Marruecos, entre el autoritarismo y la democracia

Elecciones locales en Marruecos. Fuente: eldiario.es

Por Ana Rodríguez (@AnaRodríguez_24)

Los constantes intentos de democratizar la democracia en Marruecos han tropezado una vez tras otra con la aparición de nuevos obstáculos sociales e institucionales que han impedido el desarrollo profundo de los valores y prácticas que caracterizan a una
democracia. El Estado de Marruecos se define a sí mismo en el artículo uno de su Constitución como “una monarquía constitucional, democrática y social”. Desde una perspectiva formal puede parecer que este régimen es similar al de las democracias europeas. No obstante, la realidad es muy diferente. Marruecos es un país donde la monarquía constituye el Gobierno real ejerciendo amplios poderes ejecutivos y participando en el juego político.

El protagonismo asumido por Mohamed V en el proceso de independencia de 1956 y la ubicuidad política ejercida por su sucesor han diseñado el panorama político marroquí de los últimos sesenta y un años dando a la Corona un papel marcado y definido. En
este sentido, el poder en Marruecos, según el artículo 19 de Constitución de 2011, sitúa al Rey, Mohamed VI, como “máximo representante de la nación, símbolo de su unidad. Garante de la permanencia y de la continuidad del Estado”.

Esta Constitución obliga al monarca a reunir en su persona la autoridad del país y la máxima autoridad religiosa. El Rey por tanto – citando al artículo antes mencionado – vela por el respeto al Islam y a la Constitución. Es el protector de los derechos y libertades de los ciudadanos, grupos sociales y colectividades. Garantiza la independencia de la nación y la integridad territorial del Reino dentro de sus auténticas fronteras. Es alrededor del Rey como se ha venido estructurando el poder político en Marruecos desde la independencia hasta nuestros días.

En 2011 las reivindicaciones del movimiento 20 de febrero que exigían un cambio que instaurara un verdadero sistema democrático encontraron una repuesta positiva con la modificación hecha a la Constitución. Con esta decisión, el rey Mohamed VI asumió su
compromiso de conducir un proceso de transición capaz de adaptar el sistema político a las demandas de libertad y justicia que exigía la sociedad: transición que aún no ha finalizado como se ha podido observar en las últimas elecciones legislativas celebradas el 7 de octubre de 2016.

Elecciones y representación son dos conceptos que siempre van unidos en los sistemas políticos democráticos. Sin embargo, la celebración de elecciones no garantiza ni la democracia ni la representación. De hecho las elecciones periódicas no son un
elemento exclusivo de las democracias; sino que también puede estar presente en otro tipo de regímenes. De esta forma, es posible encontrar sistemas políticos híbridos capaces de combinar elementos de las democracias con el ejercicio del poder
autoritario.

En este sentido hay una serie de elementos no democráticos en el desarrollo de los procesos electorales de Marruecos que le hacen convertirse en un sistema político híbrido. Algunos elementos son la limitación que existe para presentar candidaturas, la
irregularidad de las convocatorias electorales, la no neutralidad del gobierno en la organización de los comicios, la existencia de una normativa electoral favorable a los partidos afines al poder, la manipulación en el diseño de las circunscripciones electorales, la existencia de coacciones para el ejercicio del derecho al sufragio o la falta de escrutinio en los votos. Pese a ello durante los últimos años se han puesto en marcha una serie de cambios positivos como la reforma del artículo 47 de la Constitución que
permite al líder del partido más votado, formar el nuevo gobierno.

Algunos de estos elementos han estado presentes en los comicios celebrados el pasado año. El Partido Justicia y Desarrollo (PJD) – islamista – fue el vencedor de estas elecciones situándose con 125 escaños. En segundo lugar con 102 diputados, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), formación fundada en 2008 por Fouad Alí el Himma, con el objetivo de frenar la expansión de los islamistas. Y en tercer, el partido más antiguo del país – Istiqual – con solo 46 escaños, 14 menos que las anteriores elecciones.

La campaña electoral de estos comicios estuvo protagonizada por el PJD y el PAM. Este último se postulaba como alternativa liberal y secular frente al modelo islamista del PJD. El PAM ha centrado su campaña en el mundo rural y el norte del país, mientras que el PJD lo ha hecho en los grandes núcleos urbanos y en ciudades intermedias. Las autoridades han sido acusadas en esta campaña de planificar ciertas acciones contra el PJD como por ejemplo la concentración antiislamista convocada en Casablanca el 18 de diciembre; acciones que no han impedido que este partido llegase al poder.

Otro problema que ha estado presente en esta campaña es el enorme vacío que presenta el censo electoral ya que un 30 por ciento de la población en edad de votar no se encuentra inscrito en este censo. Según datos recogidos por Bernabé López García y Miguel Hernando de Larramendi, el censo general de la población realizado en 2014 contaba con 33.610.084 habitantes, de los cuales 23.527.055 eran mayores de 18 años. Si a esta cantidad restamos las personas que han fallecido en estos dos últimos años y las personas sin derecho a voto el censo potencial de electores con derecho a voto sería de 22.874.625 aproximadamente.

El censo electoral oficial para estas elecciones muestra otras cifras diferentes. Según los datos oficiales el censo electoral es de 15.702.592 electores, sin contar a todas aquellas personas que viven en el extranjero; un problema muy importante al que hay que poner solución tarde o temprano para dar credibilidad a estas elecciones. En este sentido, el porcentaje de participación en estos comicios ha sido de un 43 por ciento. Sin embargo, si analizamos esta cifra desde el punto de vista del censo potencial de electores la participación no llegaría al 30 por ciento. Marruecos ha sido desde siempre un país dividido entre lo rural y lo urbano; división que también deja secuelas en los resultados electorales.

El nivel de participación en estas elecciones ha sido de los más bajos de la historia de este país, situándose incluso por debajo de la participación en 2011. Este dato muestra el desinterés que tiene la población de apuntarse en las listas electorales.

Los resultados finales dieron la victoria al PJD. En las listas locales, el PJD obtuvo 1.571.659 votos, mientras que el PAM logró 1.205.444. En ambos casos mejoraron su resultado de las legislativas de 2011. El resto de partidos quedaron bastante alejados
del PJD y el PAM. Como secretario general del partido vencedor de las elecciones con mayoría simple, Abdelilá Benkirán recibió el encargo por parte de la Corona para formar un gobierno.

Abdelilá Benkirán no lo está teniendo fácil para llevar a cabo la tarea que el monarca le ha encomendado. Uno de los partidos con los que ha tenido que negociar ha sido el partido centrista y liberal Agrupación Nacional Independiente (RNI). Este partido optó
tras las legislativas por un gobierno conservador con el PJD, los berberistas del Movimiento Popular (MP) de Mohand Laenser y el partido Unión Constitucional. El líder del RNI se negó a formar gobierno con Istiqlal (PI), liderado por Hamida Chabat.

El hecho de que no se haya llegado a un acuerdo es negativo para la estabilidad del país. Las negociaciones parecen estar encalladas. Según declaraciones del semanario marroquí ‘Telquel’ recogidas por la revista Atalayar “es difícil hacer actualmente
previsiones políticas en Marruecos. Pensábamos que la formación del gobierno iba a ser el fin de semana, pero resulta que el jefe del gobierno cedió ante los deseos del jefe de la Agrupación Nacional Independiente (RNI), Aziz Akhannouch, de excluir al Istiqlal de las negociaciones. Las cosas son un poco más complicadas”

No es una crisis del PJD. Es una crisis del sistema electoral de Marruecos y de todos aquellos partidos que lo componen. Los partidos políticos son un elemento clave en el funcionamiento de una democracia, por lo que su fortalecimiento debe ser una
prioridad en cualquier régimen político que aspire a convertirse en democrático.

Si los partidos marroquíes quieren conseguirlo tendrán que acercarse más a los ciudadanos y aumentar su credibilidad, así como cambiar el sistema electoral. En cuanto a este se podría modificar el reparto de escaños en las circunscripciones locales,
disminuyendo el número existente e incrementando su magnitud e, incluso, aumentar el número de escaños de la circunscripción nacional. Aunque sin duda el mayor obstáculo al que tienen que hacer frente es al papel que juega la monarquía en el sistema político. En este sentido, la reforma constitucional de 2011 ha sido una oportunidad pérdida para que disminuyese el poder legislativo y ejecutivo del Rey y consagrar el Reino de Marruecos como una Monarquía parlamentaria; una oportunidad que tienen que volver a encontrar si quieren dejar de ser un régimen híbrido situado a caballo entre la democracia y el autoritarismo.

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