Referéndum en Turquía ¿Parlamentarismo o presidencialismo?

Por Ana Rodríguez (AnaRodriguez_24) y Juan Martínez Rodríguez (@juan_nauj11) //  El pasado mes de julio fracasó el que se hubiera convertido en el quinto golpe de Estado en Turquía en menos de un siglo.  Este Estado cuyo contexto es muy complejo – entre otras variables, por su posición geográfica- está preparándose para la celebración de un referéndum que podría cambiar drásticamente el sistema político del país.  Éste tendrá lugar el próximo día 16 de abril y en él la población turca decidirá si aprueban o no la reforma constitucional que transformará el actual sistema parlamentario en un régimen presidencialista.

En el caso de que gane el SÍ, en la próxima legislatura desaparecerá el puesto de primer ministro y la jefatura de Estado pertenecerá al Gobierno que en estos momentos está presidido por Recep Tayyip Erdogan. En 1994, Erdogan se convirtió en el alcalde de Estambul. No obstante, su llegada “oficial” al poder fue en 2002, un año después de la formación del Partido de la Justicia y el Desarrollo conocido como AKP. Pasó 11 años como primer ministro de Turquía antes de convertirse en el primer Presidente elegido por voto directo en agosto de 2014, convirtiéndose así en el político turco con más poder de la última década y media.

Su partido – el AKP- lleva desde el año 2002 ganando los comicios celebrados en el país. Esta formación tiene mayoría en el Parlamento y controla gracias a las últimas elecciones municipales la mayoría de las localidades del país. La formación se ha erigido en la fuerza dominante de Turquía en los últimos años, algo que no parece que vaya a cambiar ante la desunión de la oposición y sus continuos éxitos electorales.

En estos momentos  y tras el golpe de estado sufrido el pasado verano, Turquía se encuentra inmersa en un ambiente de intranquilidad, crispación y una profunda polarización. El golpe de Estado que se produjo el 15 de julio de 2016 estaba liderado por el Ejército, bastión de la laicidad en el país. En la actualidad, sigue sin estar claro quiénes fueron los organizadores de este pronunciamiento. Esto no ha sido un contratiempo para Erdogan, sino que ha servido como excusa para purgar aquellos sectores opuestos a las políticas del Presidente. De esta manera miles de personas han sido encarceladas, mientras otras tantas han sido expulsadas de sus puestos de trabajo.

Fethullah Gülen antiguo amigo de Erdogan y líder del importante movimiento Hizmet (con gran poder dentro del país, comparable al que ejerce el Opus Dei en los países cristianos) ha sido acusado de estar detrás del golpe de estado. Esto ha llevado a que miles de sus partidarios hayan sido expulsados de la Administración; una medida basada en sospechas y no en pruebas que solo ha servido para aumentar el poder del propio Erdogan. En este contexto político  ¿qué significa el referéndum en Turquía?

En los últimos meses el AKP ha estado preparando una amplia reforma de la Constitución que contempla varios cambios en el régimen político turco. La Comisión de Venecia, órgano asesor del Consejo de Europa para cuestiones constitucionales, ha emitido el 13 de marzo un dictamen que evalúa en profundidad el significado de esta enmienda. El cambio más importante es la creación de un sistema presidencialista que anularía por completo el modelo parlamentario desarrollado con la Constitución de 1982.

Son muchas las características del régimen propuesto que suscitan especial preocupación. Un ejemplo es que el nuevo Presidente ejercería el poder ejecutivo  sin ningún tipo de supervisión; lo que le autorizaría como se ha mencionado anteriormente  a nombrar y destituir ministros. Por otro lado el Presidente estaría facultado para elegir uno o más vicepresidentes; si ningún tipo de legitimidad democrática y sin la aprobación del Parlamento.

En tercer lugar, se permitiría al Presidente ser miembro e incluso el líder de su partido político, lo que le permitiría ejercer cierta influencia sobre la legislatura. Al poder simultanear el cargo con la presidencia de un partido, su influencia en el Parlamento sería muy importante. Dado que el sistema se pensó para un régimen parlamentarista, el cambio hacia uno presidencial no garantiza el necesario contrapeso entre los tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial. Todo ello puede llevar a la omnipresencia del presidente en el nuevo sistema político.

Además si gana el SI se introduciría el llamado principio de sincronización por el cual las elecciones presidenciales y parlamentarias se tendrían que celebrar al mismo tiempo. El hecho de que se introduzca este principio puede suponer para el partido ganador el control de la Presidencia y el Parlamento. También se le atribuiría al Presidente la facultad de disolver el Parlamento por cualquier motivo. Asimismo el líder del Ejecutivo tendría la oportunidad de obtener un tercer mandato, en el caso de que el Parlamento decida renovar las elecciones durante su segundo mandato. Si el Presidente decide declarar el Estado de emergencia, tendrá la potestad de emitir decretos presidenciales sin ninguna limitación durante este período, algo que no ocurre en otros países del continente europeo. Entre otras medidas, las enmiendas también contemplan el aumentar el número de parlamentarios de 550 a 600 y disminuir la edad límite para convertirse en uno de ellos de 25 a 18.

La Junta de Jueces y Fiscales,un órgano independiente hasta ahora en Turquía, pasaría a designar parte de sus miembros por nombramiento del Presidente y del Parlamento. Esto reduce la libertad del poder judicial y permite que el partido que domine el Parlamento y la Presidencia tenga un poder determinante sobre la judicatura del país. La nueva reforma daría en caso de ser aprobada amplios poderes al presidente en materia de seguridad y en el control de las fuerzas armadas (un cuerpo de gran importancia en Turquía, baluarte del laicismo).

La tensión en Turquía se palpa entre la población que en estos momentos se divide  entre el Evet (SÍ) y el Hayir (NO).  Por un lado los islamistas del  Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), en el poder desde 2002, defienden la necesidad del nuevo sistema apoyados por el Partido de Acción Nacionalista (MHP). Mientras que el “NO” tiene el respaldo de los socialdemócratas del Partido Republicano del Pueblo (CHP) y de la izquierda prokurda del Partido de la Democracia de los Pueblos (HDP), partido que en estos momentos tiene a algunos de sus líderes y diputados encarcelados en espera de juicio. Los sondeos más recientes arrojan una gran igualdad entre las dos opciones, con una ligera ventaja del “NO” al proyecto del presidente.

La oposición ha denunciado su incapacidad para realizar una campaña equiparable a la del presidente Erdogan, que cuenta con el apoyo de muchos medios de comunicación. Las redes sociales y algunos medios (aquellos que no han sido cerrados por el gobierno o cuyos periodistas siguen en libertad) son lo único que tienen para defender su oposición a la reforma. La persistencia del estado de emergencia – en vigor desde el intento de golpe de estado-  no debe limitar la necesaria libertad de expresión ni servir como excusa para coartarla. Pero es precisamente esto lo que hace el presidente Erdogan: primar sus posiciones a favor y obviar las posturas en contra, impidiendo el debate nacional.

Si el SI gana Erdogan podrá concentrar en su mano a partir de 2019 y durante 10 años como máximo, una gran cantidad de poder. Éste es el mayor miedo de la oposición que considera que el país no está preparado para convertirse en un régimen presidencialista. Un referéndum polémico y que marcará decisivamente el futuro del AKP y de la política turca.

 

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