Bob Dylan, sí al premio Nobel de Literatura

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Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

Hace unas horas conocíamos el fallo, por fin, del premio Nobel de Literatura de este año 2016. Como cada año, expectación en la puerta de la Academia Sueca. A las 13.00 horas, Sara Danius, secretaria del la Academia sueca, abría las puertas para anunciar el nombre del galardonado. Las quinielas estaban hechas desde hacía días. Que si Philip Roth, Don DeLillo, Ngugi Wa Thiong’o, Adonis… Que si a ver si ya nos quitamos de encima a Murakami… Incluso chascarrillos y gracias en torno a Coelho como posible ganador (yo misma las he hecho en ese sitio donde todos tenemos la razón hasta que miles de twitteros se te avalanchan para hacerte ver lo equivocado que estás).

Y con el nombre que ha pronunciado Danius, ha llegado la polémica. Bob Dylan.

Espera… ¿Bob Dylan? ¿Dylan el de la guitarra y la armónica? ¿El de las canciones folk? Tras los breves segundos de sorpresa y estupor, las redes sociales no han tardado en inundarse, indignadas, pidiendo por igual, un Grammy Latino para Vargas Llosa. Sitiéndolo mucho por los puristas, y reconociendo que normalmente no estoy de acuerdo con los ganadores de los Nobel (siempre y cuando sean categorías en las que, más o menos, me puedo mover), el reconocimiento a Bob Dylan es más que necesario.

Dylan representa la figura del folk, del cantautor por excelencia. Y no sé si soy yo, pero no veo ningún motivo para llevarse las manos a la cabeza ante este reconocimiento. En toda música, detrás de esos acordes, de esas melodías que nos invaden cada vez que la escuchamos, hay un trasfondo literario, mágico, sustentado en unas letras.

En este caso, en el de Dylan, estas letras son poesía pura. Poesía que viene de un tal Dylan Thomas, que en su día puso voz a esta disciplina artística, que viene de influencias beats, de Ginsberg, de Corso, de Hettie Jones, de Diane di Prima… De letras compartidas con Patti Smith. Dylan, junto con todos ellos, ha conseguido que la poesía trascendiese desde su rincón olvidado en las estanterías de bibliotecas que nadie visita. Ellos consiguieron que esta forma de arte volviese a su forma originaria, a la oralidad con la que el género literario más antiguo nació. Dylan no deja de ser el aedo que recita acompañado de su lira para que la gente sea más feliz, menos estúpida, más inquieta.

El reconocimiento de Bob Dylan con este galardón no es sólo de Bob Dylan. Es para todos aquellos en los que se sustenta su figura y que no fueron reconocidos en su momento. Él nunca quiso ser el mesías del trocito de historia que le ha tocado vivir. Probablemente, tampoco haya querido ser el legado de todos ellos. Pero gracias a él, las voces de quienes le han llevado a ser Bob Dylan y no un tal Robert Allen Zimmerman que pasaría desapercibido en su casa de Minnsota resuenan hoy más que nunca.

Larga vida a Dylan. Y a todos los que suenan en su voz y a través de su guitarra. A todos los que se atrevieron a hacer revolución a través de las letras.

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2 comentarios en “Bob Dylan, sí al premio Nobel de Literatura

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