Relatos birmanos: segunda parte

Mandalay Place Hotel (Mandalay).

Mandalay Place Hotel (Mandalay).

Por Alba Zaragoza (@alba_zdv)

Mandalay, Amarapura y alrededores

Aunque al llegar a Mandalay tras el viaje en bus nocturno desde Yangon tuvimos algo de lluvia y el pronóstico para durante nuestra estancia en Mandalay anunciaba ese mismo temporal, nos hizo un tiempo increíble.

Después de descansar un poco en el hotel decidimos empezar nuestra visita por Mandalay, también conocida como la ciudad de las motos debido a la cantidad de motos que circulan por la ciudad en un caos perfectamente organizado.
Decidimos empezar por el antigo Palacio Real (Mandalay Royal Palace). Para acceder al palacio hay que rodear la muralla y el rio de alrededor, ya que en la actualidad hay tan solo una entrada abierta. En esta larga caminata nos dimos cuenta de los hambrientas que estábamos al no haber comido nada desde el día anterior por lo que decidimos parar en el único restaurante que vimos antes de entrar en cetosis. Por menos de 8 euros tuvimos derecho a una sopa de verduras y jengibre, noodles con verduras, water cress, una especie de acelga, y zumos naturales de zanahoria. La verdad es que es sorprendente lo barata que es la comida en Asia en general, y en este país en particular. Eso sí, lo mejor es comer sin prisa ya que el servicio es más lento del que estamos acostumbrados en Europa. Quiero pensar que es porque la comida está hecha en el momento, y con mucho mimo…

Universidad de Mandalay (Mandalay).

Universidad de Mandalay (Mandalay).

Para entrar en el Palacio Real de Mandalay hay que pagar un fee de 10000 Kyats (menos de 8 euros) llamado “Archeological Mandalay” y que luego sirve para visitar todos los monumentos, templos y estupas de la ciudad y alrededores. El Palacio está custodiado por la armada, y el acceso para los extranjeros queda limitado a los aposentos del rey y de la reina y de su sequito. Aún con una visita limitada, la visita merece completamente la pena.

Tras caminar un poco por las afueras de la ciudad emprendimos nuestro camino hacía Mandalay Hill, un templo en una colina desde donde se puede divisar un maravilloso atardecer. De camino nos paramos en varias estupas y un monasterio y pasamos por delante de la Universidad de Mandalay, lo cual me hizo una tremenda ilusión.

Como es habitual en Birmania, la entrada a cualquier lugar sagrado debe hacerse descalzo, no pueden llevarse pantalones por encima de la rodilla ni camisetas de tirantes, y esta norma se aplica tanto a hombres como a mujeres. Antes de entrar a estos lugares siempre hay puestos con faldas y longys para los turistas más despistados, a un precio muy asequible (¡además ya sirve de recuerdo!).
La subida a la cima de Mandalay Hill se hace en más o menos 30 minutos, por unos escalones perfectamente habilitados. Para no perdernos el atardecer tuvimos que subir casi corriendo. Al vernos, un monje se unió a nuestra caminata y empezó a hablar con nosotras, una práctica muy natural tanto en monjes como en lugareños para hablar algo de inglés. Por desgracia y a pesar de no haber llovido, no pudimos ver el atardecer porque las nubes tapaban por completo el sol. Aún así Mandalay Hill es una de las must de Mandalay.

Por la noche asistimos a un espectáculo de marionetas en el la azotea del hotel. Como en la mayoría de los países, el arte es una de las vías que tiene el pueblo para expresarse. En Birmania se utilizaba sobre todo la sátira y el humor en espectáculos de marionetas y a día de hoy se sigue manteniendo esta tradición.

Mahagandaryon Monastery (Amapura, Mandalay).

Mahagandaryon Monastery (Amarapura, Mandalay).

Para el día siguiente el conductor que nos recogió en la estación de autobuses en Mandalay se ofreció para llevarnos a un tour por las afueras de la ciudad. Aunque parezca que hay que tener una gran planificación y control sobre el viaje, no es necesario: todo se organiza en el momento y se va planeando sobre la marcha. El tour por las afueras de Mandalay cuesta unos 30 euros, según la tarifa que se negocie con el conductor. La recogida en el hotel suele ser alrededor de las 9 de la mañana para ir a Amarapura, al monasterio Mahagandaryon para asistir a la ofrenda y desayuno de los monjes. Como no, después de la ceremonia hablamos con un monje que se presentó a sí mismo como Diego Costa. Nos hizo un tour privado por el monasterio, en el cual habitan cerca de 1200 monjes y nos contó cual era la rutina de los jóvenes monjes que, como él, estaban estudiando. Se despiertan muy pronto, a las cuatro de la mañana para meditar, a las seis de la mañana rezan a Buda y, por lo general, a las 10 hacen la ofrenda y comen para después descansar y estudiar hasta por la tarde, cuando por lo general hacen labores de limpieza, rezan, y se acuestan.

Inn Wa (Mandalay).

Inn Wa (Mandalay).

Al ser las últimas en salir del monasterio evitamos la multitud que estaba haciendo el mismo recorrido que nosotras. El conductor nos llevo a la pagoda de Soon U Ponya Shin, donde conocimos a una chica de Barcelona, Olga, que está haciendo el mismo recorrido que nosotras tanto en Mandalay como para parte del viaje. La siguiente pagoda que visitamos es U Min Thonze, un lugar precioso, colorido y muy tranquilo. ¡Pero lo mejor estaba por llegar! Nuestro conductor nos llevo a orillas del río Irawadi a comer antes de cruzar en barco el río para ir a Inn Wa, una pequeña isla llena de pagodas abandonadas. Nos encontramos de nuevo con Olga, y hablamos sobre qué hacer al día siguiente. Decidimos quedar en el embarcadero de Mandalay para ir a Mingun en Barco al día siguiente.

Después de comer tocaba volver a nuestra ruta y cruzar el río. El recorrido de la isla puede hacerse en carro o en bicicleta, aunque esa opción es menos recomendable ya que es más lenta. Inn Wa es precioso: es como estar en Camboya en mitad de un bosque con ruinas.

La última parada del día fue sin duda el lugar más conocido y turístico de Mandalay: el puente U Bein de Amarapura. De nuevo nos perdimos el completo atardecer por las nubes, pero el paseo por el puente y alrededores es maravilloso. Cosas del destino… ¿a quién nos encontramos en el puente? A nuestro querido monje Diego Costa, con quién estuvimos conversando un buen rato.

De vuelta al hotel no pudimos articular ni media palabra. Tras un día tan ajetreado y el plan armado para el día siguiente nos metimos en la cama ipso facto…

¿El resto de la aventura? ¡En la siguiente edición!

U Bein Bridge (Amarapura, Mandalay).

U Bein Bridge (Amarapura, Mandalay).

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