El lobo feroz de la hipersexualización

Publicaba el Huffington Post esta semana un blog sobre la hipersexualización de las niñas en una guardería. A grandes rasgos, la historia ponía de manifiesto la queja de unos padres ante la preparación de una fiesta de despedida en una guardería, en la que las niñas debían ir vestidas con shorts y tops rosa “tipo zumba” que les tapasen “las tetillas” y “con el ombligo al aire” porque, según la educadora “así están muy graciosas”. La vestimenta de los niños sería de negro y con camiseta de tirantes. Ante esta queja de los padres que no querían permitir que su hija se viese en esa tesitura, los demás padres les tacharon de exagerados.

Lamentablemente, no es un caso aislado. Y mucho menos, un tema que se quede en ciertos ámbitos. En 2011 veía la luz un polémico reportaje de la revista Vogue en Francia donde niñas posaban vestidas y maquilladas como adultas. Conocidos son también todos esos concursos de belleza infantiles que ponen en el punto de mira el aspecto de niñas que no deberían estar pensando precisamente en eso. Sin embargo, este tipo de publicaciones, concursos y actitudes que la sociedad normaliza, no hace más que contribuir a una temprana hipersexualización de la mujer. Además, por supuesto, de arrancarles la infancia de cuajo.

Para estas niñas, estar guapa es lo primero. Recibir la aprobación de los demás por encima de todo. Probablemente todas ellas empiecen a escuchar desde muy pequeñas eso de “qué guapa estás”, “compórtate como una señorita”, “vas a ser una mujer preciosa” mientras las enseñan a arreglarse y agradar. “Quién será el tipo con suerte que te coja”. Como si eso fuese lo único y verdaderamente importante que van a hacer en sus vidas. Su único futuro.

Para estas niñas no solo su infancia está acabada. El resto de sus vidas girará en torno a esas enseñanzas. Se frustrarán cuando no agraden, cuando llegue la adolescencia y se salgan de los cánones estéticos que marcan. Porque no ser canónicas está mal. Muy mal. Es decepcionante. Con el lobo feroz de la hipersexualización a las espaldas estas niñas están abocadas a sentirse intrínsecamente desbocadas en una sociedad que las va a rechazar continuamente. Por rubia. Por morena. Por alta. Por baja. Por tener curvas o pezones pequeños.

Y al otro lado de esa sociedad, la otra mitad, se situarán los niños a los que les enseñan a ver esta hipersexualización como normal. A los que se les permite verla impunemente y estar cómodos en ella. Se les permite ver un objeto y no un igual. Y luego nos llevaremos las manos a la cabeza por la desigualdad, por la violencia de género, por la falta de respeto por los otros. Diremos que no hace falta el feminismo y que exageramos.

La reacción de esos padres no es una exageración. Su hija, como cualquier persona, no es un objeto de exhibición que tenga que alimentarse con alabanzas continuas hacia su físico. No son modelos. No tienen que ser sexys ni graciosas. Son niñas. No tienen que ser machos que le suban las faldas y les intenten robar besos. Son niños. Si no se puede evidenciar ese simple hecho es que algo estamos haciendo mal en el camino hacia la igualdad de género. Difícilmente se puede huir del lobo feroz si sigue escondiéndose entre la normalidad. Quizá no estemos soplando en la dirección correcta.

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