Israel juega las cartas de Trump

Por Sara Pérez (@sarap0va)

   El cuestionamiento de la existencia de Israel como Estado surgió en 1948, cuando se creó tras la marcha del último soldado británico de Palestina y cuando los judíos liderados por Ben Gurión declararon en Tel Aviv la creación de la “Tierra prometida” de acuerdo al plan establecido por las Naciones Unidas.

  Israel ha ido comiendo terreno palestino desde su origen y ha ido creciendo paulatinamente después de las sucesivas guerras que se dieron después del conflicto de 1967. Estos asentamientos son ilegales, pero en el momento que Israel los hace suyos por decreto se convierten casi incuestionables. Las últimas “conquistas” en Cisjordania son resultado de un proceso de colonización que se ha producido desde hace 69 años, no han sido méritos, ni triunfos que puedan no juzgarse.

    El pasado mes de de diciembre el Consejo de Seguridad de la ONU, con la abstención  por primera vez de Estados Unidos, condenó los asentamientos en Cisjordania. Aunque esta resolución no tiene efectos legales a corto plazo supuso un giro estratégico de la política exterior estadounidense en los últimos días de Barack Obama, dejando una transición de poder complicada al ya presidente de Estados Unidos Donald Trump. Lo cierto es que, Trump juega las mismas cartas que Israel.

    El presidente de Israel, Benjamin Netanyahu, quizás uno de los más derechistas y radicales de la historia del país ha decretado la construcción de 2.500 casas en la última semana  en territorio palestino, bajo el amparo de Trump, por quien esperó sin muchos altercados. En tanto, el ministerio de Defensa israelí, quien mantiene el control de las zonas ocupados ha defendido que el Gobierno seguirá construyendo hasta ocupar Samaría y Judea –denominaciones bíblicas de la actual Cisjordania–. Esta construcción estará financiada por la familia del yerno y asesor de Trump, el judío ortodoxo Jared Kushner, tal y como confirmó el diario israelí Haaretz.

   Las reglas del juego han cambiado con Trump en la Casa Blanca. Desde su llegada, el republicano ha manifestado su deseo de cambiar la ubicación de la embajada estadounidense a Jerusalén, lo que significaría el reconocimiento de la parte este de la ciudad al Estado de Israel y supondría una amenaza para el mundo islámico. Además, actos como el nombramiento del férreo defensor de los asentamientos, David Friendman como embajador avivan la mecha de un fuego que desde hace dos años está relativamente calmado. A pesar de estos cambios políticos, Trump no es un ideólogo, es un empresario que seguramente cambie de opinión según las cartas que pongan sobre la mesa los empresarios judíos de ambos países, aunque Israel esté extasiado ante el hombre más poderoso del mundo.

    Israel se considera un Estado primero judío y después democrático, pero ambos calificativos no están cuadrando al mismo tiempo dentro de la estructura política  del país. Aunque Israel ha querido ser el reflejo de Occidente, la ONU se ha replegado ante el carácter antiisraelí de los países europeos que han cuestionado en repetidas ocasiones las actuaciones de Israel. En cambio para Palestina, a pesar de las condenas contra su vecino, ve la esperanza rebosante de símbolos y vacío de hechos. 

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Comunidad de Abu Nawar cerca del asentamiento judío de Maale Adumim

 La población judía permanece unida tras la idea de que Israel es una patria para el pueblo judío y un refugio necesario contra el creciente antisemitismo en todo el mundo. Pero junto a estas aparentes fuentes de unidad, la realidad de la sociedad israelí está dividida tanto a nivel religioso como étnico y que ha sido omitido por las grandes élites, principalmente ultraortodoxas.

    El proyecto de asentamiento comenzó después de que Israel capturó Cisjordania y Jerusalén Este en la guerra de 1967. En la década de 1970, con el estímulo del gobierno, un gran número de judíos comenzaron a trasladarse a las tierras ocupadas. Ahora hay 550.000 de ellos y apenas pasa un mes hasta que el gobierno decreta una nueva orden que declare nuevo territorio “tierra del estado”. 

   La existencia de asentamientos lleva a violaciones de muchos de los derechos humanos de los palestinos, incluidos los derechos a la propiedad, la igualdad, un nivel de vida adecuado y la libertad de movimiento y los cambios radicales que ha hecho Israel en el mapa de Cisjordania excluyen cualquier posibilidad real de establecer un Estado palestino independiente y viable como parte del cumplimiento del derecho a la libre determinación.

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