Ser mujer en Afganistán

Por Verónica Living (@cardiodrama)

Ser mujer no es fácil. No nos lo ponen fácil. Ser mujer en Afganistán puede ser una pesadilla.

Los textos de Mónica Bernabé y las fotografías de Gervasio Sánchez nos hablan de ello en la exposición Afganistán. Mujeres, en el Centro Cultural Conde Duque (Madrid), hasta el 27 de noviembre.

«Desde la caída del régimen de los talibanes en el año 2001, las mujeres afganas se han organizado para defender sus derechos y mejorar su situación, y se han producido avances […]», empieza contándonos esta exposición. Nos habla en primer lugar de las circunstancias que han llevado a que la situación que viven las mujeres afganas hoy en día, y han vivido desde hace décadas, sea deleznable. Guerras, potencias políticas, armas, violencia, que ellas tienen que sufrir y pagar con sus propias carnes siendo consideradas un ser inferior al hombre, un ser que puede ser atacado, escondido, secuestrado, usado como truque, vendido.

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En Afganistán, son los hombres los que toman todas las decisiones por las mujeres: cuándo y con quién casarse, cuántos hijos tener, cuándo tener sexo y con quién, si estudiar o no, enseñar la cara o no. Los rostros que se nos muestran en estas fotografías nos cuentan dolorosos relatos: de cómo sus padres (u otro miembro varón de su familia) les obligan a casarse con hombres mucho más mayores, que ellas no aman. De cómo estos hombres pagan mucho dinero por poder casarse con ellas, y entonces se creen que son de su propiedad, que tienen el derecho a abusar de ellas de culquier manera. De cómo las violan, las pegan, y ellas no pueden hacer nada. De cómo tienen más hijos de los que su cuerpo puede contener, y estos mueren de malnutrición. O se intentan divorciar, escapan de casa y se refugian en las pocas casas de acogida que hay. De cómo acuden a las drogas en busca de un alivio de su realidad, y a veces como recurso desesperado para curar enfermedades, ya que sus maridos no las quieren llevar al hospital. E incluso de cómo algunas recurren a la muerte para escapar de todo esto: se echan gasolina por encima y se prenden fuego a sí mismas a lo bonzo.

Esta es la guerra de las mujeres afganas. Por la que algunas se han esforzado muchísimo para poder llegar a ocupar algún cargo en el gobierno, y tratar con todas sus fuerzas de cambiar la situación a la que se enfrentan. Se han producido avances, pero en esta exposición podemos ver con nuestros propios ojos cómo hay mujeres que siguen viviendo en esas condiciones. Y cómo siguen luchando.

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