Historias de un camionero. Parte I

Por Citlali Rubio 

Imagina que tu trabajo te lleva a recorrer todo el continente en poco tiempo, en este caso Europa de un país a otro, siempre por tierra y con un camión de carga. Ahora imagina todo esto en los años 80`s, cuando no había moneda común, cuando el inglés aún no era hablado por la mayoría, donde el libre paso de fronteras no existía y los teléfonos móviles eran prácticamente inexistentes.

Por eso he entrevistado o más bien me he sentado a charlar con un camionero. Él prefiere quedar en el anonimato por eso lo llamaremos Juan un hombre adulto con familia, pertenece a esa generación de españoles que comenzaron a trabajar desde jóvenes, esos que tienen la edad de nuestros padres, originario de un pequeño pueblo de la provincia de Albacete. Juan fue a vendimiar a Francia en su adolescencia y posteriormente decidió embarcarse en la aventura de conducir un camión, cruzar fronteras, comunicarse con gestos, conocer a la policía de cada país y el carácter de cada lugar. Desde Murcia hasta Finlandia, pasando por la Alemania del muro; la occidental y oriental. Es un hombre lleno de anécdotas que contar.

Los kilómetros

Desde Murcia llevaban frutas, verduras y hortalizas, desde Estepa cargaban aceitunas que compraba Italia, durante dos años consecutivos hizo esta ruta todas las semanas, Juan viajaba desde Sevilla hasta Italia. Imagina los recuerdos que acumula.

Los kilómetros que llegaba hacer un camionero de la esa época variaban en función de la carga, si eran productos perecederos o no, del destino y las primas que la empresa ofrecía aquellos trabajadores que llegarán antes a su destino. Lo normal era llegar a los 25 000 km al mes. Pongamos por ejemplo que trazamos una línea recta desde Madrid a Tokio, eso son 10 mil km, aun nos quedarían 15 000 km por cubrir. A pesar de recibir recomendaciones de descansar y parar cada cierto tiempo, casi nadie las seguía. Dormían entre 3 y 4 horas diarias.

Entre 1985 y 1994 fueron los años en activo de Juan, en esa época las autopistas diferían mucho de las actuales al igual que las normas de circulación. Los radares de velocidad no existían, pero al cruzar varios países tenían que conocer las normas de cada uno. “En Italia no se podía pasar de 80 km/h y en Francia la velocidad máxima permitida para un camión era de 95 km/h”.

Uno de los viajes más duros era el de Bélgica con salida desde Murcia. “Antes se tenía que pasar la aduana antes de salir y allí cuando llegábamos, ahora eso ya no existe”. Se perdía mucho tiempo en estos controles. “Esta ruta comenzaba a las 21.00 desde Murcia, a las 7.00 estaba cruzando la frontera con Francia durmiendo lo mínimo. Yo muchas veces no me acostaba, ponía los pies en el volante y cuando se me dormían los pies ese era mi despertador”. A la 1.30 estaba en el mercado de Bruselas.

La policía

Cuando entras a un país por tierra y llevas carga estarás en contacto con la policía, controles aduaneros y fronterizos. Era la Europa de los 80`s donde sobornar a un agente por 900 francos era lo normal para que no te registrará la carga y perder el menor tiempo posible.

“Existía el libro de tránsito, una especie de pasaporte del camión y del viaje, con datos como la ruta, el origen, destino, la carga. Era normal meter un billete en el libro para cuando la policía fronteriza te lo pidiera estar preparado y ellos quedarse con el dinero”.

Una Europa sin euro

Si la carga iba para Italia el conductor tenía que viajar por territorio español y francés antes de llegar a su destino, por eso era necesario llevar dinero en efectivo de los tres países: pesetas, francos y Liras. La moneda italiana valía menos que la española pero la vida era más cara en el país romano: 1 peseta = 10 liras. 1 Franco = 25 pesetas. “Italia era un país caro en España se comía un menú en el bar por 750 pesetas y en Italia 2200 pesetas y Alemania era otro de los países caros, Francia también pero no demasiado. La moneda más cara era el franco suizo y la libra”

La vida diaria

Un camionero se enfrenta a miles de kilómetros solo al volante, un trabajo duro y que puede llegar a ser aburrido o monótono en rutas conocidas. Para poder sobrellevar estos largos viajes instalaban una radio emisora desde la cual podían hablar todos los camiones que hacían la misma ruta. “Entonces había compañerismo, ahora eso se ha perdido. Antes se te reventaba una rueda en la autovía y paraban ayudarte”.  Una rueda de un camión se puede llegar a reventar por su uso y la falta de cambio, en aquel momento esa situación la resolvía el propio conductor. “Ahora no hay chóferes, el chófer es un elemento más del camión con eso de los GPS, ya saben dónde parar, cómo y cuándo”.

Con una mujer e hijos en España era necesario comunicarse con la familia, pero él no llevaba móvil en esos años y en su casa tampoco había teléfono fijo. “No me gustaba llamar mucho a casa, porque en aquel momento casi no habían teléfonos fijos, entonces el día que no llamaba se preocupaban, solía llamar una o dos veces en el viaje”.

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios en “Historias de un camionero. Parte I

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