#Festivalismos: cómo sobreviví al Granada Sound con las Mamarrachas Borrachas

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Por Meren Plath (@serendipia_s)

-Sara.

-Gñé…

-Sara…

-Mhnnn…

-¡SARA VENGA QUE SON LAS CINCO Y MEDIA Y TENEMOS QUE ESTAR A LAS SEIS Y MEDIA EN LA ESTACIÓN!

-Meren, como no te relajes, te pongo la almohada de mordaza.

——-

La historia de este viaje y de cómo llegué a ese punto un 22 de septiembre de 2016 a las 5.30 de la mañana empezó allá por el mes de marzo, cuando Loga me dijo muy seriamente de irnos a Granada de festival. Yo, que me apunto a un bombardeo, dije que sí. Era mi primer festival, y además llevaba muchos años sin ir a Granada. Era una oportunidad inmejorable para poder pasear por la ciudad de nuevo; el viaje apuntaba maneras desde el minuto menos uno.

La primera de las anécdotas de este maravilloso viaje ocurrió durante la primera venta de abonos. Fue allá por Semana Santa, y no recuerdo haber pasado tanta agonía, nervios y desesperación en unos minutos –corrijo: el proceso de automatrícula en la UCM podría equipararse en agonía a la venta de abonos de cualquier festival-, sobre todo porque yo conseguí entrar a por el preciado bono a precio reducido pero Loga se había quedado en el camino. Sin embargo, resurgió de las profundidades de la lucha contra el Balrog que es Ticketea con el bono rebajado –igual que cuando Gandalf el Gris se transforma en Gandalf el Blanco-. La alegría y el jolgorio se apoderaron de nosotras y decidimos compartir tal dicha en nuestras redes sociales. Llovieron retuits, favoritos y menciones felicitándonos por tal hazaña, y mientras consultábamos nuestros timelines apareció un mensaje de Sara, que anunciaba también con júbilo que ella y su amiga Lu estarían en el Granada Sound.

No transcurrió mucho tiempo hasta que Loga abrió un grupo de Twitter con Sara, Lu, ella y servidora anunciando que:

¿Y por qué no nos vamos juntas al Granada Sound?

Justo en ese momento, mientras los pájaros trinaban, se escuchaba una música celestial y angelitos tiraban pétalos de cerezo, nació una bella amistad.

Aquel grupo de Twitter derivó en uno de Whatsapp al que se incorporaron María y V; cambió muchas veces de nombre hasta que, en algún punto del verano -¿o fue antes? No lo recuerdo-, se estableció oficialmente como las Mamarrachas Borrachas, en honor a las cualidades de sus integrantes de capacidad de ingestión de bebidas espirituosas y de mantener la dignidad hasta en las noches más oscuras.

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El equipo al completo el primer día de festival. Foto de @logatreclau.

Desgraciadamente nuestra querida Part se tuvo que descolgar de este grupo festivalero, pero la tuvimos presente durante nuestra estancia en Granada.

——-

-Pues somos las primeras en llegar, Sara.

-Mejor, así podemos ponernos ant-

-¡QUE NOS VAMOS A GRANADA CHICAS!

-DIOS, LOGA, QUÉ SUSTO. Mi corazón no puede con tanta energía a estas horas.

-Lo dice la que me ha despertado a las cinco de la mañana igual…

——-

Nuestro viaje comenzaba, junto con mi desproporcionada reacción, los nervios de todas y las ganas e impaciencia de llegar ya a la ciudad. Tras un viaje en el que estuve sobreexcitada –para qué tranquilizarse y dejar dormir a tus amigas-, Granada nos recibió con los brazos abiertos y un sol de justicia. Inocentes nosotras, que pensábamos que iba a hacer fresquito… Quedaba un día para que comenzara el festival, así que aprovechamos para hacer algo de turismo: visitamos la Catedral de Granada, paseamos por el Albaicín y vimos la puesta de sol desde el Mirador de San Nicolás.

Y ya, por fin, llegó el ansiado día que esperábamos desde marzo.

Las Mamarrachas Borrachas se vistieron con su uniforme y marcharon raudas al recinto del festival. Este año se situaba en el Paseo del Cortijo del Conde, cerca de Maracena (un poco lejos de lo que es Granada ciudad). La organización del festival puso un bus lanzadera a disposición de todos los festivaleros que hubiesen comprado aquel billete, pero otros muchos optaron por tomar un taxi para llegar allí. La recogida de acreditaciones (la pulsera) fue rápida: había bastantes puestos y no tardamos mucho en estar identificadas para entrar al recinto. Ya se escuchaban los primeros conciertos, así que decidimos entrar. El control de seguridad fue rápido y entramos sin ningún problema.

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Carmen Boza en su actuación. Foto de Granada Sound.

El primer concierto que disfrutamos el viernes fue el de Carmen Boza. Muy enérgico desde el principio, con una Boza que no dejó de hacer gritar, saltar y animar al público. A pesar del calor y la falta de sombra, deslumbró con su grandiosa música, haciendo vibrar a todos, y dejándonos con una gran sonrisa y los corazones satisfechos. Posteriormente fuimos a explorar el recinto y a refrescarnos, mientras escuchábamos el resto de conciertos de fondo.

Tras una pausa para reponer fuerzas, nos dirigimos al Inside Stage para escuchar a los zaragozanos Amaral, en un concierto brillante y emocionante –y que aun así se quedaría corto para describir todo lo que hicieron. Eva Amaral no hizo otra cosa más que demostrar que es una de las mejores y grandes voces de nuestro país. Hubo tiempo para recordar tanto temas clásicos (nos remontamos hasta Estrella de mar) como para los de su último álbum; fue uno de los mejores conciertos de todo el festival.

Otra pausa para descansar y recuperarnos mientras escuchábamos el potente directo de Fuel Fandango de fondo; nos acercamos al escenario Negrita para el último concierto del viernes. Carlos Sadness fue toda una sorpresa: un concierto enérgico, lleno de buenrrollismo, que a pesar de la hora que era (las tres de la mañana) nos dejó con un estupendo sabor de boca y un Carlos que lo dio absolutamente todo. Perseide y Au revoir estuvieron presentes y el público no dejaba de corear todos los temas mientras saltaban y disfrutaban. Con una sonrisa en la cara pero el cansancio ya haciendo mella nos retiramos a descansar para afrontar el segundo y último día de festival.

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Los enormes Fuel Fandango en su actuación. Foto de Granada Sound.

El sábado llegamos más pronto al festival. Taburete, el grupo del hijo de Bárcenas, fue uno de los encargados de abrir la tarde, y mientras disfrutábamos de minis de cerveza bien fríos, seguimos escuchando al resto de grupos de la tarde: Los News, Modelo de Respuesta Polar, Ángel Stanich y Arizona Baby. La noche iba acercándose, con el atardecer, y fuimos tomando posiciones para ver a Miss Caffeina.

En contraste con el Gigante, el grupo de Alberto se creció sobre el escenario desde el primer momento y ofrecieron un auténtico espectáculo de voz, sonido y música: un show en toda regla. Temas antiguos y temas de Detroit se dieron la mano para deleitarnos de principio a fin. Después de este conciertazo, nos dirigimos rápidamente al Inside Stage para ver a Love of Lesbian.

El grupo de Santi Balmes es un auténtico espectáculo. Era mi primera vez viéndoles y creo que no pude disfrutar más en toda la jornada del sábado. Salté, chillé, grité y llore en una hora y pico de show, donde se escucharon temas de El Poeta Halley, 1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna), Maniobras de escapismo y Cuentos chinos para niños del Japón. Una auténtica pasada de concierto, otro de los mejores directos de todo el festival, que les colocó muy alto en cuanto a show y música se refiere. Demostraron que saben defender lo suyo sobre un escenario y que a Santi y toda su banda les sobra energía para levantar un festival.

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Santi Balmes en la actuación de Love of Lesbian. Foto de Granada Sound.

Sin embargo, la última jornada del festival tocaba a su fin para nosotras: estábamos muy cansadas de los dos últimos conciertos y escuchamos a Second desde la zona de descanso, y mientras abandonábamos el recinto escuchamos a The Ting Tings en la lejanía. Nos perdimos el concierto de La M.O.D.A., muy a nuestro pesar, pero esperamos poder verles pronto.

Nos pareció un muy buen festival, bien organizado, aunque el sonido en los conciertos fallaba a veces y se acoplaban los micrófonos, pero en cuanto a organización, precio, controles de entrada y salida nos pareció muy adecuado, y la parada de taxis estaba muy bien organizada igualmente. El sistema de los tokens nos pareció muy adecuado (no había que llevar tanto dinero encima) y el precio de las bebidas era correcto; el que se suele ver en un festival, en resumen. El precio de los taxis de ida y vuelta era muy adecuado, y aunque pensábamos que la elección de horarios y grupos podría haber sido distinta, lo disfrutamos. ¿Pensamos repetir el año que viene? Esperamos que sí.

En resumen: Las Mamarrachas Borrachas se lo han pasado divinamente, han disfrutado y Granada les ha tratado muy bien, así que prometen volver pronto.

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Foto de @logatreclau.

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Un comentario en “#Festivalismos: cómo sobreviví al Granada Sound con las Mamarrachas Borrachas

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