En defensa de Fidel

Por Roy

Fidel Castro  es uno de los hombres más nombrados del Siglo XX, para bien o para mal según el cristal con que se mire, sin embargo tras la caída del muro de Berlín, pareciera que no existe un ángulo positivo sobre Fidel Castro Ruz,  ni de la revolución cubana, pareciera que solamente es un testimonio de un sueño utópico que era irrealizable y cuyo “fracaso” la “izquierda” debe recalcar y expresar a los cuatro vientos a fin de marcar la sana distancia que la posmodernidad reclama para con “los soñadores de utopías”. Pareciera una urgencia por enterrar a Fidel Castro, a la revolución cubana, al movimiento 26 de Julio (M-26)  y a sus héroes cómo Almeida, Cienfuegos, Raúl, y por supuesto el más grande, El Che, buscar enterrar los aciertos en políticas sociales, culturales, educacionales y de salud que han ocurrido durante el proceso revolucionario, y que consisten estos últimos en sí mismo la esencia de la épica revolucionaria de Cuba, puesto que en menos de 40 años, el país paso de del no-desarrollo, del analfabetismo, de la educación reservada para unos pocos, de la salud cómo privilegio; al envió de brigadas alfabetizadoras y de salud al África, si ahí donde la mayoría de los países del primer mundo sólo mandan migajas y dinero y se olvidan por un tiempo de la miseria humana, ahí la Cuba de Fidel ha mandado a lo mejor de su gente a romper las cadenas qué la herida colonial dejó.

Pareciera qué tampoco fuera necesario evocar que cuando fue necesario el Estado Cubano decidió apoyar a los procesos revolucionarios que le solicitaron ayuda con armas y personal, siendo su laurel más grande la operación “Carlota”, nombre código para la  intervención militar en Angola para defender al gobierno de Agosthino Neto, el cual se encontraba investido en el poder tras el proceso revolucionario que se veía asediado por las fuerzas de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) apoyados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) –lo anterior lo documenta Howard W. French del NY Times, en su artículo del 2002 From Old Files, a New Story Of U.S. Role in AngolanWar- , el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), rente para la Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC),y posteriormente por los gobiernos de Zaire y el gobierno Sudafricano del Apartheid, todas “las fuerzas del mal” se habían reunido para destruir lo que se gestaba en Angola…y sin embargo “todos los odios convocados” fracasarían en la batalla de Cuito Cuanavale en 1988, dónde la coalición de fuerzas del gobierno angoleño y los internacionalista cubanos detendrían la capacidad ofensiva de los insurrectos y sus aliados, quienes tras más de una década en guerra se verían derrotados y no sólo eso, puesto que el fracaso en Angola hirió de muerte al régimen del Apartheid, tal y cómo lo dijera Nelson Mandela:

“Cuito Cuanavale —afirmó— fue el viraje para la lucha de liberación de mi continente y de mi pueblo del flagelo del Apartheid“. (Gleijeses, 2013).

Estas palabras de Madiba, indican, la influencia del  gobierno de Fidel Castro y de la revolución cubana, puesto que su solidaridad y su determinación a parar la ofensiva imperial contra Angola, trastoco la rueda de la historia, mas allá de lo que jamás pudo hacer cualquier potencia de primer orden contra el Apartheid, no fueron los cultos pueblos paneuropeos los que hirieron de muerte al régimen de Pretoria, fue la isla más grande del caribe la que altero el rio de la historia.

Pero lo anteriormente dicho es olvidable la mayoría de las veces, es preferible centrarse en las violaciones a los derechos humanos en especial contra la oposición al gobierno de la habana, aunque casi nadie parece querer recordar qué esa misma oposición ha dedicado los últimos 50 años a realizar atentados terroristas similares a los del Estado Islamico (EI), como fue el más emblemático de ellos, el atentado al avión 455 de cubana de aviación en 1976, que le costó la vida a 73 personas entre ellos 24 miembros del equipo nacional juvenil de esgrima de cuba, adolescentes pues qué perdieron todo por la lucha “democrática” de aquellos que creen que democracia es que existan partidos políticos que puedan representar la  voz de las minorías eternamente ricas, de esos que en 1932 apoyaron un golpe de estado contra el presidente cubano Céspedes y Quesada y contra su ministro del interior Antonio Guiteras, por el hecho de haber realizado reformas sociales cómo la jornada laboral de 8 horas, el salario mínimo, la autonomía universitaria, la rebaja de los precios de artículos de primera necesidad, y por eso y muchas cosas más, la elite “demócrata” de Cuba, decidió cortar cartucho contra el gobierno popular que en los 30s, predecía el cambio que Fidel y los barbudos acentuarían en la Habana.

Todo esto y mucho más pasa desapercibido, porque quizás es demasiado confrontante que en los años que cursamos,  defender el derecho a creer en otro mundo es suicida, puesto que “la historia se acabó” o  “el hombre murió” o “ya no existen los grandes relatos” o demás slogans posmodernos que tanto gustan para sumir aún más en lo que Castoriadis atinadamente llamo “la mediocridad del presente” y ante esta mediocridad quizás Fidel y su revolución representan lo que se puede hacer cuando se sueña con las estrellas, puesto que si él y su pueblo convirtieron a una isla condenada a la oscuridad perpetua en un referente indispensable de la cultura, las ciencias y las artes del mundo, la pregunta que queda es ¿Qué podrían hacer los pueblos del primer mundo si se atrevieran a soñar?

Y si existen fallas en el sistema cubano, claro, pero se sobredimensionan en este juicio celado y cargado contra el proceso más esperanzador del siglo XX, aunque quizás todos esas espadas llameantes que se ciernen sobre Fidel, no le asusten a ese hombre, que quizás, sonriente y seguro evoca en un susurro que golpea en la  eternidad, las mismas palabras qué dijera en su juventud y que lo marcara y nos marcara a los hijos del tercer mundo,  de su América y que en su 90 aniversario, quienes le defendemos las decimos también para quienes nos juzgan por soñar…”Condenadme, no importa. La historia me absolverá.”

 

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