Siria: la explicación del conflicto

Sara Pérez (@sarap0va)

  Tras casi siete años de guerra civil, Siria todavía no conoce la paz. Lo que comenzó siendo un levantamiento entusiasta y no violento que reclamaba mayor libertad y apertura política al régimen de Bashar al-Ásad en el marco de las revoluciones de la ‘Primavera Árabe’, se tornó en la radicalización de un conflicto entre el Gobierno y su Ejército contra los opositores, a los que se han ido sumando diferentes actores internacionales.

   Siria siempre ha sido un punto de conexión entre oriente y occidente por su salida al mar mediterráneo, por lo que todos los imperios han querido controlar la zona. Tras la caída del Imperio Otomano después de la IGM, Siria nació como país bajo el control de Francia según acuerdo Sykes-Picot. París y Londres se dividieron las zonas de influencia en Oriente Próximo y configuraron un sistema donde no se reconocían las diferencias entre etnias, aunque otorgaron una distinción favorable a los alauitas –rama del chiismo a la que pertenece la familia de Al-Asad—en contraposición a los beneficios que había concedido el Imperio Otomano a los sunníes, mayoritarios dentro del islam.

   Al finalizar la IIGM y con el auge del panarabismo, los países occidentales abandonaron la región. Desde entonces Siria convivió con la inestabilidad de constantes golpes de estado hasta principios de los años 60 con la llegada del baazismo, una ideología teóricamente laica y socialista a favor de una nación árabe unida. Aunque Siria fuese oficialmente un estado laico, los líderes del baazismo sirio (Hafez Al Assad y Bashar Al Assad) han favorecido a los alauitas y cualquier protesta contra el Gobierno ha sido duramente reprimida.

   A principios de 2011 la ‘Primavera árabe’ había triunfado en Túnez con el derrocamiento de Ben Ali, en Egipto con la caída de Mubarak y en octubre del mismo año en Libia con la muerte de Gadafi. Los sirios exigieron al Gobierno de Al-Assad mayor apertura política y libertad bajo un prisma de unidad nacional. Desde un primer momento, las revueltas en Siria tenían elementos comunes con los demás países del mundo árabe, ya que estuvieron condicionadas por factores políticos (falta de apertura política, libertad…) y socio-económicos (desempleo, pobreza, precarización laboral…) que dejaron en evidencia la crisis de gobernabilidad en el país. Estas revueltas estuvieron relativamente desvinculadas de las lealtades religiosas que constituyeron históricamente un problema estructural (chiíes contra sunníes), aunque no tardaron en adquirir importancia dando lugar a una guerra de carácter multidimensional. Lo que comenzó siendo una protesta para destituir al presidente, se convirtió en octubre de 2011 en una guerra civil.

   La guerra en Siria es una “nueva guerra”, un concepto que surgió para definir los conflictos post Guerra Fría en el marco del auge de la globalización. Este tipo de guerras se caracterizan por tener elementos identitarios frente al carácter ideológico de las guerras tradicionales. En el caso de Siria, aunque las razones del estallido fueron políticas y socio-económicas, subyacían motivos étnicos y religiosos. El control del territorio según su población o la participación de guerrillas y terroristas es otra de las características, que en esta situación también se dan con los desplazamientos masivos de civiles y tras desdibujarse la línea entre Ejército, ciudadanos y terroristas. En Siria se ha creado un conflicto de extraordinaria dureza e intensidad donde participan multitud de actores, que ha constituido una amenaza a la seguridad de la sociedad internacional. Actualmente, los conflictos intraestatales se ha internacionalizado y sus consecuencias se han externacionalizado al resto de países.

   En marzo de 2011 estallaron las protestas contra el régimen de Al Assad en la ciudad de Deraa, que pronto se extendieron por todo el país. El Ejército, afín a Al Assad, mató a miles de manifestantes mientras que la oposición se aglutinaba para poder luchar contra el régimen. Entre las facciones enfrentadas que constituyen actores principales en el conflicto se encuentra el Ejército Árabe Sirio a favor del Gobierno, y la oposición, que aglutina a varios grupos, siendo el mayor el Ejército Libre Sirio (ELS). Más tarde, la lucha se radicalizó y entró en escena un nuevo enemigo: la organización terrorista ISIS.

   Por parte del Gobierno, el Ejército Árabe Sirio que cuenta entre 178.000 y 220.000 hombres controla Damasco, Homs, Latakia, Tartus, Alepo y sus conexiones. Por otro lado, el Ejército Libre Sirio que se consolidó en julio de 2011 por desertores de las Fuerzas Armadas Sirias mantiene su zona de influencia al sur del país. El ELS se ha debilitado a medida que se han ido disgregando, perdido efectivos y los yihadistas han ganado terreno.

   La organización terrorista ISIS (Daesh, Estado Islámico) ha mutado de forma y nombre desde su creación en 1999 por Jamaa al-Tawhid wal-Jihad, su posterior crecimiento tras la Guerra de Irak en 2003 y final consolidación en junio de 2014 cuando Abubaker el Bagdadi se proclamó califa en Mosul. Desde entonces han usado la propaganda para captar a miles de hombres y mujeres hacia sus filas y llevado a cabo actividades muy violentas. ISIS ha entrado en el escenario del conflicto aprovechando la debilidad de ELS y controla la mitad del territorio en Siria, incluyendo Palmira, Raqa y algunos puntos del sur del país. El aumento de su poder se debe a la exaltación de la identidad árabe y el odio a occidente, por lo que ha conseguido desplazar a su rival ideológico, la exfilial de Al Qaeda en Siria: el Frente Al Nusra.

   Además de estos actores principales, a lo largo del conflicto han entrado en juego actores secundarios que han convertido a Siria en el nuevo escenario de la Guerra Fría. Por su parte, Al Assad cuenta con el apoyo de la rama del Ejército de voluntarios, las Fuerzas Nacionales de Defensa, vecinos armados en Comités Populares y con minorías sirias como la milicia armada Unidades de Protección Popular Kurdas (YPG) con quien se enfrenta a ISIS, la organización Frente popular para la Liberación de Palestina – Comando General (FPLP-CG) que ha disfrutado de los mismos privilegios que los sirios, la milicia insurrecta Aknaf Beit al Makdis, drusos y cristianos. También, grupos regionales como el partido-milicia chií libanés Hezbolá, el Partido Social Nacionalista Sirio y la República Islámica de Irán. El país chiíta por excelencia apoya a Siria por cuestiones religiosas y porque le sirve para ayudar a frenar la influencia de su gran rival en la región: Arabia Saudí, de mayoría sunita. Respecto a los actores internacionales, Rusia es el principal aliado de Al Assad y cuenta con su ayuda por razones históricas y estratégicas en el mar mediterráneo. La base naval de Tartus, al oeste de Siria es la única salida de Rusia a dicho mar.

   Los insurrectos tienen el apoyo del Consejo Nacional para las Fuerzas Sirias revolucionarias, que absorbió en 2012 al Consejo Nacional Sirio (CNS) con el objetivo de crear un gobierno de transición. También con coaliciones de varios grupos de corte islamista y salafista como Ahra el Sham (Los liberados de Sham), Jeish el Islam (Ejército del Islam), la alianza Jeish al Fatah (Ejército de la Conquista) y organizaciones terroristas como Hamás o Al Queda. En el plano internacional, los rebeldes están apoyados por Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Egipto, Jordania, Libia, Arabia Saudí y Turquía. Arabia Saudí de mayoría sunnita y enemigo clásico de Irán por su tamaño e influencia, apoya a los rebeldes por cuestiones religiosas. En cambio, Turquía, ha sabido cambiar de bando oportunamente en los últimos meses priorizando los intereses geoestratégicos con Moscú con el objetivo de garantizar una zona de seguridad en el norte de Siria, donde mantiene un conflicto regional con los kurdos. Qatar e Israel apoyan a los rebeldes por varias razones, la primera por su interés en la caída de Al Assad y la segunda, porque tienen intereses comunes en transportar recursos por el mediterráneo. Desde Riad surgió el Alto Comité de Negociaciones, formado por varios representantes de la oposición siria y que constituye la principal organización contra Al Assad en el exterior.

   ISIS ha funcionado como un actor supraestatal no gubernamental desestabilizador ya que ha comprometido a diferentes actores enfrentados hacia una misma causa. La lucha contra el terrorismo yihadista ha unido a países de golfo y occidentales, de los cuales nueve (Australia, Bahréin, Canadá, Francia, Jordania, Arabia Saudí, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Reino Unido) participan en los bombardeos en Siria. Desde septiembre de 2015 Rusia comenzó atacar posiciones de ISIS para ayudar a Al Assad y prevenir la vuelta de yihadistas rusos al país para cometer atentados.

   La internacionalización del conflicto ha llevado hasta el terreno a actores supraestatales gubernamentales como Naciones Unidas, Unión Europea, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el programa de Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Más allá de los grupos terroristas y mafias, han participado otros actores no gubernamentales como Amnistía Internacional, Cruz Roja, Intermón Oxfam, Médicos Sin Fronteras o Save the Children. También desarrollan su actividad soldados, asesores militares, empresas privadas, voluntarios y periodistas extranjeros.

   Después de casi siete años el conflicto sirio está dejando consecuencias económicas como la destrucción del patrimonio en la ciudad de Palmira y la evasión de impuestos por ISIS. Por otro lado, el enfrentamiento en Siria entre diferentes actores internacionales ha cambiado las dinámicas del juego en la sociedad internacional, provocando el refuerzo de Rusia como aliado de Al Assad, el resurgimiento de Irán como potencia en Oriente Próximo y el debilitamiento de Europa ante la llegada de miles de refugiados a sus fronteras.

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World Press Photo winner 2016 // Warren Richardson

   La comunidad internacional está viviendo la mayor crisis de refugiados después de la IIGM. Al concluir el año el conflicto había causado 250.000 muertes, había 7,6 millones de personas desplazadas internamente y 4,6 millones refugiadas en otros países. Más de 11 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus casas y hay más de 65.000 arrestados. En total, hay más de 4 millones de refugiados sirios en solo cinco países: Turquía, que es el país que más refugiados ha acogido hasta el momento, Líbano, cuya población de refugiados equivale a casi uno de cada cinco habitantes del país, Jordania, Irak y Egipto. En Europa, más de un millón de personas ha llegado buscando asilo y Alemania y Suecia se han comprometido a acoger a más del 50% de los refugiados que lleguen a fronteras europeas, aunque la mayoría se encuentren todavía de manera caótica en los Balcanes.

   Siria tiene unas fronteras jóvenes que han sido diseñadas por países occidentales y no han beneficiado a su población, lo que ha favorecido a la inestabilidad y posterior fracaso. Además, la construcción de la estructura socio-política siria ha sido contradictoria porque el baazismo laico ha estado liderado por un chií cuando la mayoría es sunnita, y provocó la “islamización del conflicto” que en un primer momento tenía carácter socio-económico.

   La guerra en siria ha dejado de librarse en el campo de batalla y su internacionalización ha llevado a diferentes actores enfrentados a cambiar las estrategias para luchar contra un enemigo en común: el terrorismo yihadista. Las injerencias de estos actores han complicado una solución militar o política e incluso cualquier negociación.

   El desenlace es incierto. Probablemente, Al Assad se imponga debido a la atomización y pérdida de apoyo internacional hacia los rebeldes, pero conviviendo con un problema de seguridad interna y de terrorismo contra ISIS. En caso contrario, el estancamiento del conflicto puede darse antes de la imposición de cualquier gobierno, lo que llevaría al país a estar controlado por diferentes grupos y desencadenaría en un Estado fallido sumido en la inseguridad y la pobreza.

   De todos modos, tal y como afirmó el actual Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres en 2015, “si el conflicto no termina pronto, este podría ser el fin de Siria tal y como la conocemos”.

 

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Un comentario en “Siria: la explicación del conflicto

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