Sobre culpa y la falta de ella

Por Mariana Rosas (@marianagiac) / México

Una persona que se siente culpable, se convierte en su propio verdugo.  – Séneca

El otro día, esperando a que me tiñeran el pelo en el salón de belleza, comencé a leer confesiones en Reddit, un foro de discusión sobre prácticamente cualquier tema. Había quienes admitían haber hecho cosas terribles, como engañar a sus parejas o ignorar a alguien en un momento de ayuda. “Lo peor es que no siento culpa al respecto”, remataban. Pasó una hora. Fue entonces que entre cientos -tal vez miles- de historias de desamor, violencia y actos terriblemente humanos, me encontré con una que me hizo reír y sentir mal al mismo tiempo. Un chico confesaba sentir una enorme culpa por haberse comido el yogurt de su papá cuando era un niño. En la publicación aclaraba que su familia no era pobre, su papá no se enojó por el inocente acto y de hecho, cuando se disculpó recientemente por eso, éste le dijo que lo olvidara porque no era importante. A pesar de ello el autor escribe que no puede evitarse tonto al respecto. Comencé a preguntarme, ¿cuál es la diferencia entre alguien que siente culpa y alguien que no? ¿Qué debe suceder para que un individuo no la sienta y otro se sienta ahogado por el peso de ella sobre sus pulmones?

Un par de día antes yo misma le confesé a alguien que suelo sentir culpa con bastante frecuencia por cosas que posiblemente no lo ameriten. “La culpa no sirve de nada”, me contestaron. Me puse a pensar si esto es cierto, por lo cual, para intentar contestar la pregunta, recurrí a lo mejor que uno puede: las historias.

Culpa – Macbeth de William Shakespeare

“Si con dar un solo golpe se atajaran las consecuencias y el éxito fuera seguro…, yo me lanzaría de cabeza desde el escollo de la duda al mar de una existencia nueva.”

Shakespeare escribió sus obras entre finales de 1500’s y principios de 1600’s, sin embargo, al leerlas no es difícil identificar rasgos de la sociedad actual en sus personajes. Deseo por poder, amor obsesivo, odio, celos, son algunas de las características de estos seres que trascienden a través de los siglos. Por más que el contexto histórico cambie, el hombre no lo hace.

En Macbeth una pareja poderosa es víctima de su ambición y hace hasta lo impensable con el fin de conseguir la corona de Escocia.

Cerca del fin de la obra, Lady Macbeth deambula en una noche de insomnio, viendo imborrables manchas de sangre en sus manos temblorosas. El trono que tanto deseaba es ahora carente de sentido. La culpa pinta de rojo su piel blanca y mantiene sus ojos abiertos durante largas madrugadas. Al terminar la obra es común plantearse hipótesis sobre cómo hubiera sido el final de los personajes si hubieran hecho las cosas de distintas maneras. O más bien, si no hubieran sentido culpa al respecto.

Sin culpa – El Extranjero de Albert Camus

“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.”

Considerada junto con La Náusea de Jean Paul Sartre una de las novelas más representativas de la filosofía existencialista, El Extranjero no deja indiferente a ningún lector, aunque el protagonista se sienta así la mayor parte de la obra.

La intensidad en el calor de Argelia, el mar, la brisa y el reflejo de la luz del sol en el agua hacen un perfecto contraste con el interior de Meursault, un hombre que parece no sentir absolutamente nada. Tras una mínima provocación, el argelino comete un importante crimen. Sin embargo, no muestra señales de arrepentimiento al respecto, o frustración, estrés y -mucho menos- culpa.

Con tan solo alrededor de 185 cuartillas, Camus logra plantear en la mente de todos sus lectores preguntas como ¿qué es lo que hace que algo sea realmente malo? Peor aún, ¿qué es lo que verdaderamente importa?

Ambas – Crimen y Castigo de Fyódor Dostoyevski

«No había que perder ni un segundo. Sacó el hacha de debajo del abrigo, la levantó con las dos manos y, sin violencia, con un movimiento casi maquinal, la dejó caer sobre la cabeza de la vieja.»

Desmayos, sudor, fiebres, delirios y días enteros en cama son algunos de los efectos en Raskolnikov tras cometer un terrible crimen; el brutal asesinato de una anciana prestamista. A lo largo de la novela es posible explorar a profundidad la mente del joven ciudadano de una Rusia imperial. Las descripciones de Dostoyevski son tan potentes que es posible despreciar a otros personajes como el lo hace, así como sentir lástima e incluso compasión.

¿Es Raskolnikov una mala persona? Sus crímenes dicen que sí, pero hay otros actos que dicen lo contrario. Tal vez sería más fácil de clasificar como “bueno” o “malo” si se supiera qué tanta (o qué tan poca) culpa siente al respecto de sus actos. Sin embargo, este término no es fácil de aplicar en el caso de dicho personaje. Si bien vive atormentado tras el recuerdo, nunca menciona estar arrepentido. Son entonces otras preguntas las que invaden al lector, ¿qué es lo que motiva a Raskolnikov a realizar el acto que le cambia la vida entera? ¿Es la genuina necesidad de dinero? ¿Es curiosidad, un deseo salvaje o simple nihilismo?

Nuevamente surge la pregunta, ¿es útil la culpa? Si bien no se puede tener una respuesta concreta, al plantear el caso de tres clásicos de la literatura, es posible llegar a una conclusión. La culpa, como cualquier otro sentimiento fuerte, es parte de la masa que moldea nuestras historias.

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Un comentario en “Sobre culpa y la falta de ella

  1. Reblogueó esto en IMAGINA QUE ESCRIBESy comentado:
    Además de agradable y fácil lectura, plantea cuestiones últimas importantes, no sólo sobre el tema de la culpa. Investiga en los motivos humanos de la acción, trata de averiguar por qué unos viven torturados por la culpa, a veces por hechos nimios, mientras otros parecen inmunes a la culpa ante sus crímenes.

    Me gusta

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