Pedro y el lobo

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Por Brais Iglesias (@Brycepinkfloyd)

El PSOE ya estaba roto. No es nuevo. Lo que hemos presenciado esta última semana no es más que la exposición pública de una guerra fría que llevaba produciéndose en el seno del partido desde hacía varios meses pero que jamás se había exteriorizado ante las cámaras de una manera tan cruda y violenta. Una semana de traiciones, sí. Y de viejas alianzas. La resurrección del PSOE de PRISA, Cebrián y Felipe González, con la inestimable colaboración de Rubalcaba como actor intelectual del golpe desde su sillón del consejo editorial del periódico más vendido en España y con Susana Díaz como jefa del brazo armado desde su condición de Reina del Sur. Y encima de todos, presidiendo la mesa la caricatura de Isidoro, ofreciendo a sus apóstoles el cáliz del poder eterno mientras reparte pasquines con el nuevo Editorial de El País.

Pero falta alguien en esta historia. Al fondo de todo, como si de un actor principal en horas bajas se tratase, la aparición de un mártir en esta historia. Un Pedro Sánchez que, quizás fruto del infortunio personal de no haber sido capaz de ganarse el respeto de las élites que ocupan los puestos de honor en la mesa, ve la Moncloa como única salida a esta escaramuza sin cuartel. La mejor manera de ganarse el respeto de la mafia no es mostrarse todavía más mafioso que ellos sino recordarles que mientras ellos tienen el poder de jugar una partida de póker con mejores cartas que su oponente, tú eres el único que puede decidir qué participantes y en qué condiciones juegan la partida. Gobernar.

Desde la semana pasada, los principales medios de comunicación de este país, especialmente PRISA, andan particularmente rabiosos, sin duda exigencias de quienes les pagan, ante la resistencia de Pedro a entregar las armas y ofrecer su cabeza como trofeo que presida el salón de Felipe González, una presa de caza mayor que quizá sin buscarlo, se ha colocado en el centro de lo que hay de defender, no sé si mañana, pero hoy desde luego que sí. Es cierto que el PSOE jamás ha sido un partido asambleario – ni pretende serlo – pero el legítimo derecho de una organización política y de su líder de consultar a la militancia sobre una decisión tan crucial como es formar una alternativa de gobierno y evitar 4 años más de Rajoy es algo que siempre se debe defender independientemente de cual sea tu militancia política. También es cierto que Pedro Sánchez pasará a la historia como el primer secretario general del PSOE elegido democráticamente en un proceso de primarias. Sí, unas primarias en las que el apoyo de Susana Díaz y su ejército de militantes desde Andalucía fueron claves para dilucidar su suerte y vencer a Eduardo Madina. Resulta curioso comprobar como de sorprendente es la política. Un dirigente político, bendecido por la oligarquía de su partido, gana unas primarias pero tras año y medio de fiel obediencia, se rebela y decide dar un paso al frente y gobernar sin la tutela de aquellos mismos que lo pusieron en la Secretaria General. Que existe un importante componente de supervivencia política en toda esta estrategia de Sánchez es innegable, pero no por ello debemos dejar de alabar lo que de momento no es más que una carta de intenciones. Pedro, de Ferraz a Moncloa sólo hay un paso. De ti depende pasar a la historia del PSOE como un mártir o como un mito. Como Judas o como San Pedro. Pasar del NO al PROMETO.

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