Brexiters

Por Sara Pérez (@sarap0va)

El divorcio entre la Unión Europea y Reino Unido ya es una realidad. Este miércoles, la primera ministra británica, Theresa May envió la carta a Bruselas activando el mecanismo para la salida del país de la Unión Europea.

Reino Unido y Europa era una pareja que dormía en camas separadas. Si durante la década de los 60 raramente la Constitución británica ha figurado dentro del debate político, desde los años 70 ha sido un tema de controversia tras la admisión al derecho comunitario. En 1982,  The Clash lanzaba su single ‘Should I stay o should I go’, que pondría banda sonora al Brexit en 2017.

“La política es casi tan emocionante como la guerra y no menos peligrosa. En la guerra nos pueden matar una vez; en política, muchas veces”, dijo Winston Churchill. A lo largo de estos nueve meses han caído en batalla David Cameron, principal culpable del ‘Brexit’ y Jeremy Corbyn, el rockero de izquierdas que no supo enfrentarse a Theresa May. 

El debate sobre el papel de Reino Unido en la Unión Europea era una bola de paja que crecía y que Cameron tuvo que barrer. El ex-primer ministro británico ganó las elecciones con mayoría absoluta en 2013 gracias a su promesa de convocar un referéndum que se hizo realidad en junio de 2016. Reino Unido ya había intentado una separación a penas dos años después de entrar en la Unión Europea, en 1975, y había sufrido un amago en 1994, cuando James Goldsmith fundó un partido político que tenía como único objetivo convocar un referéndum. Finalmente, Goldsmith fracasó porque a mediados de los 90, la idea del proyecto europeo vivía su mejor momento. A día de hoy es muy difícil defenderla.

No era una situación fácil para Cameron. El referéndum fue el resultado de 40 años de publicidad negativa sobre la Unión Europea y presiones políticas internas.  Era inevitable, desde el s.XVIII, la cultura política británica es tradicional y nacionalista y no casa con la cesión de soberanía que exigía la comunidad europea.

Por su parte, el principal opositor en el Parlamento británico, el laborista Jeremy Corbyn ha estado ausente. Como relata el periodista John Carlin en su Tribuna para El País, “ver el duelo semanal en prime minister’s questions entre los dos  (Theresa May y Jeremy Corbyn) recuerda a una profesora castigando a un niño que nunca hace los deberes”. El único debate político que existe es entre los propios conservadores, lo que afianzará en un futuro una política británica monocolor.

En este contexto, los xenófobos y euroescépticos de UKIP deben estar muy contentos. Tras haber ganado las elecciones europeas en 2014, ven la caída de la socialdemocracia en el continente desde la barrera. El partido de Nigel Farage, que obstaculizó toda política en relación con la Unión Europea, disfruta de un momento en el que el discurso pro-Brexit domina en Londres. 

No sabemos como será la ruptura. A juzgar por lo que está ocurriendo estos días, será tensa, complicada y dura. May quiere una separación tajante y limpia y la canciller alemana, Angela Merkel, también. El daño ya está hecho y no hay vuelta atrás.

En el panorama económico, ninguna de las partes está bien preparada y la regulación del divorcio es ambigua. Gran Bretaña ha defendido un discurso basado en la fe desde que May interpretó el Brexit exclusivamente como causa de la inmigración.  Sin embargo, su primer contacto con la realidad será la pérdida de acceso preferencial a su mercado principal, que será traumático, tal y como defiende el diario The Economist.

Como en todo divorcio, la separación de bienes es uno de los principales problemas. Según la UE, Reino Unido debe cerca de 60 mil millones de euros entre pasivos acumulados, pensiones y compromisos de programas y proyectos a largo plazo. Sin embargo, los brexiters defienden es la UE la que debería pagarle a Reino Unido 10 mil millones de euros, su parte del fondo del Banco Europeo de Inversiones.

Cuando la señora May dijo “Brexit means Brexit” (Brexit significa Brexit), el pasado mes de enero, aclaró que no había marcha atrás pero dejó la puerta abierta a como serán las negociaciones, que previsiblemente se alargarán por lo menos hasta 2019.

Brexit no es solo inmigración y crisis económica. Brexit es la consecuencia de lo que lleva años gestándose, un problema emocional que se lleva arrastrando desde la caída del Imperio Británico y que por desgracia la Unión Europea no supo atender a tiempo.

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