Esas ganas de todo, menos de ti

NEW GIRL: Schmidt (Max Greenfield, L) meets the new neighbors (L-R: Guest stars Charlie Saxton, Jasmine Di Angelo, Morgan Krantz and Jinny Chung) in the “Neighbors” episode of NEW GIRL airing Tuesday, Oct. 9 (9:00-9:30 PM ET/PT) on FOX. ©2012 Fox Broadcasting Co. Cr: Greg Gayne/FOX

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

Me hago mayor. Irremediablemente me hago mayor. “Exagerada”, diréis. Pues sí. Pero de un tiempo a esta parte noto una brecha generacional significativa con esos que nacieron unos años después que nosotros. Quizá fue la última vez que nos pasamos por esa meca de la cerveza barata y garitos apestados (que no atestados) de universitarios que son los Bajos de Argüelles. “Que la cerveza cueste un euro me parece estupendo, pero podían poner algún taburete”, me decía una amiga mientras sonaba de fondo una canción de Maluma o algo por el estilo. “Además, que los vasos de tubo ya ni en la discoteca móvil de las fiestas de mi pueblo”.

Entonces me asaltaron las dudas. ¿Nos hemos convertido en unas sibaritas? ¿No estamos ya para estos trotes? ¿Dónde quedó nuestro tiempo de universitarios fiesteros? Me pregunto todo esto mientras miro a los chavales que berrean a mi alrededor, alcoholizados (y quizás algo más) y perrean la canción del momento. Esa que, por supuesto, yo escucho por primera vez con desagrado porque ni me parece canción ni me parece más que un ruido molesto que no me deja tener una conversación con mis acompañantes. Les miro y me asalta la sensación de que les doblamos en edad y que no nos hemos dado cuenta de cuándo ha pasado eso.

Total, que nos bebimos la cerveza de pie y todo lo rápido que pudimos y salimos de allí por patas. Las dos de la mañana. Ni cuando estábamos de exámenes, oiga, nos recogíamos tan pronto. Para lo que hemos quedado. La idea se me desvaneció con la resaca del día siguiente y no le volví a dar más importancia al tema. Hasta esta semana.

Viernes. Cinco de la mañana. Suena mi despertador, me levanto. Me visto como puedo, me quito las legañas de los ojos, cojo la cámara y me voy camino a Atocha. Me espera un Alvia destino Navarra para cubrir unas jornadas. Entro en el metro y al bajar las escaleras ficho a tres universitarios con pinta de no haber dormido. Paso por su lado y uno de ellos se choca contra la pared. “Qué poca vergüenza”, me digo, mientras le esquivo con cara desaprobación. Llega mi metro y dejo atrás a los adolescentes borrachos en el andén contrario. “No hace tanto que eras tú la que esperaba sin saber muy bien donde estaba, amiga”, me recrimino. Y sé que tengo razón, así que dejo de darle vueltas a la movida.

Al fondo del andén hay una pareja besuqueándose. No tienen que tener más de 17 ó 18 años. Pongo los ojos en blanco y suspiro para mis adentros porque me veo otra vez pensando que podrían hacer eso en otro sitio, y no ahí, con toda la gente que se va a trabajar para pagar los impuestos que pagarán sus becas. Esas que van a desaprovechar yéndose de fiesta. Cómo está la juventud.

“Joder. Me he convertido en mi padre”. Me he hecho una carca. Debí intuirlo cuando me pasé del roncola al carajillo. Del botellón al vermú del brunch. La primera vez que pensé que qué guay un brunch y que podía permitirme ir porque, además de no tener resaca, tenía dinero para hacerlo. O cuando dejamos de salir de fiesta porque con este tiempo tan feo a ver a dónde queremos ir, con lo bien que se está en casa viendo Netflix. Que para algo te has hecho la cuenta conjunta con todos tus amigos. Que están igual de carcas  que tú, por supuesto.

Pero la verdad es que cada vez aguanto menos a la gente. Escucho a Sabina cantar aquello de “estas ganas de nada menos de ti” y justo de lo que yo no tengo ganas es de ese ti. De la gente. Los que pueden emborracharse un jueves sin cargo de conciencia ni resaca. Los que pueden seguir saltándose horas de clase y que de igual porque los apuntes están en el campus. O ya conseguirán que alguien se los deje. Los que se van dando el lote en el metro al lado de ese otro que oye reggeaton sin auriculares (“¿qué problema tiene la gente con los auriculares? Los regalan en el puto tren” es mi pensamiento más recurrente). ¿Qué me ha pasado? Que me hago mayor. Ya me dijo mi madre que cada edad tiene su tiempo. Incluso el tiempo de esas ganas de todo, menos de ti.

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