Vietnam en el cine

Por Juan Martínez Rodríguez (@juan_nauj11)

El cine es uno de los grandes creadores de imaginario colectivo que existen en el mundo. Las películas han dejado de narrar la realidad para convertirse en la realidad, en la verdad asumida por millones de personas en todo el mundo. Esto es especialmente cierto en lo tocante a la guerra de Vietnam, conflicto que provocó una conmoción nunca antes vista en los Estados Unidos: David venciendo a Goliat. La idea que tenemos de este conflicto se nutre de una serie de películas que han visto millones de personas o de las que hemos oído hablar: Forrest Gump, La chaqueta metálica o Rambo nos presentan la imagen de un conflicto perdido en el que la moralidad del país se pone en entredicho.

Esta visión rompe con la idealización de las guerras de Estados Unidos en el cine, desde la Guerra de la Independencia, hasta la Guerra de Corea. Especialmente significativo es el caso de la Segunda Guerra Mundial. Este conflicto adquiere el tono de cine épico, donde los héroes aliados salvan al mundo de la barbarie del totalitarismo y las dictaduras que atentan contra la libertad, sin cuestionarse la brutalidad del conflicto ni reflexionar sobre las consecuencias de los bombardeos aliados a ciudades como Dresde o el lanzamiento de bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki. El cine de Vietnam representa todo lo contrario, una derrota no solo militar sino también moral de los Estados Unidos que refleja la locura individual y colectiva del conflicto.

El cine no siempre trató mal el conflicto de Vietnam. Durante los primeros años de guerra Hollywood mantuvo un silencio cómplice sobre el conflicto, roto únicamente para producir películas de apoyo a la guerra como Los Boinas Verdes (1968). El encargado de dar una visión real de lo que estaba pasando fue el cine documental independiente. Abanderado por famosos pacifistas y defensores de los derechos humanos, se produjeron un gran número de películas que denunciaban el conflicto. Una de las más famosas fue In the Year of the Pig (1968), que mediante imágenes de archivo denunciaba la realidad de la guerra, lo que le acabó valiendo una nominación a los premios de la Academia del cine de Estados Unidos. En comparación con estos documentales, el cine de Hollywood ha dado una versión descafeinada del conflicto.

Desde Vietnam el ejército estadounidense ya no es representado como el adalid de las libertades del mundo, el defensor de las “guerras justas”. Por el contrario se empieza a desmitificar la guerra, con la desaparición de los héroes sustituidos por los reclutas imberbes. En palabras de Jaimie Russel “Ya no hay héroes, solo idiotas y carne de cañón… No hay lugar aquí para el honor, el heroísmo o el auto sacrificio”. A partir de Vietnam el cine de Hollywood ha reescrito el conflicto bajo posturas que van de las desaprobación a la repugnancia, centrados en mostrar las consecuencias de la guerra para Estados Unidos desde una posición endogámica y desencantada.

Las repercusiones de la guerra en la sociedad estadounidense ha sido uno de los temas fundamentales de este cine. Muchas de esas películas se  centran en los soldados veteranos que volvían de Vietnam, presentándolos como alienados y rechazados. Hay cintas muy famosas, como Taxi driver (1976) que refleja la enajenación del protagonista, o Forrest Gump (1994), que presenta al teniente Dan Taylor, veterano de Vietnam y herido de guerra, completamente marginado de la sociedad y viviendo a costa de los cheques del estado. El cazador (1978) consiguió el Oscar a la mejor película a través de la historia de tres jóvenes que vuelven de la guerra traumatizados, presentando a Vietnam como culpable de la crisis de identidad de una generación de estadounidenses. Nacido el 4 de julio (1989) vuelve a incidir en los veteranos, que tras volver de la guerra, mutilados y condecorados, encuentran una sociedad que les rechaza, a lo que se une la perdida de los valores y los referentes de una generación que fue considerada por muchos como “perdida”.

Otra temática clave son las películas bélicas, que expresan mayoritariamente el desencanto de Vietnam y la desaparición de la figura del héroe clásico. Una de las primeras de este estilo es Boinas verdes (1968) que defendía la guerra y mostraba una visión paternalista, como en la última escena en la que el protagonista rescata a un huérfano y se lo lleva a los Estados Unidos, lo que provocó que el protagonista y codirector, John Wayne, fuese tachado de fascista por la izquierda estadounidense. Elia Kazán refleja la brutalidad y la violencia de la guerra narrando la masacre de My Lai en la película Los visitantes (1972) en la que un joven combatiente enajenado aboga por la violencia como último recurso y propósito de la guerra de Vietnam.

En la época de Reagan llegó una nueva temática fílmica, basada en posturas conservadoras, como la serie de películas Rambo protagonizadas por Sylvester Stallone o la saga Desaparecido en combate en las que aparece Chuck Norris. Se realizaron varias cintas que intentaban ensalzar la figura del héroe estadounidense que da su vida en Vietnam especialmente con las películas Más allá del valor (1983), La colina de la hamburguesa (1987) o Cabeza de pelotón (1988). Estas tuvieron su contestación con dos títulos especialmente significativos, Platoon (1986) de Oliver Stone y La chaqueta metálica (1987) de Stanley Kubrick. El primero narra las experiencias del propio director en la Guerra de Vietnam, con escenas muy duras que suponen una defensa del anti-belicismo, haciéndose con cuatro premios de la Academia de Hollywood. La chaqueta metálica narra la despersonalización de los reclutas y la bestialidad del Ser Humano, convirtiéndose en un canto al pesimismo radical sobre la condición humana.

La mejor y más famosa película sobre Vietnam es Apocalypse Now (1979) dirigida por Francis Ford Coppola y galardonada con la Palma de Oro del festival de Cannes. Inspirada en la novela de Joseph Conrad “El corazón de las   tinieblas” y en “El hombre hueco” de T.S. Eliot. La película reflexiona acerca de la condición humana y del conflicto de Vietnam. El  énfasis no está puesto sobre las imágenes, aunque algunas de ellas sean impresionantes, sino sobre el interior de los personajes, que reflejan la bajeza moral y las miserias de los seres humanos. Es clave la figura del coronel Kurtz, que enajenado, se dedica a cometer las mayores atrocidades en una aldea casi olvidada hasta que llega el capitán Willard, enviado para acabar con el coronel por el mismo gobierno que creo a Kurtz. Lo que la convierte en la mejor película sobre Vietnam es su intencionada ambigüedad crítica, que sirve de manera efectiva como una de los mayores cantos anti-belicistas de la historia del cine.

 

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