Un sueño en Cartagena

Por: RoY

Parecía un sueño, aquella tarde bajo el sol veraniego de Cartagena de Indias, una multitud llena de miles de personas entre “comunes” y “distinguidos” eran testigos junto al mar y la luna del sur de lo que parecía el final del conflicto militar más largo del continente Latinoamericano,  parecía que finalmente tras 52 años de guerra, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) podrían silenciar sus fusiles y buscar por otros medios la justicia social esa que es tan elusiva en Colombia.

Aquella noche se vislumbraba posible que finalmente  las voces del progresismo, siempre tan castigado en Colombia podrían desarrollarse en paz y que ya no sería necesario causar dolor y muerte para hacer oír los reclamos de los fantasmas de Macondo.

Por una sola jornada nocturna bajo cobijo de las estrellas los fantasmas de miles de personas se reunieron en Cartagena para celebrar, ahí se encontraban Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa candidatos a la presidencia de la Republica de Colombia por el partido de izquierda Unión Patriótica (UP), junto al fundador del partido Henry Millán Gonzalez  y otros 5000 compañeros que como ellos fueron ultimados (VerdadAbierta.com) por atentar contra lo que los hijos de los caciques consideraban como suyo.

También se encontraban ahí Jaime Garzón Forero,  Héctor Abad Gómez, Adriana Fernanda Benítez Perugache, Manuel Cepeda Vargas, Alfredo Correa de Andréis, Olga López de Roldán, Kimy Pernía Domicó, José Eduardo Umaña Mendoza,  y otros tantos hombres y mujeres sin rostro, pero no son historia que fallecieron víctimas del paramilitarismo Colombiano, esa herramienta por medio de la cual el Estado instauro el terror en las zonas rurales y ajusticio a aquellos que le eran incomodos en los tiempos en que el dialogo era solo un sueño y las diferencias ideológicas se dirimían por medio de la violencia.

Como no podía faltar, se encontraba también Gabriel García Márquez nuestro “Gabo” querido, el escritor de mariposas y Generales, de laberintos y amores, el gran narrador de la Colombia profunda, se encontraba espectralmente, con su sonrisa característica y su lentes que reflejaban la luz de las estrellas, mientras escuchaba las palabras del Comandante Timochenko, también conocido como Timoleón Jiménez, quien decía:

“Sólo un pueblo que ha vivido entre el espanto y los padecimientos de una y otra guerra, durante tantas décadas, podía tejer pacientemente los sueños de paz y justicia social, sin perder nunca la esperanza de verlas coronadas por sendas distintas a la confrontación armada, mediante la reconciliación y el perdón.” (Echeverri, 2016)

Gabo sonreía y no podía evitar llorar, la paz de su pueblo se firmaba bajo la ciudad que lo enamoro en vida y que guarda sus restos mortales; finalmente aquella paz por la que el lucho “desde las sombras” (El Comercio, 2016)  se veía posible y real.

Sólo un fantasma no guardaba la misma alegría que todos; su rostro cuadrado y fuerte enmarcado por un peinado clásico de los años 40’s,  le daban un aspecto duro como duro fue en vida, y su fría mirada no ayudaba en nada al Dr. Jorge Eliecer Gaitan, que observaba lo que parecía ser el final de la violencia que empezara cuando lo asesinaran a él en las calles de Bogotá,  para frenar el proceso de justicia social que traía bajo el brazo y que lo tenía en la antesala de la presidencia de la Republica de Colombia.

Gaitán con su traje a tres piezas de color oscuro se acercó a Gabo y le dijo

-Esto no ha terminado ¿Lo sabes verdad? Ellos, los herederos de quienes me mataron no dejaran que la paz llegue, ese concepto está más allá de lo que ellos nunca entenderán, la única paz que les alegrara será la de la muerte de todos aquellos que osen desafiar su poder y sus privilegios.

-Si lo se Dr.- le contesto el premio Nobel que portaba una guayabera blanca como aquella con la que recogió  cierto premio en un país  europeo de cuyo nombre no quiero acordarme.

-¿Y entonces porque sonríes?- le cuestiono intrigado el otrora dirigente político.

-Porque Dr., este sueño es hermoso.

-Y porque vale la pena celebrar algunas victorias, por pequeñas  y efímeras que sean Gaitán– dijo una tercera voz que se encontraba entre los espectros de los desaparecidos por el terrorismo de estado,  el fantasma que salió de entre ellos, tenía una nariz aguileña y vestía ropajes de otra época.

El Dr., observo como la figura que salía no era otra que la del Libertador, Simón Bolívar, el padre de todo.

-Todos los fantasmas sabemos que esto no será fácil, los que nos odian por lo que luchamos  harán hasta lo imposible por tumbar el referéndum, y a lo mejor ganen, pero el destino de un pueblo  rara vez se confina a una sola batalla, lo que está viendo esta noche, le juro Gaitan, no es la batalla de Ayacucho, donde el pueblo junto a mí se liberó del yugo imperial, no lo que estamos viendo es apenas el juramento del monte Sacro, ambas partes han jurado luchar por la paz y yo confío en que ganaran,  los odios nunca prevalecen, al final siempre se cansan, pero los pueblos que luchan por su anhelos jamás desfallecen, yo algo se de eso.

Gaitán sonrió ante las palabras de Bolívar y asintió con la cabeza. –Tengamos Fe en nuestro pueblo entonces Libertador.

Y así los fantasmas terminaron de gozar aquella noche de esperanza, de una (esperanza) que el domingo 2 de octubre de este año 2016, se vio truncada con la victoria de los dispositivos de control de los poderes facticos, que lograron inocular el miedo en la población de Colombia, venciendo el NO a la paz por apenas 50,000 votos (La Jornada, 2016) y aunque la gente se ha tratado de encubrir diciendo que lo que quieren es la renegociación, lo cierto es que la negociación que proponen los poderosos pasa por el arresto de todos los miembros de las FARC-EP y por el indulto y la omisión al paramilitarismo que ellos provocaron así como por el silencio de las necesidades sociales en especial en el interior del Capitolio nacional de Colombia, ahí donde sesiona el congreso y donde es menester que la voz de los nadie se escuche.

Sin embargo también es cierto que este no fue el final de la lucha por la paz, pues apenas a poco más de 72 horas de la derrota, miles de personas, en especial jóvenes, marcharon por Bogotá, Medellín, Cali y otras de las principales ciudades de Colombia, reclamando el respeto a la paz acordada (El tiempo, 2016) mostrando que la lucha por la paz en Colombia apenas ha comenzado.

 

 

 

 

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