‘Arder para resucitar’, la historia de Planta Baja

Por Tatiana Arenas (@tatianaarenas_)

Esta es la historia de cómo un día triste la música se convirtió en ceniza para resurgir después del desastre como el ave fénix con más fuerza y garganta que nunca. Pero comencemos por el día feliz. Es sábado, 29 de noviembre y la media noche está a punto de caer en la mágica ciudad de Granada. Podría tratarse de un sábado cualquiera en el que se hace necesario elegir garito en el que pasarlo bien, pero esta noche no, tenemos muy claro dónde está la cita. Según nos vamos acercando a la calle Horno Abad voy vislumbrando una ristra de gente a las puertas del mismo local, la sala Planta Baja. Me entusiasmo.

Me entusiasmo porque me encuentro ante todo un punto emblemático dentro del panorama musical no solo granadino, también nacional e internacional. No tengo muy claro de cuál de todos los encantos de esta ciudad (porque son muchísimos) proviene tantísimo arte y tantísima sensibilidad cuando hablamos de música, pero lo cierto es que la ciudad del legado universal del Lorca y del patrimonio nazarí ofrece calidad musical a mansalva. Apodada como la “pequeña Seattle” del Pop y del Rock independiente, Granada ha sido cuna musical y sigue siendo vivero de cantidad de grupos conocidos por todos. 091, TNT, Lagartija Nick, Los Planetas, Eskorzo, Lori Meyers, Los Ángeles, Niños Mutantes o La Guardia son solo algunos de los nombres destacados detrás de los cuales hay cientos de grupos locales emergentes. Las teorías conspiratorias sobre el por qué este mágico rincón de España es toda una incubadora de arte dejan de tomar importancia cuando dejas concentrar todos tus sentidos en escuchar cualquiera de los grupos nombrados o de los locales.

Sigo acercándome a la puerta y mi cabeza imagina la de veces que habrán pasado camiones cargados de amplificadores, altavoces, instrumentos y demás bártulos para dar un concierto. Cuantísimas veces se habrán hecho colas para ver los primeros pinitos de aquellos que ahora son referentes. La de ilusión de los grupos que vieron el Planta como su primera oportunidad para subirse a un escenario. Porque, después de haber leído mucho, he aprendido que si por algo se caracteriza la sala Planta Baja es por su apuesta por los emergentes y por haber dado servido de trampolín musical a cantidad de grupos pequeños que empezaban durante años. La música en directo y sus encantos dentro de esta sala llevan fluyendo desde su inauguración en el año 1983 en plena “movida granaína”. Pero un mal día la magia tuvo que parar, por suerte, solamente por unos meses, debido a una tragedia en forma de llamas.

El pasado 12 de junio la sala Planta Baja quedó prácticamente devastada por un incendio que nació y se propagó en su interior. La actuación de los bomberos locales fue rápida y las llamas quedaron solventadas antes de que terminase el día, sin embargo los daños se temían importantes. Los medios de comunicación se hicieron eco del suceso y las redes sociales se llenaron de mensajes de apoyo de una multitud de grupos musicales que conocían e incluso habían pasado por los escenarios de la sala. Algo se quemó también dentro del panorama de la música independiente nacional.

A pesar del desastre y lejos de rendirse, los dueños de la sala se propusieron reconstruir de entre las cenizas lo que había sido hasta ahora un punto musical clave para la ciudad y así lo hicieron. Tras meses de trabajos de remodelación y aplazamiento de fechas de reapertura por fin había llegado el día, este día 29 de noviembre del 2016. Los encargados y dueños de la sala son los mismos que integran el grupo Eskorzo, que, este año, han combinado los trabajos de remodelación con los escenarios.

No había tenido la suerte de haber pisado con anterioridad la sala, pero dentro se respiraba alegría. La planta de arriba contaba con un aire industrial y la mítica escalinata remodelada conducía con orgullo a la zona de abajo donde se encuentra el escenario. No hay ni rastro de tristeza ya en ningún punto del local, y la música volvió a inundar todos y cada uno de los rincones donde también se reencontraban grupos de amigos que parecían ser habituales. Llegué tarde para los conciertos de inauguración, pero solo hacía falta merodear por cualquiera de las dos plantas para darse cuenta de que aquello era una gran fiesta. Los mismos bomberos que apagaron el fuego el fatídico día de junio, fueron los encargados de reinaugurar el escenario y la fiesta se alargaría una semana bajo el lema “Arder para resucitar” y con la visita de referentes como Los Planetas, Neuman, Lori Meyers, Lagartija Nick, Soléa Morente o Niños Mutantes.

Me sentí una privilegiada por poder contemplar con mis propios ojos cómo resurgió este rincón granaíno lleno de arte, de cómo un proyecto y las ganas de seguir adelante pueden con todo. Porque reabrir el Planta es más que volver a abrir un local, es volver a la magia de la música en directo, volver a dar oportunidades y visibilidad al talento de emergentes y volver a ver que no hay gremio en el que exista amistad más fuerte que en el de la música.

Por muchos años más de fiesta y de música, larga vida al Planta Baja.

Fotografías: Javier Martín Ruíz (Fuente: Página oficial de Facebook de Sala Planta Baja)

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