación universitaria y, por tanto, una posibilidad de futuro, se han recrudecido. A los requisitos de renta mínima y patrimonio se ha sumado el de una nota media que ya no solo supere el aprobado sino que roce, quizás, la excelencia dentro de un sistema que roza la mediocridad. Teniendo en cuenta que la cantidad de becas otorgadas cada vez es menor, muchos estudiantes se han visto obligados en los últimos años a alargar sus estudios (en el mejor de los casos) o incluso a abandonarlos ante la necesidad de tener que compaginarlos con un trabajo que les quita horas de estudio y dedicación.

Poniendo ejemplos, un alumno de primer año de estudios en el Grado de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, paga una media de 1500 euros de matrícula. Si los estudios son de, por ejemplo, Medicina, el importe de la matrícula ya asciende a los casi 1800. Si el alumno en cuestión aprueba su primer año de carrera completo, con una nota media que supera lo estipulado para la dotación de la beca el curso siguiente, todo estaría perfecto. El problema viene cuando este alumno y su familia no es capaz de soportar el coste económico del curso, sobre todo cuando tiene que desplazarse del lugar de residencia familiar para cursar estos estudios. Entonces el alumno se ve obligado a trabajar para poder costear el curso escolar, teniendo en cuenta, también, que pese a que la resolución de la beca sea favorable, no solo hay que pagar los créditos universitarios, sino también un lugar de residencia, manutención, etc. Y estos son gastos que no esperan a resoluciones de becas cuando el curso prácticamente está finalizado. De esta manera, horas de trabajo y el sistema educativo basado en una supuesta asistencia y dedicación total por parte del alumno a los estudios, dejan al alumno entre la espada y la pared, sacrificando en muchas ocasiones el poder ir a clase, hacer trabajos y estudiar para exámenes para pagar las facturas que conllevan el tener que hacerlo.

No hace falta remarcar que uno de los pilares base de una sociedad es la educación. Una educación pública y de calidad a la que todos los ciudadanos deberían tener derecho de forma libre. Ojo, derecho, no obligación. Elección, no imposición. Tampoco negación. Sin educación pública no hay paraíso. Sin paraíso, seguimos recortando libertades y derechos. Recortamos en ciudadanos formados y críticos. Por suerte, todavía quedan algunos con criterio y fuerzas para defender un derecho que es de todos. De momento, esos 20 alumnos encerrados en el edificio han conseguido que el Ministerio rectifique y el secretario general de Universidades se ha comprometido a crear una comisión mixta para revisar con los estudiantes y los rectores los umbrales de renta para el acceso a las ayudas. Queda por ver si cumplen su palabra. Y es que a veces la educación, precisamente, reside ahí.

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