Yo también soy una capulla

Por Meren Plath (@serendipia_s)

La situación en España es bastante precaria: gente licenciada, con sueños que de momento son imposibles debido a su trabajo de mierda, que es lo que les permite sobrevivir mientras anhelan llegar a ese trabajo soñado.

Este es el contexto donde se enmarca Capullos que vuelan, obra de Lluis Mosquera, estrenada a finales de agosto en la sala Azarte de Madrid, en Chueca, y que no hace más que conquistar a su público. La gran mayoría de sus funciones han terminado con sold out, algo más que reseñable y que hace entrever la calidad del texto y del elenco.

El viernes fui a ver la obra por tercera vez, y puedo asegurar que si he repetido tantas veces (y las que quedan) es porque lo vale. En esta obra nos encontramos a una historiadora del Arte, Rut, bastante frustrada con su trabajo de animadora en comuniones y otros eventos infantiles, con un carácter que sería capaz de echar atrás a cualquiera que intentase llevarle la contraria. Una doble licenciada en Derecho y ADE, llamada Tere, la hermana de Rut, que aspira a convertirse en Youtuber y que intenta sobrevivir con un trabajo en McDonalds y otro en Zara. Iñaki, ingeniero informático con máster en desarrollo de apps para móviles, se busca la vida como modelo en una agencia donde hace de todo tipo de promociones, y es el ávido buscador de ofertas y cosas gratis de este particular grupo. Y por último, Pau. Filólogo experto en lenguas muertas que se marchó a Grecia a cumplir su sueño: escribir y ser publicado. Y lo consigue. Y vuelve.

Las situaciones son cotidianas, y es fácil verse identificado en algunas situaciones. Dentro de sus cuatro actos, cada uno está dedicado a un personaje distinto, donde al principio establecen un monólogo donde explican sus intenciones, sus miedos… Todo. Se desnudan a su manera, cada uno en su tono, pero siempre de manera brillante y sobrecogedora, incluso capaz de cortar la respiración de la sala entera en algunas ocasiones.

La escenografía es sencilla, apoyada en una pantalla con diversas imágenes (cuando la ocasión lo requiere) que nos muestra lo que están haciendo los personajes con el móvil, o los cambios de acto. Y el texto es una maravilla: refleja en un tono de comedia (también tiene momentos dramáticos) la realidad más cruda de los jóvenes de nuestro país. Pero también es una llamada a la esperanza. Mientras nos quede un pequeño atisbo de luz podremos seguir luchando. La banda sonora que acompaña los cambios de acto está elegida con mucho mimo y cuidado, y refleja perfectamente la personalidad del acto y del personaje al que precede.

Lluis Mosquera, con su increíble elenco, conformado por Javier Martínez, Enrique Cervantes, María Part y Alba Fontecha, consiguen crear un microcosmos, un universo que te atrapa y no te suelta, durante 90 minutos en los que, aparte de ser imposible apartar los ojos del escenario, se ríe mucho, se llora a ratos y se sufre de manera esporádica mientras observamos que todo, por muy negro que parezca, siempre se termina por avistar a un rayo de esperanza bailando.

Lo dijo Gabino Diego, aquello de que el humor es una cosa muy seria. Y todo el equipo de Capullos que vuelan consiguen transformar este drama real en una comedia esperanzadora.

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Horarios de las obras durante el mes de noviembre. Foto de la página de Facebook.

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