El poder de Moscú en Asia Central

Por Sara Pérez (@sarap0va)

Bloque I : La recontrución del espacio post-soviético en Asia Central

Han pasado 27 años de la caída de la UR.SS, pero Moscú todavía mira de reojo a Asia Central, el Cáucaso y Europa del Este.  Es indudable que el mundo tiende a la creación de bloques, por la afinidad política y económica entre países favorecido por la globalización y los movimientos transnacionales.  Esta unión también se ha dado en Asia Central, pero con una salvedad: se ha realizado bajo la supervisión del Kremlin.

Desde la caída de la Unión Soviética, los estados que surgieron en Asia Central vieron redefinida su realidad nacional. Sin embargo, todo proceso de regionalización que se ha realizado en los países ex-soviéticos aparentemente independientes, despertó enorme interés en Rusia por motivos geoestratégicos y económicos.

Rusia siempre ha querido ser más de lo que abarcan sus fronteras. Los rusos todavía tienen que superar la devastación del Imperio y el posterior fracaso de la URSS, lo que les lleva a exaltar las raíces no occidentales en los territorios que considera dentro de su área de influencia y que abarca un arco desde los Balcanes hasta Filipinas.

Los diez años siguientes a la caída de la UR. SS, Moscú no fue capaz de liderar un proyecto regional que fuese atractivo. En cambio, a partir de la década de los 2000, Vladimir Putin eliminó las divisiones internas en el partido y su fortalecimiento facilitó la influencia del país a nivel internacional reflejada en los BRIC’S y el crecimiento económico.

Tras comprobar las grietas de la Comunidad de Estados Independientes, Rusia empezó a montar las piezas para crear un nuevo proceso de integración, que finalmente derivó en la Unión Económica Euroasiática (UEE) en 2015. Moscú quería estar presente en el nuevo panorama de Asia Central para equilibrar la balanza de poder frente a Washington, Pekín y Bruselas, y para reivindicar un reconocimiento identitario tras varios años de parón en la actividad internacional.

La Unión Económica Euroasiática, que aspira a ser algo parecido a la Unión Europea, ha establecido reglas sobre mercado interno, unión aduanera y los criterios de liberalización económica. Aun así, Moscú no ha conseguido atraer a países como Uzbekistán, Tayikistán o incluso la pro-rusa Moldavia o Ucrania. Tampoco ha ofrecido alternativas internas a los perdedores de la UEE, como Kazajistán donde la armonización económica ha sido en detrimento de su propia economía después de verse afectadas las relaciones comerciales entre Pekín y Astaná.

A pesar de que Rusia es actor principal en Asia Central, todavía tiene un proyecto limitado en una zona interesante para otras potencias. En este sentido, China, que ha promocionado en la región su segunda ruta de la seda, es vista como una intrusa. Al igual que la Unión Europea tampoco es bien recibida por Moscú en el Cáucaso o en los Balcanes.

Asia Central no ha logrado reestructurar la economía ni consolidar la cultura democrática. Además, sigue siendo una zona proclive a conflictos transfronterizos como en Uzbekistán y Turkmenistán. Esta debilidad institucional se debe a la mafia de los poderes económicos y políticos que se asentaron tras el desmantelamiento de las estructuras soviéticas sin llegar adecuar el sistema a la economía de mercado.

Las elecciones son el reflejo de un sistema profundamente corrupto. Por ejemplo, en el año 2011 en Kazajistán, Nazarbáyev fue reelegido por un 95,5 % de los sufragios emitidos. Un año más tarde en Turkmekistán, Berdymukhammedov obtuvo el 97% de los votos.

Los conflictos por los caprichos transfronterizos y la inestabilidad política no son los únicos en la zona. Tras la amenaza chechena superada, el terrorismo de corte islamista es el nuevo protagonista, fruto de la atomización de células yihadistas. La población musulmana vive en condiciones precarias económicamente y con fuerte arraigo identitario, lo que favorece la radicalización y dispersión por la globalización y el progreso de la tecnología.

Para el Kremlin, el control de la UEE es un avance, aunque insuficiente para las necesidades comerciales y económicas a las que aspira en un futuro donde no quiere competencia. La crisis política, las sanciones por parte de la Unión Europea, la caída del precio del petróleo y el cuestionamiento internacional hace que Rusia todavía tenga grandes retos que afrontar en Asia Central. El tiempo que emplee intentando arreglar problemas internos, es tiempo que no dedica en la región y donde China aprovechará para ir avanzando silenciosamente ante las distracciones de sus competidores.

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