‘Starman’ o la vuelta a la cultura pop literaria

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Encuentro con María Pérez Heredia en la Fnac de Callao para la presentación Starman. Foto: Reservoir Books.

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

Tiene 22 años y podría ser una estudiante cualquiera de Filología Hispánica. Una de esas que se matriculan en una facultad de Filosofía y Letras con la pretensión de escribir. O quizá una de esas que aspiran a hacerse un hueco en el panorama literario a base de movimientos estentóreos en las redes sociales. Pero no lo es.

María Pérez Heredia tiene 22 años y una vez empezó a estudiar Relaciones Internacionales porque quería ser diplomática y escritora, “como Cortázar”, bromea. Pero después de experimentar con esa carrera, dejó de lado la diplomacia, se lo pensó mejor y se matriculó en Filología Hispánica para perseguir la escritura. En 2013 publicó su primera novela, con tan solo 19 años, Esos días raros de lluvia con la editorial Eclipsados. Ahora, publica Starman, la nueva apuesta de Reservoir Books, del grupo Penguin Random House.

Clay Cassady es un chico joven sin un futuro claro que trabaja en una cafetería de Los Ángeles, su ciudad natal.  Un día lo descubre un poderoso agente que se propondrá convertirlo en una estrella. La historia de su ascenso es vertiginosa. Rueda una película romántica que será la sensación del año. La locura se desata, todo el mundo quiere saber quién es en verdad este nuevo James Dean. Le roba el corazón a una famosísima actriz, Jennifer Jones, con la que inicia un idilio mediático. Cuando Clay gana el Oscar al mejor actor, apenas un año después de que todo empezara, cuando parece haber vencido a su tumultuoso pasado, su vida estalla. Necesita huir. Su desaparición llena la prensa y las redes sociales durante semanas, también preocupa a amigos, familiares y novia. ¿Dónde está Clay?

Esta es la sinopsis de los 500 días relatados a lo largo de las más de 400 páginas que conforman Starman, la historia de un ascenso y una caída necesaria para poder volver. En estos quinientos días relatados de manera desordenada -al más puro estilo de Rayuela pero sin las enrevesadas maneras de leerlos en distinto orden-, descubrimos a un Clay con el magnetismo de los viejos actores de Hollywood. Un James Dean en Rebelde sin causa. Un Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo. También un Clay con similitudes de aquel Holden Caulfield de El guardián entre el centeno. “Ninguno de los dos es necesariamente un desgraciado, pero ambos tienen esa necesidad de huir”, explica María, quien, además, manifiesta que quería contar cómo crece un personaje en esta novela. 

Clay toma, además, el apellido de uno de los máximos componentes de la generación beat, aquel que no tuvo que escribir nada porque todos escribieron sobre él: Neal Cassady. El libro en sí toma cierto punto de esa filosofía beat de la vida como el eterno viaje, la necesidad de echarse a la carretera. De estar siempre en movimiento y cada vez más lejos. Por la boca de este protagonista trasluce la forma de hablar de Bukowski y su realismo sucio. “Más que Bukowski, bebe de Carver”, apunta María.

Pese a esos 22 años, María sabe lo que hace. Sabe que su narración se sustenta en el recuerdo de Los Ángeles que dejó John Fante en su tetralogía sobre Arturo Bandini, aquel hijo de emigrantes italianos que malvivía con trabajos mal pagados soñando con ser escritor y que un día Bukowski salvó del olvido. Todo ello sin olvidar, por supuesto, una vuelta a la cultura pop.

Esta cultura pop nace desde el título del libro, Starman, clara alusión a la canción homónima de David Bowie (Bowie, precisamente, era el nombre del protagonista de Esos días raros de lluvia). Cultura que alude a los personajes de películas para adolescentes encubiertos con descripciones escuetas pero esclarecedoras que un lector joven -y quizás no tanto- identificará en su imaginario de forma casi inmediata, o incluso alusiones a actores como David Schwimmer (Ross en ‘Friends’), a la cotidianidad de jóvenes sin futuro que trabajan en Starbucks.

Uno de los puntos fuertes en la narración es la documentación llevada a cabo para que ningún dato rechinase. “Una cosa es escribir y otra ponerse a escribir una novela con todas las consecuencias que conlleva”, asegura María. Afirma que todo lo que aparece en el libro (desde vuelos a restaurantes y sus respectivos menús) es real, todo para conseguir que la historia tenga unos altos niveles de credibilidad. Para ello, se ha vuelto toda una viajera virtual, trazando rutas a través de Google Maps y visitando webs donde poder consultar todos los lugares que sus personajes visitaban. “Lucho porque sea verosímil, que el lector no vea que es una gran mentira, aunque la literatura a veces lo sea”.

Y es que ni siquiera la elección de que el personaje principal sea masculino es fruto del azar. Era necesario, para que encajase en la historia de un chico que se convierte en el actor más joven en ganar un Oscar. “Tatum O’Neal lo ganó con 10 años, Anna Paquin con 11, Jennifer Lawrence a los 22… Sin embargo, el actor más joven en conseguir el galardón fue Adrien Brody, a los 29 años, por ‘El pianista’, con lo que el personaje debía ser necesariamente masculino”, explica. “Esto me permite también explorar la psicología masculina y sostener mi teoría de que no hay tantas diferencias entre cómo piensan hombres y mujeres”, asegura. “Escribir tiene mucho de juego de rol”.

Como dijo Elena Medel en la presentación de la novela en la Fnac de Callao el pasado 1 de febrero, Starman tiene el don de los inicios potentes y la prosa frenética que, sin embargo, esconde detrás una gran preparación y meditación. Nada de manuscritos escritos en un rollo de papel de 37 metros metido en una máquina de escribir. Tampoco dejarse la piel ocho horas delante del ordenador por si las musas te pillan trabajando. Durante el encuentro, María Pérez Heredia deja la que quizá sea la pista más esclarecedora de la clarividencia de esta novela juvenil que da un soplo de aire fresco -y sobre todo de esperanza- a este género: “Tienes que estar convencido de lo que estás escribiendo”, sentencia. Y probablemente tiene razón.

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Un comentario en “‘Starman’ o la vuelta a la cultura pop literaria

  1. Pingback: ‘Starman’: una historia de huida que huele a nuevo y a clásico | La línea de fuego

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