El futuro de las ‘ciudades santuario’

Foto: Voz de América (voanoticias.com).

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Por Alaia Rotaeche (@aL_rc)

En los años 80, surge en Estados Unidos el concepto de “ciudades santuario”, ciudades que, sobre todo a partir de la iniciativa de grupos solidarios locales y de la Iglesia, y luego progresivamente a través de diversos programas e incluso de ordenanzas municipales, eran más acogedoras para los inmigrantes sin papeles y fomentaban su integración. Se trataba de un refugio en el que salvarse de la deportación para gente que llegaba de la desesperación, de convulsos ambientes políticos o de la pobreza, sobre todo desde Latinoamérica, pero en general desde todas partes del mundo, y también más recientemente desde Oriente Medio.

Algunas son ciudades santuario de manera informal, sin ningún programa impulsado por las autoridades locales ni nada que se le parezca; otras, como St. Louis (Missouri), cuyo alcalde es nieto de inmigrantes libaneses, impulsaron programas de ayuda y de integración desde el mismo gobierno local. Ciudades que habían quedado casi desiertas por el éxodo a las grandes urbes, como Baltimore o Detroit, se han visto o buscan ser revitalizadas por la llegada de los inmigrantes. Entre las ciudades santuario más populares están Nueva York, San Diego, St. Paul (Minnesota), San Francisco, Los Angeles o todo el estado de Nueva Jersey.

Nunca han estado exentas de controversia política. Ni de tensiones. En la otra parte, pese a los esfuerzos de integración por parte de la mayoría de los inmigrantes, de la población local y en muchas ocasiones de las autoridades, a lo largo de los años ha habido casos de delincuencia por parte de los inmigrantes. En San Francisco, este pasado mes de julio, Kate Steinle fue disparada por Francisco López-Sánchez, un mexicano que ya tenía delitos anteriores, pero debido al vacío legal y al caos que tienen las autoridades en torno a ese tema no había sido deportado.

El caso de Sabine Durden y su hijo Dominic Durden, muerto en un accidente de coche, sirvió a Donald Trump en su ferviente campaña contra las ciudades santuario. Dominic Durden chocó contra un coche conducido por un dominicano indocumentado y su madre ha contado su caso en convenciones republicanas para hablar en contra de los programas de integración y de la tolerancia con los indocumentados, en ocasiones, como demuestran algunos casos, mayor que con los estadounidenses, al existir esas lagunas legales. El problema es que todos los inmigrantes comienzan a ser culpabilizados y estigmatizados debido a este tipo de casos, y cada vez más.

Ya hay estados enteros que condenan el fomento de la integración. En febrero de este año en el estado de Florida, los republicanos aprobaron un proyecto de ley contra estas ciudades, según la cual se castigaría a las comunidades que apoyen las llamadas “políticas santuario” y convertiría a las autoridades locales en una especie de agentes de inmigración: tendrían que informar sobre la presencia de inmigrantes indocumentados. También los republicanos presentaron un proyecto de ley prácticamente idéntico en Iowa en torno al mismo mes.

No obstante, lo que Trump nunca ha mencionado es la otra cara: los refugiados que han sido víctimas de ataques racistas de ciudadanos o de la brutalidad policial. El magnate ha vuelto a sacar a la palestra, aprovechándose de las tensiones y del descontento de un sector de la población estadounidense en torno a la inmigración, un tema que siempre ha estado en boca de los estadounidenses, en un lado o en otro. Ahora que se convertirá en el nuevo presidente del país, el futuro de las ciudades santuario, y de los que esperan empezar una nueva vida, encontrar un trabajo, gracias a ellas, peligra seriamente.

Ante este panorama, la agencia Magnum, junto al canal de noticias MSNBC, ha impulsado un proyecto para dar visibilidad a estas ciudades santuario, sin omitir detalles.

Una de las fotografías del reportaje de Magnum y MSNBC, vía IG @magnumphotos

Una de las fotografías del reportaje de Magnum y MSNBC, vía IG @magnumphotos

Quizás haya que repensar las leyes y los objetivos de estos refugios; porque deberían ser refugios, y no ciudades sin ley.

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