Daños colaterales injustificados

Foto: Playground

El pasado 17 de marzo, alrededor de 200 civiles fueron asesinados tras un bombardeo en la ciudad de Mosul (Irak), causado por un error del ejército estadounidense, según el cual su objetivo primordial era acabar con miembros del Daesh. Según el comisario de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Husein, en el primer mes desde el inicio de la ofensiva final, al menos 307 civiles han muerto y otros 273 han resultado heridos. De esta manera, las operaciones realizadas por la coalición contra el Estado Islámico suponen la mayor masacre desde que comenzase el conflicto en 2003.

Amnistía Internacional, por su parte, ha denunciado que se trata de ataques desproporcionados e indiscriminados que violan la ley humanitaria internacional y pueden constituir crímenes de guerra, recordando que fue precisamente la coalición aliada quienes recomendaron a los habitantes de Mosul no salir de sus casas por seguridad.

El pasado 25 de marzo, el Mando Central de Estados Unidos asegura que “toma todas las precauciones razonables durante la planificación y la ejecución de ataques aéreos para reducir el riesgo de dañar a civiles”. Pero, ¿hasta qué punto reducir riesgos es provocar la muerte de 307 civiles en menos de dos semanas? Civiles que habían sido informados mediante radio y panfletos lanzados desde aviones que lo mejor era quedarse en sus casas. Una trinchera sin protección que se ha convertido en ratonera.

Según informa La Vanguardia, testimonios recogidos por Amnistía Internacional y por la cadena Al Yazira hablan del empleo de aviones de combate con el objetivo de liquidar a un solo francotirador del tejado de un edificio. Un ataque de tal calibre, llevado a cabo por un ejército profesional y cualificado como es el aliado, debería prever que su alcance del mismo. ¿Daños colaterales? Aún así, injustificados. Que un francotirador del ejército enemigo se aposte en el tejado de un edificio no da vía libre para soltar tres bombarderos y eliminar al francotirador y todo cuanto le rodea. La viabilidad de un plan de ataque no da potestad para engañar, arrinconar y matar a civiles que, desde ambos bandos -si es que a estas alturas se pueden distinguir bandos- tan solo juegan el papel de marionetas y peones para acabar convertidos, en el mejor de los casos, en un número de muertes injustificadas en alguna lista olvidada en el Pentágono.

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