Unas letras inéditas de Bob Dylan y un supergrupo a la antigua

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Bob Dylan y The Band en 1968, vía Los Angeles Times (archivo de Getty Images).

Por Alaia Rotaeche (aL_rc)

En 1966, Bob Dylan sufrió un accidente de moto y se retiró a recuperarse a una casa en las montañas del estado de Nueva York, cerca del famoso pueblo de Woodstock. Allí, en el sótano de la casa, escribe y compone junto a The Hawks (posteriormente The Band, el grupo que le había acompañado en sus últimas giras) las canciones que luego darían lugar a The Basement Tapes (en español, “Las cintas del sótano”), su decimosexto disco de estudio, que se publicó en 1975 tras varios vaivenes y supuso un cambio en su música, siendo tanto aclamado como denostado por crítica y público.

Fue un disco un tanto polémico, en el que se incluyeron algunos temas de The Band a espaldas de Dylan y se incluyeron efectos de sonidos y mezclas que él no había pedido, algo que se criticó bastante. Bob Dylan estaba en ese momento algo apartado ya del frenesí de la industria, harto de los entresijos del negocio, y mostró bastante indiferencia.

Sin embargo, Dylan tenía algunas letras también escritas en esos días de su período de convalecencia que no habían sido grabadas y a las que ni siquiera se les había puesto música. En 2013 salieron a la luz y pronto se supo que no pensaba hacer nada con ellas.

En marzo de 2014, el productor T Bone Burnett creó un supergrupo, al más puro estilo de The Band, en homenaje tanto a ellos como a Bob Dylan, formado por algunos de los mejores músicos de rock, folk y blues de la actualidad: Elvis Costello, Jim James (My Morning Jacket), Marcus Mumford (Mumford & Sons), Taylor Goldsmith (Dawes) y Rhiannon Giddens (Carolina Chocolate Drops). El objetivo: poner música a las letras inéditas de Dylan y grabarlas. El nombre: The New Basement Tapes.

El talento y la experiencia de Elvis Costello (no vamos a negar que es el que le da ese punto clásico al supergrupo) se unen a la carisma y el folk que desprende Marcus Mumford (pese a todas las críticas que recibe su grupo por parte de los puristas del indie, del folk y del rock,hay que decirlo: ese hombre es puro folk), la bellísima voz y la delicadeza de Giddens, el puro rock and roll y el blues en la guitarra de Jim James (uno de los mejores músicos ahora mismo, si me preguntan) y la naturalidad country de Taylor Goldsmith (cuyo grupo, Dawes, combina raíces rock y aire independiente de una forma genial) y entre todos conforman uno de los mejores discos de los últimos años: Lost on the river: The New Basement Tapes, que salió al mercado en octubre de 2014.

Sus voces, sus trayectorias, sus estilos y su talento se unieron para crear algo especial, algo nuevo, algo nostálgico, algo chapado a la antigua pero hecho por músicos extraordinarios, de los que sólo uno supera los 40. Frente al discurso de que no hay buenos músicos en la actualidad, está este disco necesario, hecho a la antigua, como en su día hicieron The Traveling Wilburys o los mismos The Band, como se hacían los discos de Bob Dylan: juntando un grupo de músicos en un sótano y haciendo música.

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