Desgranando la industria musical: ‘Así funciona el negocio de la música’

Por Tatiana Arenas (@tatianaarenas_)

La música llena nuestra vida, nos rodeamos de ella, generan emociones en nosotros y pone banda sonora a momentos importantes de nuestra vida. Por debajo de su carácter puro y artístico, existe el comercial. Desde el momento en el que la música se comercializa se convierte en un producto, ergo, la música termina siendo también un negocio. Dando por hecho, insisto, el trabajo más artístico de un autor, intérprete o grupo, los discos que compramos y los conciertos a los que asistimos cuentan con un trabajo de fondo relacionado con la promoción, el management, la producción o la distribución dentro de multitud de aspectos más que hay que controlar. Por todo ello se habla de industria musical, un vasto e interesante terreno que engloba todos los agentes y todos los engranajes que han de funcionar cuando hablamos de la música como negocio.

Todos estos entresijos llaman mi atención, y eso me llevó a querer profundizar en el tema. Encontrar libros de carácter divulgativo que me ayudasen a introducirme en el mundo de la industria musical en España se me hizo complicado. Eché de menos la existencia de más manuales que desmenuzaran todos y cada uno de los agentes que se ponen en marcha dentro del negocio musical. Pero me topé con ‘Así funciona el negocio de la música’ y me entusiasmé. De la mano del experimentado y consagrado mánager Vicente Mañó y el artista Javier Bori, surge este manual editado por Círculo Rojo que no me dejó indiferente y ha alimentado más, si cabe, mis ganas de desmenuzar por dentro la industria musical con la finalidad de, en un futuro, estudiarla con precisión y poder dedicarme a ella.

Arranca este manual con un prólogo del mítico Miguel Ríos, en el que se pone en situación al lector adelantándole que tiene ante él el primer manual que existe sobre los agentes participantes en la industria musical y que se torna imprescindible no sólo para que los curiosos entendamos el entramado, sino para que los artistas, principales engranajes del mecanismo, ya sean experimentados o no comprendan lo que les rodea dentro del negocio musical. Después de este adelanto comienza la clase magistral.

El texto se divide en doce capítulos que a su vez están englobados en dos partes: una introductoria más enfocada a la industria musical en sí, a las discográficas, distribuidoras, etcétera, y la otra a la parte de promoción y comunicación, la figura del mánager y contratación de conciertos. Cada tema se desgrana con un lenguaje sencillo, ofreciendo así capítulos que son apuntes sencillos para cualquiera que desee moverse en el mundillo. Sin pararme a profundizar uno por uno, considero importante señalar algunas partes que han llamado especialmente la atención y que me han parecido acertadas.

En primer lugar la insistencia necesaria por parte de Mañó de la importancia del artista y a la vez de la vulnerabilidad que envuelve a éste cuando se hace negocio con sus creaciones. Destaca también entre las página de este ensayo divulgativo una sabia afirmación relacionada con las aspiraciones de los artistas y que viene a decir que la pretensión de cualquier carrera musical no debe ser a priori lograr el éxito, sino alcanzar la satisfacción del artista, ya sea compositor, intérprete o ambas, con su propio trabajo. El autor aconseja que el artista logre la plena satisfacción con sus creaciones porque con tesón, trabajo y confianza, el éxito llega solo. Muy recomendable para comprender la realidad de los artistas el capítulo tres, donde estas cuestiones y alguna más quedan tratadas.

“Es importante señalar el error en el que algunos caen al pensar que la música es un camino para lograr la fama, el éxito o el dinero. Si este es el objetivo, mejor buscar otra alternativa. Para mí, lo realmente importante en un artista es que le guste interpretar, componer, actuar… Si tiene talento para ello y está dispuesto a darlo todo por su sueño, el reconocimiento llegará solo”

Los capítulos que se sitúan a continuación también merecen gran interés por tratar temas tan desconocidos como el de las labores compañías discográficas, las editoriales y los temas de derechos de autor. En esta parte hay espacio para las “multis”, pero el autor se para a analizar con acierto las discográficas independientes. En la actualidad esta ha sido una de las grandes revoluciones de la industria musical, la aparición de discográficas, oficinas y sellos independientes que a través de diversos canales de financiación sacan adelante el trabajo de un artista, o como sucede en otros casos, la normalización de que sea el propio artista el que pone en marcha campañas de autofinanciación para sacar adelante su trabajo. Sea como fuere, en este libro podemos acercarnos también a esa parte más independiente de la industria de la música que está más en auge que nunca.

En esta parte se describen los tipos de contratos de distribución que se le pueden poner por delante al artista, un tema a priori aburrido pero de vital importancia para comprender hasta donde pueden llegar los derechos de un artista y hasta donde los de su sello discográfico. Muy destacable también el apartado que trata sobre la figura del mánager, que ilustra y desmonta el mito de que “es un busca bolos”. Los años de experimentación del autor se ven plasmados en las hojas pero no a modo de batallitas, sino que sigue la línea divulgativa del libro ofreciendo la descripción real de la labor de management como alter ego del propio artista.

“La labor esencial de un mánager podría resumirse diciendo que es la de guiar la carrera profesional de un artista dentro del negocio de la música y del espectáculo, supervisando sus intereses, asesorándolo profesionalmente e incluso, llegado el caso, aconsejándole en temas relacionados con decisiones personales que puedan afectar a su carrera profesional”

Más cosas dignas de mención en esta reseña. A título personal los capítulos dedicados a la parte de comunicación y promoción de artistas han acaparado parte de mi interés. El autor explica el por qué un artista se encuentra siempre en promoción y cómo es posible sacarlo delante de la manera más acertada. Además introduce ejemplo de históricos, campañas e imágenes de grupos que les han llevado a ser los más comentados. También, al final de la lectura nos encontraremos otra parte dedicada a la manera más actual de organizar eventos musicales, los festivales y además unos apuntes sobre cómo se puede organizar un concierto. El autor hace alarde así de su experimentación en el campo de la organización de grandes eventos.

Soy consciente de que me quedo multitud de detalles atrás que me han llamado la atención al leer este libro, sin embargo invito a todo curioso, melómano y sobre todo, a cualquiera que aspire a profesionalizarse en el futuro dentro del negocio de la música, a empezar por esta lectura amena y divulgativa, que a personalmente me ha abierto, más si cabe, más a la motivación por seguir aprendiendo sobre este campo. Y para finalizar una última reflexión, la industria musical no está tan muerta, está siendo víctima simplemente de cambios vertiginosos a los que poco a poco deberá adaptarse. La solución no es darla por perdida, sino actualizar su modus operandi para superar los zarpazos duros de delitos como la piratería. Mientras tanto, y hasta que no sea (ojalá) una aspirante a profesional a formar parte del engranaje de la industria musical de una manera u otra, solo me queda aconsejar comprar música, asistir a conciertos, a festivales, disfrutarla y vivirla, para así, entre todos, reflotar esa parte tan primordial que puede llegar a ser la música en nuestras vidas.

 

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