Cómo fue mi primera cata de vinos con la Bodega Barcolobo

Por Adriana Benito (@adriactriz)

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Increíbles vistas desde el Mirador de La Muela, en Castronuño (Valladolid). Foto: Adriana Benito (Instagram: @adriactriz11)

Todo comenzó el lunes pasado, cuando mi amiga Carmen me mandó un mensaje al móvil preguntándome si me apetecía ir a una cata de vinos en Valladolid al día siguiente. La verdad es que yo tenía cerrado un compromiso para el martes, pero la propuesta de pasar unas horas rodeada de naturaleza y buen vino me sedujo, así que acepté sin apenas dudarlo. Los periodistas nos solemos quejar a menudo de que hemos escogido una profesión ingrata y mal pagada, pero debemos admitir que nos da la posibilidad de conocer lugares, negocios y personas maravillosas, y la visita a la Bodega Barcolobo significaba precisamente eso.

Comenzamos la jornada haciendo una parada estratégica en el Mirador de la Muela, en Castronuño, donde el paisaje que conforman el Duero y la ribera del río parece que hubiera sido dibujado, casi tienes que pestañear un par de veces para cerciorarte de que no estás soñando. Después nos encaminamos hacia la finca La Rinconada y emprendimos un recorrido en coche en el que pudimos ver los viñedos y, escondidos entre los árboles de la propiedad, algún que otro ciervo.  Me sentía afortunada, al fin y al cabo mis pies estaban pisando un terreno que forma parte de la Reserva Natural Riberas de Castronuño- Vega del Duero, el único espacio protegido de Valladolid.

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Los viñedos ocupan 20 hectáreas. Foto: Cortesía de Barcolobo

Antes de adentrarnos en la bodega hicimos una primera cata al aire libre, en un entorno donde no se oía ni un solo vehículo y donde la tierra y los árboles eran los protagonistas, algo a lo que los madrileños no estamos acostumbrados precisamente. Los primeros vinos que probamos fueron el blanco y el rosado (mis preferidos), y me dejaron impresionada. El blanco es un verdejo fermentado en barrica de roble francés y lo que me llamó la atención de este vino es que poseía una nota cítrica al final, por lo que desde Barcolobo nos recomiendan maridarlo con mariscos o carnes suaves. Por otra parte, el rosado es un tempranillo fermentado a baja temperatura, y de este vino quiero destacar que goza de un color muy original (es un rosa muy vivo) y que su sabor sorprende por su fuerte personalidad. Como seguro que os imagináis, armoniza con pastas, ensaladas y aperitivos.

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Estos son los vinos que trabaja Barcolobo, de izquierda a derecha: La Rinconada (tempranillo), Barcolobo (12 meses de crianza), El Jaral (producción limitada), Barcolobo Verdejo y Barcolobo Lacrimae Rerum (vino rosado). Foto: Cortesía de Barcolobo

Tras esta toma de contacto nos dirigimos por fin hacia la bodega, cuya historia se remonta a 2001, cuando los propietarios quisieron recuperar la tradición vitivinícola y rehabilitaron este antiguo almacén de grano. Lo que más admiro de la filosofía de Barcolobo es el máximo respeto que muestran por la uva en todo el proceso de elaboración. No en vano, la recolección de las mismas se realiza de manera manual para evitar su rotura. La extensión de los viñedos ocupa 20 hectáreas y trabajan con las variedades de uva tempranillo, syrah y cabernet sauvignon en suelos arenosos y pedregosos.

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Esta es la bodega, antiguo almacén de grano. Foto: Cortesía de Barcolobo

Retomo mi relato. A pesar de que el vino me encanta y quienes me conocen saben que no miento, lo cierto es que no cuento con conocimientos teóricos sobre la materia. Por ello, el día que fui a la bodega Barcolobo me sentía emocionada y con infinitas ganas de aprender. La primera cosa que no sabía es que en el interior de una bodega la temperatura fuera tan baja. Sin embargo, la vida es tan irónica que a pesar de mi ignorancia fui la única persona de todo el grupo que no pasó frío, y es que mi garganta no me deja ir sin una chaquetita en la mano incluso en verano, qué se le va a hacer. Ramiro Carbajo, el enólogo, nos desveló con verdadera pasión todos los secretos de Barcolobo, y qué gusto da oír hablar a alguien con tanta vivacidad y amor de su labor con el vino.

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Estas son las barricas. Foto: Cortesía de Barcolobo

En la bodega, y entre explicación y explicación, empezamos a catar un vino detrás de otro. El tinto que más me gustó fue Barcolobo El Jaral, elaborado con las variedades cabernet sauvignon, syrah y tempranillo, y envejecido durante 18 meses en barrica nueva de roble francés (ahora es cuando pensáis que tengo el paladar fino, lo sé). En mi opinión su sabor es elegante y además es persistente. Va genial con asados castellanos y carnes rojas a la parrilla. Antes de continuar, un inciso para que os riáis un poco. Otro de los datos que no manejaba es que en las catas de vinos hay escupideras, algo lógico y normal para que la gente no salga de ellas más animado de lo socialmente admisible. Para empezar, al principio no identifiqué el utensilio como tal, puesto que tenía forma de cubo y era negro, una monada. Cuando vi que algunas personas se lanzaban a utilizarla lo hice yo también, que para variar estaba tomando antibiótico una vez más.

Sigamos. Otro de los vinos que caté fue el bautizado como Barcolobo, un tinto elaborado con las tres variedades de uva que he mencionado antes.  Tiene 12 meses de crianza en barrica francesa y otros 12 en botella antes de salir a la venta. Cabe destacar que la añada 2013 ha sido galardonada con la medalla de oro en el Concours Mondial de Bruxelles 2017. Su color, rojo picota, está bañado con cierto matiz azulado y en nariz es frutal. Además, en la bodega elaboran un tempranillo que han llamado Barcolobo La Rinconada, con un equilibrio entre fruta y madera y de final largo. Este tinto, por ejemplo, armoniza con embutidos y quesos semicurados.

Por último, en La Rinconada nos invitaron a una comida fabulosa donde no faltaron embutidos, salmorejo fresquito, chuletillas de cordero y tarta de chocolate, todo ello regado con vinos Barcolobo, yo me decanté por el verdejo. Ramiro, el enólogo, nos reveló cómo preparar un vin-tonic (gin-tonic con un toque de vino), y es precioso ver cómo el vino tinto se derrama en forma de lágrimas y va tiñendo toda la copa de balón. Si queréis saber más sobre la bodega, os invito a visitar la página web de Barcolobo y, por supuesto, a probar sus vinos.

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El vin-tonic, una idea de Ramiro Carbajo. Foto: Adriana Benito (Instagram: @adriactriz11)

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