El proyecto “Euro”, ¿éxito o fracaso?

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Por Ana Rodríguez (@AnaRodriguez_24)

El proyecto Euro está condenado al fracaso. El Brexit, la difícil situación del sector bancario italiano, el paro juvenil o el auge de la extrema derecha en países como Francia; así como el fracaso en algunos países del Estado de Bienestar son algunos de los indicadores que muestran que lo que muchos europeos han considerado siempre un éxito, en realidad, es más bien todo lo contrario.

El euro es probablemente la prueba más tangible de la integración europea. En la actualidad son 19 los países de los 28 que forman la Unión Europea los que utilizan esta moneda. Sin embargo, el proceso de convergencia entre economías de la zona
euro no se ha producido. Grecia se ha quedado atrás, sumida en una profunda crisis a la que miran desde muy cerca otros países del Mediterráneo como España o Italia.

La divergencia entre las economías de los distintos países que han ido dando forma al proyecto europeo ha provocado que organismos como el Banco Central Europeo o los diferentes Estados no sean capaces de hacer frente a la actual inestabilidad política y social fruto de la desigualdad económica existente.

El premio Nobel de Economía Joseph E.Stigltz considera que “los buenos acuerdos monetarios no garantizan prosperidad, pero los malos pueden causar recesiones”. En este sentido es necesario preguntarse ¿qué ha sucedido en los últimos 15 años? ¿Es el
proceso euro un avance o un fracaso? Se supone que las características que tiene que tener una economía fuerte son un crecimiento rápido y equitativo en los diferentes sectores en los que participa su economía y una tasa de paro baja, reflejo de una
sociedad bien preparada y estructurada. ¿Por qué en Europa ha ocurrido todo lo contrario?

Para entender estos acontecimientos sólo hace falta remontarse hasta 1992 cuando se firmó el Tratado de Maastricht, padre de nuestra actual moneda única. Diez años más tarde se adoptó esta moneda sin dotarla de unas instituciones concretas que la
hicieran funcionar de forma correcta. Es decir, para que funcione este sistema en una unión de países heterogéneos es necesario que los Estados en mejor situación compensen a los otros. Y en el caso de Europa esto no ha sido posible.

Varios años más tarde de la adopción del euro Europa se vio castigada por la crisis económica mundial de 2008; crisis de la que aún no ha logrado recuperarse. A pesar de ello, la moneda puede funcionar. Tan solo se necesitan unas instituciones capaces
de establecer formas que además de integrar las distintas políticas económicas de los diferentes países, intenten promover la cohesión política y acabar con la desigualdad económica.

A este problema hay que sumarle otro: la globalización. Tal y como señala Stiglitz en su libro El euro. Cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa “hoy el mundo está lleno de iniciativas pensadas para aprovechar la globalización en beneficio de
unos pocos”. Un ejemplo de ello es el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) que pone de manifiesto el deseo persistente de integración económica. El proyecto de la Unión Europea era diferente en el sentido de que no sólo se buscaba una unión económica, sino que perseguía la integración política.

En este sentido la eurozona comenzó su andadura con más defectos que aciertos. Sus normas, reglamentos e instituciones en ningún momento estuvieron lo suficientemente preparadas para hacer frente a los baches que la sociedad mundial les pondría delante durante los posteriores años. Su fortaleza y probablemente uno de sus mayores problemas, es la diversidad que existe en el continente europeo; una diversidad que obliga a tener un tipo de cambio fijo entre unos países y otros, y un tipo de interés único para que el proyecto del euro funcione. En definitiva para que este propósito pueda salir hacia delante es necesario reformar las actuales instituciones para que sean capaces de tener la flexibilidad suficiente para adaptarse a las distintas circunstancias, creencias y valores.

A estos problemas estructurales se suman las políticas llevadas tras el periodo de recesión de 2008; medidas que afectaron principalmente a los países más afectados por esta crisis. Probablemente Europa se haya equivocado imponiendo medidas de
austeridad y recortando en el gasto público; así como exigiendo determinadas reformas en los mercados laborales o disminuyendo el gasto dedicado a la creación de un Estado de Bienestar.

No obstante, estos fallos estructurales en la Eurozona pueden ser resultado de la aplicación de una ideología económica poco ajustada a la realidad. Los fundadores de la zona euro se regían, según Stiglitz, por el llamado “fundamentalismo de mercado
y/o neoliberalismo”. “ Los fundamentalistas de mercado, por ejemplo, creían que si el Gobierno se aseguraba de que la inflación fuera baja y estable los mercados garantizarían el crecimiento y la prosperidad para todos”, explica Stiglitz . En la actualidad y tras la crisis financiera global de 2008 se ha demostrado que esta teoría es falsa; a pesar de ello ciertos países siguen teniendo esta ideología como razón de ser.

Sin embargo, el proyecto euro nació con otras expectativas como por ejemplo mejorar la calidad de vida de las personas que utilizaran esta moneda, poner en práctica los principios de ventaja competitiva, mejorar la competencia, aprovechar las economías
de escala y reforzar la estabilidad económica. Un proyecto que – sin duda- no ha llegado a cumplirse.

Aún así ha habido países que durante estos años han presumido de haber sacado partido a la implantación de la moneda única. Un ejemplo de ello es Alemania ya que su economía creció un 6,8 por ciento desde 2007, pero con una tasa media de crecimiento de solo el 0,8 por ciento anual. Una cifra que podría considerarse prácticamente un fracaso.

En definitiva se puede decir que el euro no ha logrado ninguno de sus dos objetivos principales: ni lograr la prosperidad económica ni crear una integración política plena entre los países que forman parte de la Unión Europea. En esta época y tras ver que no
se lograban ninguno de los objetivos propuestos los países de la Eurozona dejaron de verse como un ente homogéneo para comenzar a mirarse unos a otros con desconfianza provocando hechos como el Brexit. Con el paso del tiempo han aparecido
los viejos estereotipos como por ejemplo el que hace ver las desigualdades entre el Norte y el Sur de este continente.

Estas carencias comenzaron a aparecer tras la crisis financiera mundial; donde el euro demostró que no era lo suficientemente fuerte como para hacer frente a las transformaciones de los ciclos económicos. El Euro sembró en esta etapa las semillas de su propia destrucción dividiendo a Europa y privándola de emprender unas políticas capaces de devolver la prosperidad económica y política a la región.

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