‘Me llamo Adou’, la historia del niño en la maleta

Nicolás Castellano y Alí Ouattara.

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

La migración es uno de los principales problemas de la sociedad a nivel mundial. Prueba de ello son los desplazamientos que realizan cientos de miles de personas huyendo de la guerra, el hambre, o la miseria, en busca de una vida mejor al otro lado de una frontera que les resulta a efectos legales, prácticamente infranqueable y por lo que ponen en riesgo sus vidas y las de sus seres queridos.

Sobre esto precisamente habla Me llamo Adou, un libro en el que Nicolás Castellano ha querido plasmar la historia de Adou, aquel niño que en 2015 encontraron en una maleta en la aduana de Ceuta. Adou, natural de Costa de Marfil, quería reunirse con su familia en España. Su padre, Alí Ouattara, ya llevaba una década viviendo en Fuerteventura y reunía todos los requisitos necesarios para la llamada reunificación familiar, que permite a los inmigrantes reunir a sus familiares más cercanos. Un par de años antes de aquel mayo de 2015, Lucie, la madre de Adou y esposa de Alí, había conseguido llegar a España por vías legales. Ese mismo 2015 lo había hecho una de sus hijas, Mariam. Ante la dificultad de que el hijo mayor, Michael, ya mayor de edad, pudiese reunirse con ellos, ya sólo faltaba en la reunificación familiar el pequeño Adou, de ocho años.

Esta historia, tal como contó Carles Francino en la presentación del libro, que se constituye como un reportaje largo, tiene un doble interés. Por un lado, “cuenta una historia que nos interpela a todos” y por otro pone de relieve esa máxima sobre el oficio que todos deberíamos seguir: Periodismo es contar a la gente cosas que le ocurren a otra gente.

De esta manera, en las menos de 200 páginas, Castellano cuenta la odisea de Adou y, sobre todo, la de su familia, la de su padre, que arriesgó su vida y su libertad por el simple hecho de querer ver a su familia feliz y segura. En sus páginas ahonda en las circunstancias en que estas personas se encuentran en la planificación de un viaje hacia una Europa que ven como su única salvación y, sobre todo, en una de las mayores fronteras que se les pone desde este lado de la frontera: las trabas burocráticas,en muchas ocasiones sin sentido y con interpretaciones que distan bastante de beneficiar a quienes lo necesitan.

Al lado de estas trabas burocráticas se encuentra otro de los problemas fundamentales frente a la inmunización de la sociedad frente a casos como el de Adou. En el caso del niño marfileño, su imagen impactante metido en una maleta en el puesto fronterizo de Tarajal, en Ceuta, en mayo de 2015, dio la vuelta al mundo en cuestión de horas. ¿Y después? Después el olvido, como en tantos otros casos. Castellano busca, de esta manera, romper de alguna forma la frustración de quien cuenta esta historia, y por supuesto de quien la vive. “Las historias no acaban cuando dejan de aparecer en los titulares”, sentencia.

Denunciaba el periodista de la cadena SER en la presentación del libro que “nuestro oficio de periodistas tiene mucha responsabilidad” en temas como este, y que pese a que nunca se ha dado tanta información sobre está pasando, hay una pregunta que continúa latente. ¿Queremos saber más? A ello añade la crítica del tipo de mensaje que se envía a cerca de estas informaciones. Se trata de un mensaje “fast food”, imágenes e informaciones impactantes que apenas sobrepasa los 50 segundos de reportaje radiofónico, una pieza de telediario o poco más que un par de páginas en algún diario generalista. Y por esta información, “todo el mundo cree saber de inmigración como de fútbol”, dice.

“Pero son sujetos de derecho, tienen los mismos derechos que todos”, argumenta. Es por eso que asegura que escribió la historia de la familia Ouattara, un poco “desde el cabreo, pero también desde la esperanza” de que una historia que cuyo final ni tan siquiera está cerca, vuelva a la palestra. “No me da pena, me genera admiración”, afirma Castellano. Y es que en la mayoría de los casos, quienes se enfrentan a esta travesía que poco tiene de agradable por intentar alcanzar una vida mejor, nos demuestran que en la sociedad envejecida, aletargada y conformista en la que vivimos, todavía queda algo de esperanza. Como dice Luis García Montero en el prólogo del libro, “dentro del ser humano viaja el olvido. Y viajan también el deseo de sobrevivir, la capacidad de imaginar un mundo mejor, la solidaridad del que ama, la cólera del dogmático y la conciencia turbia de quien coloca un explosivo”.

La historia debe conocerse para entenderse. Y, sobre todo, para no olvidarse. Me llamo Adou puede ser una excelente contribución a esta idea, una lectura que ayude a la gente a ponerse en el lugar del otro y a no permitir que historias como esta vuelvan a suceder.

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