Juan Villoro, la calidez entre páginas

Por Mariana Rosas (@marianagiac)

“Pasé la primera parte de mi vida tratando de despertarme y la segunda tratando de dormirme. Me pregunto si habrá una tercera parte”.

Con estas palabras inicia “Arrecife”, una de las más recientes novelas de Juan Villoro, escritor mexicano caracterizado por su camaleónica trayectoria en la literatura, ya que ha brincado de la novela a la crónica pasando por el cuento, el ensayo, el teatro y hasta el cine. Sin embargo, aún siendo impredecible, en sus líneas es posible encontrar algo familiar que hace sentir al lector como si conociera al autor de toda la vida. Bien lo dijo Holden Caulfield en El guardián entre el centeno, “los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras” .

La primera vez que leí a Juan Villoro fue a los 9 años. En México, la Secretaría de Educación Pública nos regaló a todos los estudiantes de primaria una copia de El Libro Salvaje. Recuerdo todos los días esperar con ansias llegar a casa, comer y correr a casa de mi abuela a que me leyera en voz alta el capítulo que tocaría ese día mientras yo comía galletas. Cuando terminamos de leerlo notó lo mucho que me había conmovido y me sugirió mandarle un correo al autor, idea que, por timidez, descarté de inmediato. No sabía que casi diez años después me encontraría a Juan Villoro -ahora mi escritor favorito- en el cine y me acercaría temblando para decirle “disculpe…es que de verdad no tiene idea de cuánto lo admiro”.

Villoro escribe sobre las cosas que le apasionan, desde el fútbol mexicano hasta el rock. Sin embargo, dentro de sus textos también se exploran los temas más fascinantes para el ser humano desde que éste existe, como son la muerte y los amores prohibidos.

Elegir 10 frases que definan a Juan Villoro como escritor es imposible, siendo dueño de tantas caras y facetas. Sin embargo, presento algunas de las frases imposibles de no subrayar.

  1. “Vivió en Florencia, La Haya, Lovaina y París (más en centros de estudio que en ciudades), con una sola constancia: estaba ahí sin ella” (El testigo)
  2. “Cuando ya no me quieras voy a rentar una ambulancia para pasar frente a tu casa y arruinarte tus encuentros con las golfas que vendrán después de mí” (Llamadas de Ámsterdam)
  3. “La literatura suele prefigurar enfermedades que no han sido diagnosticadas y cataclismos que no han sucedido, o no lo han hecho de ese modo” (8.8: Miedo en el espejo)
  4. “Los niños están en contacto permanente con sus rodillas. Conocen sus costras, sus raspaduras, sus cambiantes moretones. Crecer es olvidarse de las rodillas” (Arrecife)
  5. “Para que no vieran que había llorado, mi madre usaba lentes oscuros. Parecía alguien de la mafia. Sobre todo cuando llevaba un cigarro en la boca y una pañoleta en la cabeza. Pero se veía bien. Las mujeres mafiosas pueden ser guapas” (El libro salvaje)
  6. “Nuestro grito de guerra, ‘¡Sí se puede!’, es un recordatorio de que los nuestros casi nunca han podido” (Balón dividido)
  7. “He ordenado una biblioteca a lo largo de mi vida y los libros han desordenado mi vida” (Conferencia sobre la lluvia)
  8. “Un mexicano adicto al futbol es, entre otras cosas, un masoquista que colecciona agravios, jueves de dolor para los que no hay domingos de resurrección” (Dios es redondo)
  9. “No entendía las canciones en inglés pero se las imaginaba” (Tiempo transcurrido)
  10. “Se había convertido en un hombre que come queso mientras su esposa habla de su terrible preocupación por otro hombre” (El testigo)

En el México actual, la opinión de Juan Villoro es requerida para cualquier materia. No es raro encender la televisión y encontrarle hablando en un canal de deportes sobre el último partido de la selección nacional o bien, en un canal cultural rindiéndole homenaje a otro escritor. Cuando algo sacude al país, una de las reacciones iniciales de los medios es preguntarle a Juan Villoro qué es lo dirá al respecto. Puede ser porque todos lo vemos así; como alguien que nos comprende. El amigo de quien Holden Caulfield habló.

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