Historias de un camionero. Parte II

Por Citlali Rubio (Citlap)

Juan, un camionero durante los años 80’s por España, ha recorrido toda Europa. Su base de entretenimiento para las horas perdidas y de espera eran las novelas de pistoleros, para que los largos viajes se hicieran más amenos. Hablamos sobre los países que conoció y las fronteras que cruzaba, puedes leer la primera parte de esta entrevista para saber más de las historias que Juan nos contó.

Itlalia

Juan “Los italianos eran los más chorizos de todos, en Nápoles cargábamos pieles y de aquí llevábamos fruta. Llegabas a una redonda y te ponían la escopeta en la cara, a ti no te hacían nada, pero tenías que darles el camión. Te advertían de no llamar a la policía y si los obedecías, te daban una chaqueta de piel, dinero y a los días te devolvían el camión. No te dejaban desmantelado. Luego a los 10 días aparecía tu camión te subías y volvías con tu camión pero sin carga”.

Muchas veces incluso la policía estaba aliada con los ladrones para informarles sobre la carga que llevaba cada uno. La ruta italiana era la más inestable con diferencia.

La fruta y hortalizas españolas eran apreciadas en todo el mundo por encima de la de otros países europeos como Francia, que llego incluso a quemar camiones de fruta española para vender los propios o etiquetar sus productos como made in spain.

Diferencias entre países

La imagen que tenemos en España de los ingleses, marcada por sus fiestas y vacaciones veraniegas en la península hace que pensemos de esa forma cuando hablamos de ellos, pero Juan nos quita los prejuicios y dice todo lo contrario.

“Ellos si tienen que guiarte a un lugar, incluso te acompañan con el coche, a la hora de conducir te facilitan todo mucho ya que tú no estás acostumbrado a conducir como ellos. Los holandeses también me gustan mucho, son personas muy amables. Los alemanes no tanto, no son malos pero….”

Alemania del muro

En aquella época Alemania aún estaba dividida en dos. Fue cuando Juan viajó a Berlín con una carga de radiadores para centrales nucleares.

“Toda esa gente nos lleva más de 20 años de avance a los españoles. Eso son otras mentalidades”.

Juan tenía que comunicarse con su jefe al llegar a su destino para que él le hiciera llegar la ruta de vuelta. Porque no sólo se hacían los viajes de ida, sino también de vuelta para traer cargar a España. Normalmente en un viaje se hacían tres cargas y tres descargas.

A pesar de que cada país se habla un idioma, se entendían con gestos y señas, en una ocasión fue a comer junto con un compañero inglés, dos personas, dos idiomas, pero comiendo juntas y comunicándose a base de gestos.

Fronteras

En una época en la que no existía el libre tránsito de personas y mercancías como sucede ahora en la Unión Europea, cada frontera según el país era diferente, en todas estaba obligado a parar. “En Finlandia se hacía trafico de bebidas alcohólicas, allí se vendían por mucho más que su precio español”. Desde allí era común que su siguiente carga fuera en la frontera rusa, los restos y basura del pescado.

Juan asegura que fueron años de mucho trabajo y sacrificio personal, pero siempre llenos de grandes anécdotas e historias, con un trabajo poco habitual.

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