Merkel, la última política superviviente

Por Sara Pérez (@sarap0va)

Angela Merkel, que lleva once años en el poder, ha sido elegida de nuevo como candidata a la cancillería por su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), para las próximas elecciones alemanas de septiembre de 2017. Si volviese a ganar las elecciones, Merkel podría acumular 14 años en el cargo, más que el fundador de la República Alemana, Konrad Adenauer y alcanzando casi a su padrino político, Helmut Kohl, quien gobernó el país desde 1982 hasta 1998.

Alemania no es país de cambios ni “de experimentos”, como defendió Adenauer para ser reelegido en 1957, y Merkel ha sabido aprovechar el mismo lema para defender un Gobierno estable a pesar de las diferencias en un país muy descentralizado. Entre los 16 land, once pertenecen a ‘Los Verdes’ y solo seis participan acorde con el Gobierno. En Alemania no gustan los golpes de estado y siempre han abogado por la continuidad, y más en los democristianos que hacen todo lo posible por evitar que se muestre cualquier fisura dentro de su partido. Por su parte, los alemanes tampoco han opuesto resistencia a la mujer más poderosa del mundo, ya que Merkel no ha bajado del 40% en popularidad, una cifra inverosímil para un mandato longevo.

Durante los últimos años, a la canciller le ha dado tiempo a despedir a muchos de sus compañeros dentro de la Unión Europea, como el caso del viejo amigo y expresidente francés Sarkozy, el ex primer ministro conservador griego Antonis Samarás con quien quería evitar la crisis del euro o el ex primer ministro de Reino Unido, David Cameron que dimitió tras el Brexit. Hasta el momento, a Merkel solo le quedaban como aliados europeos el canciller austríaco Werner Faymann que renunció a su cargo en mayo, y el ya ex primer ministro italiano Matteo Renzi, que dimitió tras la negativa del pueblo italiano en su propuesta de reformar la Constitución. Por el camino y aunque un poco más alejado geográficamente de Alemania, también ha caído Barack Obama, que a pesar de no poder ser reelegido en Estados Unidos, no ha podido continuar su legado con Hillary Clinton tras la victoria de Donald Trump.

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El recinto ferial de Essen, un lugar muy importante para Merkel ya que allí fue coronada en el año 2000 como presidenta de su partido, revivió la renovación del liderazgo de la canciller con apoyo del 89, 5% a pesar de la crisis migratoria y división estatal. El pabellón escuchó a Merkel hablar de los retos de la era digital, del libre mercado, de la necesidad de mantener unas cuentas equilibradas y de los inmigrantes, a los que dirigió el discurso más duro a pesar de haber defendido con anterioridad la política de puertas abiertas y ser el baluarte contra las fuerzas anti-migración y anti-globalización que defendían otras democracias occidentales.

Merkel recibió una gran ovación de 1.001 delegados en Essen tras proponer la prohibición del velo integral, con el pretexto de favorecer la seguridad ciudadana. Esta vez, el aplauso del auditorio tras su declaración no tenía relación con la seguridad de los alemanes en las calles, sino que estaba inmersa en un discurso islamofóbico porque en rara ocasión la seguridad ciudadana depende de la forma de vestir de una mujer. Tan solo hace tres meses, defendió el uso del burka y del niqab como parte de la libertad religiosa, consagrada en el artículo 4 de la Constitución alemana e intentó propagar la política de puertas abiertas y solidaridad con los inmigrantes al resto de socios europeos. El argumento para poner en marcha dicha política se armaba de una lógica económica, y defendía que era necesaria la entrada de inmigrantes en Europa por necesidades demográficas y fiscales, para renovar un continente que está agonizando de viejo. Pero también, para evitar un efecto dominó de ideologías xenófobas que impregnan el discurso europeo, como el de Marine Le Pen en Francia o Geert Wilders en Holanda. A pesar de que Berlín ha sido el faro económico del resto de Europa, no ha sucedido lo mismo en el plano ideológico y los demás países han mostrado resistencia ante las órdenes de la política de puertas abiertas. Después de Essen, se podría decir que Merkel ha cambiado y ha caído en el discurso populista para seducir a sus aliados bárbaros, sus disidentes europeos y conseguir aferrarse al poder durante unos años más.

En los países que conforman la Unión Europea se está viviendo un retroceso de la socialdemocracia a medida que se produce el auge conservador como consecuencia del temor a los inmigrantes. Los líderes han defendido el proteccionismo y el cierre de fronteras ante los nuevos problemas transnacionales con el pretexto de recuperar la economía, lo que ha derivado en comportamientos populistas y han empujado a las ideologías hacia los extremos. Parecer ser, que también en Alemania.

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