El singular cine de un tipo extraño

Elena Crespo                                   

      A no ser que seas un cinéfilo empedernido, crítico, aunque sea aficionado, o en general sientas un mínimo de amor por la industria del cine cultiva día a día, tampoco resulta fácil reconocer de quién es una película por los planos, las formas o los colores. Incluso por los actores, intercambiables entre los directores, por ese aura de elemento esencial que les envuelven y dotan a los cineastas de cierta cualidad de autor, aquello que define y da forma, de una manera tan personal que acaba siendo inimitable por ningún otro humano.

      Y es precisamente eso, aquello que hace que el trabajo de un director se convierta en un todo inconfundible, ese hilo conductor, ese concepto de ‘cine de autor’ que tanto que me ha quitado el sueño durante este trimestre, y es que, como todo en esta vida es bastante relativo, o por lo menos debatible, me gustaría hacer una reflexión, aunque sea para poder expresar lo que pienso y siento, en base a lo que he ido aprendiendo y viendo a lo largo de mi vida y de estos tres últimos meses.

      Aquí es donde entra en juego Wes Anderson, si tiene cierta cualidad especial o autoral, es precisamente porque sólo necesitamos un breve vistazo para comprobar que una producción es suya. Este hecho poco habitual en el cine se debe al estilo fuertemente marcado, tanto en los aspectos visuales como en los sonoros, es imposible no reconocer su toque.

      En respuesta a mi debate interno, creo que lo que Anderson hace sí es cine de autor, como ha señalado alguna vez, el periodista Alejandro Todolí, lo andersoniano “no es sólo una manera de hacer cine, sino una manera de admirar la maravilla del mundo”. Y llamadme romántica, pero eso es precisamente lo que hace el director con cada una de sus películas, admira el mundo y con su estética que bebe de tiempos pasados, lo convierte en algo todavía más bello, más ingenuo.

      Muchos le acusan de hacer un cine hipster, de moda y vacío de contenido, pero no hay más que mirar un poco más allá para ver que sus obsesiones no se quedan en lo superficial, en lo “bonito”, sino que se adentran en la estética fílmica propiamente dicha, en los aspectos técnicos, como las constantes simetrías, la tendencia hacia el encuadre, donde siempre queda un objeto central estableciendo una línea que corta el plano en dos, planos cenitales, que en ‘Moonrise Kingdom’ rozan la autoparodia.

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Moonrise Kingdom // Wes Anderson

      Lo andersoniano no es únicamente una manera de hacer cine, es el reflejo de la fascinación infantil desde una perspectiva adulta, es el fetichismo por tiempos pasados.

      Haciendo un breve recorrido por sus trabajos queda de manifiesto que su impronta está muy marcada por la nouvelle vague, la inquietud viajera, personajes imprevisibles y un ambiente cálido y familiar. Empezó su carrera allá por 1994, con un cortometraje de 16 milímetros, ‘Bottle Rocket’, junto a su compañero y amigo, el actor Owen Wilson, uno de los constantes en su filmografía. Desde este primer trabajo, el cineasta ha sido fiel a su estilo, técnica y estética, siempre perfeccionándolos en cada una de sus producciones, en una entrevista él mismo señaló que trata de no repetirse, pero lo hace continuamente sin ningún esfuerzo, sí se repite, pero no se reitera, no cansa, por lo menos hasta ahora.

      Anderson pone la técnica al servicio de la historia, su mirada es extraña, pero siempre comprensiva con todos sus personajes, casi emociona cómo se identifica con todos los tipos raros y extravagantes que pululan por sus largometrajes, desde los protagonistas hasta aquellos que sólo tienen una frase, eso sí, siempre contundente. Todos ellos tienen una personalidad propia y los adora, los mima con sus narrativas, se ríe y sufre con ellos.

      El punto que me hace considerar el cine de Wes Anderson como cine de autor no hace referencia únicamente a las características técnicas que utiliza, sino también a los temas. Con un tono un tanto naíf, toca realidades y las vuelve ficciones. Plasma la épica familiar, ‘The Royal Tenembaums’, es un homenaje a la familia Glass, creada por el escritor norteamericano J.D Salinger; la amistad y las historias de amor con pinceladas infantiles reflejan a la perfección todo el universo andersoniano hasta ahora, y lo convierten casi en una marca reconocida hasta por aquellos que no son tan amantes del cine.

      Por otro lado, no sabría donde ubicar su carrera, la comedia aparece en muchas de ellas, por no decir en todas, como en ‘Academia Rushmore’ o ‘Bottle Rocket’, pero son algo mucho más profundas, los entresijos familiares que presenta como tema principal en ‘The Royal Tenembaums’ profundiza en todos y cada uno de los perfiles de los personajes. ‘The Darjeeling Limited’ por su parte no es una simple road movie, hace un recorrido sobre los dramas y las paranoias de tres hermanos que se unirán a raíz de la muerte de su padre; o ‘Fantastic Fox’ que aparentemente puede parecer una película infantil, pero hace un simbolismo con la sociedad actual magistral, basándose en un famoso libro para niños de Roal Dalh. Y no podría seguir sin mencionar ‘Moonrise Kingdom’, una de las mejores producciones del cineasta, también basada en una obra de Salinger, encarna a la perfección la pureza del amor infantil frente a los fracasos sentimentales de los adultos, es tierna, a la vez que extravagante y está llena de melancolía, sin dejar de lado el optimismo con el que Anderson contempla a los dos protagonistas desde la complicidad.  

     Pero, y a pesar de haber dejado claro que este universo es perfectamente reconocible por muchos, me surge otra disyuntiva, ¿se estará estancando en su carrera como le está pasando a Tim Burton? ¿Será capaz de sorprender en su próximo trabajo?. Con sus últimos filmes ha demostrado que es capaz de seguir haciendo lo mismo pero mejorarlo, y con temáticas que, sí bien siguen la misma línea, pero continúan descolocando al espectador, en todos los sentidos.

     Sin embargo, me pregunto si por el hecho de que se haya puesto tan de moda ha dejado de ser tan especial y único como siempre ha sido, lo digo concretamente por el último comercial navideño que ha dirigido para HyM. Cuando lo vi pensé “qué rabia, ha perdido toda su esencia”, que objetivamente no es así, ya que la historia -que en este caso y bajo mi opinión sí carece de todo significado y está vacío incluso en su forma- transcurre en un tren, como en ‘The Darjeeling Limited’, con actores como Adrien Brody, o haciendo uso de muchas de sus técnicas y colores. Pero, ¿se está dejando Wes Anderson arrastrar por los convencionalismos? O, ¿está ya tan metido en el establishment, que en vez de hacer un cine de autor fiel a su estilo se ha convertido en una marca, con todo lo que ello conlleva?

      Yo por mi parte me niego a pensar tal cosa, a pesar de que ese anuncio le ha convertido de cierta manera en un producto un tanto transmedia, como si fuera un muñequito de Harry Potter o incluso equiparable al anuncio de cuchillas de afeitar que patrocinaba Star Wars.

      Las películas de Wes Anderson siempre han sido algo diferentes, como una salida, una forma de evasión que a la vez plasma la realidad de una forma muy especial, peculiar. Nos enseña a ver las cosas de otra manera, es un cine puro, concentrado, poético e incluso teatral, pero también formalista donde un travelling puede serlo todo y significar una cuestión moral, como una vez señaló el maestro Godard.

      Sé que todo lo escrito anteriormente podría bien titularse ‘Oda a Wes Anderson’, pero realmente no hay ninguna intención de santificar las creaciones de este cineasta, simplemente son ideas que siempre he tenido en la cabeza, puestas en orden y coherencia para, por qué no, hacer una auténtica declaración de amor al que es uno de los directores que me han enseñado a emocionarme con detalles tan insignificantes como un tocadiscos en el que suena sutilmente ‘These days’ de Nico, o la interminable secuencia en slow motion del reencuentro entre Margot y Richie en ‘The Royal Tenembaums’, e incluso aprender a querer incondicionalmente a Bill Murray en casi todos y cada unos de los personajes a los que ha dado vida. ¡Gracias, muchísimas gracias Wes Anderson!

      Ahora sólo queda esperar, pero tengo la ligera sospecha, y quizá hable el fan que hay dentro de mi, de que seguirá emocionándonos y sorprendiéndonos con esos detalles de tiempos pasados tan íntimamente cuidados.

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