Relatos Birmanos: Mingun y Bagan

Mingun.

Mingun.

Por Alba Zaragoza (@alba_zdv)

Aunque al principio del viaje íbamos a quedarnos solo dos días en Mandalay, decidimos quedarnos un día más para ir con Olga, la chica de Barcelona que conocimos el día anterior, a Mingun. Mingun es un lugar sagrado que se encuentra a una hora en barco desde el embarcadero de Mandalay. Hay salidas todos los días a las 9 de la mañana, el regreso es sobre la una de la tarde el pasaje en barco se compra directamente en el embarcadero y tiene un coste de 3,5 euros (5000 Kyats). Al llegar a Mingun hay que pagar otra tasa (llamada “Mingun Sagaing archeological admision fee”) de 5000 Kyats. A lo largo del viaje nos hemos ido dando cuenta que esas tasas impuestas a los turistas son recaudadas por el Gobierno y que sirven para los costes de mantenimiento de los lugares sagrados y turísticos.

El paseo por en Mingun es precioso y toda una experiencia: entre otros, los puntos de interés son la Campana de Mingun, de más de 4 metros de altura, Mingun Paya y Hsinbyume Paya, dos impresionantes pagodas a las cuales se puede subir y admirar el paisaje.

Mingun.

Mingun.

Mingun es un pueblo que, como muchos otros en Birmania, sobrevive gracias al turismo. Podemos encontrar puestos de recuerdos (ropa y joyas en su mayoría) y de comida. Por 1000 Kyats, la ridiculez de 70 céntimos de euro, uno puede beber agua de coco de un coco recién abierto.

En el camino de ida en el barco conocimos a dos italianos, Luigi y Matteo. Es una de las maravillosas cosas de viajar. Puedes conocer fácilmente a mucha gente que, por lo general, tiene las mismas inquietudes, ilusiones y ganas que tú. No tardamos mucho en darnos cuenta que tanto Olga como Luigi tenían el mismo recorrido que nosotras y que íbamos a volver a coincidir en Bagan y en el Lago Inle.

Al regresar a Mandalay decidimos comer algo con Olga e ir a visitar el sur de la ciudad. Aunque teníamos dos guías de Lonely Planet, tardamos más de media hora en encontrar un restaurante, ya que varios negocios habían cerrado o se habían trasladado. Comimos en “Pan Cherry” un curry por 10000 Kyats las tres (sí, ¡solo 7 euros!).

Vistas desde el monasterio Ma Soe Yein Kyaung, en Mandalay.

Vistas desde el monasterio Ma Soe Yein Kyaung, en Mandalay.

En el sur de la ciudad se encuentra el monasterio Ma Soe Yein Kyaung. Es un lugar tan poco turístico que tuvimos que parar varios taxis hasta dar con uno que quiso llevarnos. El monasterio Ma Soe Yein Kyaung estaba, como predijimos, vacío (no había más turistas que nosotras tres). Al principio siempre da un poco de corte entrar en los lugares sagrados, sobre todo en los monasterios, ya que parece que invadimos el espacio y la rutina de los monjes. Creo que es por la tradición heredada que tenemos en Europa con el cristianismo. El budismo tiene, a mi parecer, muchas incongruencias (sobre todo respecto a la mujer) pero creo que es una religión mucho más accesible y que abraza con mucha facilidad a cualquier persona.

Encontramos a los monjes en plenas tareas de estudio, meditación y labores del hogar. Desde la más alta torre del monasterio se puede disfrutar de unas espectaculares vistas y de la puesta del sol.

Monjes estudiando en el monasterio Ma Soe Yein Kyaung, en Mandalay.

Monjes estudiando en el monasterio Ma Soe Yein Kyaung, en Mandalay.

Birmania es un país que vive acorde a las horas de luz: el alba se da sobre las seis de la mañana y el atardecer antes de las cinco y media de la tarde. Por lo general tienen horarios muy distintos a los nuestros (aunque empiezo a sospechar que nosotros somos los que tenemos horarios muy distintos al resto del mundo en general): se suele comer entre las 12 de la mañana y la una de la tarde y la cena es a las seis o siete de la tarde.

Después de ver la puesta del sol en el Monasterio Ma Soe Yein Kyaung fuimos a nuestros hoteles a ducharnos y salimos a cenar con Olga, Luigi y Matteo a un restaurante en el centro de Mandalay. Acabamos en la azotea de nuestro hotel jugando a las cartas y organizando nuestros siguientes días en Bagan, ya que Olga y Luigi iban a pasar ahí también unos días.

 

Bagan

Lawkananda Phaya en reconstrucción tras el seísmo del 24 de agosto, New Bagan.

Lawkananda Phaya en reconstrucción tras el seísmo del 24 de agosto, New Bagan.

Como Birmania solo tiene una autopista que une Yangon con Mandalay, el resto de traslados se hacen por carreteras secundarias y los trayectos son muy largos. Aunque todas las principales ciudades de Birmania tienen aeropuerto y los trayectos locales son muy baratos, para este viaje decidimos hacer todos los desplazamientos largos en bus. ¡Y qué buses! Después de viajar en un bus VIP con azafata y mantas de franela, no sabíamos con qué bus nos íbamos a topar para ir hasta Bagan.

Bueno, antes de que se me olvide. ¿Cómo comprar los billetes de bus en Birmania? Todos, absolutamente todos los hoteles tienen servicio de billetería de las compañías de autobuses. Tienen los recibos de todas las compañías y, en un par de llamadas, confirman las plazas y hacen el cobro. Es muy cómodo teniendo en cuenta que la mayoría de los lugareños no hablan inglés. Además el trayecto en autobús suele incluir la recogida en el hotel a lo que nosotras hemos llamado “la hora birmana”. Básicamente el hotel te dice que el autobús llega a una hora, pero suele llegar entre media hora y hora y media más tarde (por las otras recogidas en hoteles, el tráfico…).

El bus hasta Bagan vino, pues, a recogernos a nuestro hotel. Era un autobús/furgoneta para 15 pasajeros, aunque creo que éramos unos 20. Muchos locales se fueron acoplando a nuestra furgoneta para ir de un pueblo a otro. Aparte del conductor, este autobús también contaba con un servicio de azafato para ayudar con el equipaje e indicar a los locales nuestra ruta, para ver si se acoplaban con nosotros.

El viaje en bus de Mandalay a Bagan es de aproximadamente cinco horas. No se nos hizo nada largo: no paramos de hablar, bromear, soñar… Además disfrutamos de una de las mejores comidas de todo el viaje, por un euro y medio entre las dos, en un restaurante en la carretera. ¡Ojo! Un restaurante en Birmania son 4 mesas, 10 sillas y una familia cocinando en unos fogones. La salubridad es dudosa, a veces, por lo que recomiendo a los muy escrupulosos y quisquillosos que se abstengan (aunque, evidentemente, ¡ellos se lo pierden!).

Bagan no es una ciudad en sí misma, sino una zona. Alrededor de los templos se han ido formando las tres “ciudades”: Old Bagan, New Bagan y Yang-U, en las cuales se han instalando hoteles, restaurantes, agencias de viajes y demás necesidades para los turistas. Old Bagan es, como su nombre indica, la parte más antigua de la zona, y donde se encuentran los hoteles algo más caros. Los típicos hoteles donde irían vuestros padres, vaya. New Bagan y Yang-U tiene más restaurantes, hostales y albergues y servicios para los turistas como alquiler de bicicletas (ya anticuadas en Bagan) y de e-bikes.

Ibamos a alojarnos en hostal Ostello Bello en New Bagan, ya que las críticas son muy buenas y se conoce a mucha gente, pero el hostal estaba completo, por lo que reservamos en un hotel a una calle: Bagan Empress Hotel. Al final resultó ser mejor opción. Por el mismo precio tuvimos nuestra propia habitación, algo más de tranquilidad y si queríamos ir a Ostello Bello estábamos a un minuto andando. De hecho es el mejor hotel en el que hemos estado en todo el viaje.

Al llegar fuimos a ver la Pagoda Lawkananda, la más cercana a nuestro hotel. Nos encontramos con lo que iba, por desgracia, a ser el día a día de nuestra estancia en Bagan. Debido al seísmo del 24 de agosto de este año (el mismo que se sintió en Italia), muchas pagodas sufrieron daños estructurales. La punta de la de Lawkananda se había caído y ésta se encontraba en labores de reconstrucción. Aún así todas las pagodas conserban su esplendor y muchas de ellas están intactas.

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Mount Popa Temple es una ciudadela habitada por monos.

Como ya no podía demorarse más, nos toco pagar la turistada del viaje. Se acercó a nosotras un estudiante que vendía pinturas de, supuestamente, su padre. Nos parecieron tan bonitas y nos contó una historia tan enternecedora que le compramos un par de pinturas cada una… Para darnos cuenta en los siguientes días que ¡todo el mundo vendía esas pinturas en todas las pagodas y a menos de mitad de precio! Y todos dicen, evidentemente, que son sus pinturas.

Luigi llegó a Bagan el mismo día que nosotras. Se alojaba en Old Bagan, por lo que fuimos ahí a cenar, a un excelente restaurante italiano, de estándares europeos, llamado “La Terrazza”. A nosotras tampoco nos hizo tanta gracia al principio pensar en cenar en restaurante europeos, pero las opciones alimentarias en Birmania, y más si son veganas en nuestro caso, son tan limitadas que después de varios días comiendo noodles, arroz, currys, sopas y vermicelli de verduras, era necesario cambiar.

Para el día siguiente planeamos una excursión en grupo con guía, gratuita, que organizaba Ostello Bello. Luigi también vino con nosotras. Bueno, la excursión en sí es gratuita pero luego hay que darle al guía una donación. La excursión se hace en e-bike que se puede alquilar en todo Bagan por entre 5000 y 7000 Kyats por día. Las e-bikes son motocicletas eléctricas de tres marchas. En Bagan nadie usa bicicletas ya: las motocicletas son más rápidas y permiten acceder a caminos más remotos.

La excursión con Cristopher, el guía, no aporta nada desde el punto de vista histórico/cultural (más aporta la guía de viajes), pero es perfecta para ubicarse en Bagan y saber cuáles son los puntos clave para ver el amanecer y atardecer. Además permite conocer a muchísima gente que se va a quedar esos días en Bagan, y hacer planes en conjunto. Luigi hizo con nosotras la excursión.

De hecho, para el día siguiente, planeamos ir con Luigi, Olga (que justo llego después de nuestra excursión), y dos francés que habíamos conocido (uno de ellos del hotel de Luigi, otro del Ostello Bello) a un trekking por al Monte Popa, a menos de 40 Km de Bagan. Pedimos una camioneta y un conductor para todo el día que nos costó 63000 Kyats entre todos, menos de 10 euros por persona para todo el día.

Vistas desde Mount Popa Volcano.

Vistas desde Mount Popa Volcano.

El Monte Popa se divide en dos: Monte Popa Volcano y Monte Popa Templo. Todos los turistas suelen ir al Monte Popa Templo, una subida de 789 escalones por un templo habitado y dirigido por monos en libertad. Matteo nos recomendó hacer el trekking al Monte Popa Volcano, un trekking de dos horas hasta la cumbre, muy fácil y bien señalizado. ¡Menos mal que hicimos ese trekking! Algo de deporte por fin, tras tantos días alimentándonos de carbohidratos. La subida al templo del Monte Popa es imprescindible, pero muy corta, por lo que el trekking hace que el desplazamiento merezca completamente pena.

Los siguientes días los pasamos en Bagan, tranquilamente, con la gente que habíamos conocido. Cogimos las motocicletas eléctricas todos los días y pudimos ver la mayoría de templos. No pudimos ver ningún amanecer, ya que llovía todas las noches, por lo que los caminos estaban muy embarrados y había muchas nubes, y tampoco alcanzamos a ver ningún atardecer completo. Aun así esos días en Bagan fueron maravillosos, los mejores del viaje sin duda.

La Pagoda Mingalar Zedi, en reconstrucción tras el seismo del 24 de agosto, Old Bagan.

La Pagoda Mingalar Zedi, en reconstrucción tras el seismo del 24 de agosto, Old Bagan.

Olga y Luigi, con quienes pasábamos la mayoría del tiempo, se fueron antes que nosotras de Bagan. Fue nuestra despedida con Olga, aunque a Luigi todavía íbamos a verle, en principio, un par de veces más. Para nuestra última noche escogimos un plan distinto: clases de cocina birmana. El restaurante Wheel de New Bagan (entre nuestro hotel y Ostello Bello) ofrece por 20 euros persona clases de cocina. Pedimos un menú vegetariano/vegano y no picante (Cristina se ha acomodado perfectamente a mi dieta vegana), ¡y lo hicieron sin problemas! De hecho era un menú completamente vegano salvo un plato con huevos cocidos, fácilmente substituibles en el futuro. No había nadie más en las clases, ni en el restaurante, por lo que disfrutamos de la experiencia al máximo. Cocinamos sopa de lentejas, taro frito (un tubérculo entre el nabo y la patata), curry de calabaza, curry de huevo, curry de tofu (tofu improvisado con masa de harina de garbanzo), vermicelli de verduras y tea leaf salad, una ensalada de té típica de la zona. Una noche perfecta como colofón de unos maravillosos días.

El resultado de las clases de cocina birmana en Bagan.

El resultado de las clases de cocina birmana en Bagan.

Llegamos a Bagan con las expectativas muy altas, algo que intentamos evitar para no llevarnos ninguna desilusión, pero fueron superadas con creces.

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