Al compás de Rajoy

Por Tatiana Arenas (@tatianaarenas_)

El pasado jueves 28 de julio alrededor de las 19.00 horas de la tarde esperaban ansiosos los periodistas la comparecencia del presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, tras haberse reunido éste con el Jefe de Estado. Esta cita concluía lo que ha sido la primera ronda de consultas que ha realizado Felipe VI en esta recién estrenada XII Legislatura. La expectación era debida a que por fin íbamos a salir de dudas sobre qué decisión había tomado el Rey y si había alzado su dedo encargando una futura investidura a líder ‘popular’.

Pero antes de valorar, recapitulemos. Los resultados de la repetición de la cita electoral del 26J otorgaron, de nuevo, una victoria al PP. Esas encuestas que vaticinaban la posibilidad de que la coalición Unidos Podemos superase al PSOE nos elevó las esperanzas con la misma fuerza que cayeron conforme avanzaba el escrutinio. El resultado dejó un escenario parecido al anterior, al menos volvimos a decir ‘no’ a las mayorías absolutas. De nuevo nuestra gobernabilidad está en manos del juego de pactos y de la necesidad de llegar a acuerdos para que se forme gobierno.

Nuestra Constitución contempla aquí un papel fundamental para Felipe VI, la de designar a un candidato para que acuda a la investidura tras haber mantenido el contacto con el resto de los líderes políticos que le permita saber sus intenciones. Tras el 20D, el Rey designó como candidato a Mariano Rajoy, pero al no verse éste con los apoyos necesarios decidió declinar la invitación y echarse totalmente a un lado para ver cómo fracasaba su contrincante, Pedro Sánchez, que sí aceptó ir a la Cámara a defender su propuesta por muy fallida que resultara. Rajoy aquí ya comenzaba a marcar el compás, pero volvamos al escenario más reciente. Nuevas elecciones y nuevas audiencias reales con los diferentes líderes.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias apareció en rueda de prensa tras su cita con el monarca para informar a los medios de su reiterada negativa en una supuesta investidura de Mariano Rajoy. Además, en su discurso llamó de nuevo a la iniciativa del PSOE para que si el líder del PP fracasa, se contemple la posibilidad de “un gobierno de coalición progresista”. Iglesias descartó el escenario de nuevas elecciones y vaticinó que el hecho de que Rajoy saliera designado presidente podría deberse a un voto afirmativo de Ciudadanos, la otra llave.

Por su parte, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, quedó como una madre en todo esto lanzando una regañina a los veteranos: “Los dos grandes partidos vuelven a darse la espalda”. Rivera desveló que había acudido a ver al Monarca con una propuesta clara, el intento de un “gobierno constitucionalista” que estuviera formado por PP, PSOE y Ciudadanos. “Que negocien y cedan”, dijo el líder a la vez que remarcaba su intención “responsable con España” de abstenerse en una segunda votación para permitir que comience la legislatura. Aun así, los números no dan.

Pedro Sánchez salió de la Zarzuela con un discurso destartalado y ambiguo en el que no aclaró del todo sus intenciones. El discurso del socialista se limitó a obligar a Rajoy a presentarse a una investidura y a reafirmar su posición. “A día de hoy reafirmo mi ‘no’ a Rajoy”, dijo así no queriendo poner límite temporal a su negativa, aunque añadió que el PSOE “no va a apoyar aquello que quiere cambiar”. Los periodistas le lanzaron varias veces la pregunta del millón sobre si en el caso de que Rajoy fracasase en una investidura, se plantearía él de nuevo buscar los apoyos para formar gobierno, pero Sánchez sólo esquivaba.

En resumen, un Iglesias aparentemente resignado enseñando la posibilidad de una última bala al PSOE, un Rivera pregonero de responsabilidad, indignado por el comportamiento de los partidos tradicionales y un Sánchez ambiguo incapaz de aclarar sus verdaderas intenciones.

Volvamos ahora a esa sala de prensa de la Moncloa donde se produjo la esperada comparecencia del presidente del Gobierno en funciones. “El rey me ha encargado que intente la investidura a la presidencia del Gobierno, le he explicado que hasta el momento no cuento con los apoyos para ello, pero que acepto el encargo”, con estas palabras anunciaba así Mariano Rajoy la decisión de Rey. Palabras que recordaron a cuando, tras el 20D, sorprendió declinando el mismo ofrecimiento.

El gesto de Felipe VI se trata de una propuesta dotada de toda oficialidad, es un paso que también recoge nuestra Carta Magna, sin embargo Rajoy no aclaró si iría o no finalmente a un debate de investidura. Lo único que indicó fue que abrirá una ronda de contactos en busca de apoyos para poder gobernar y “en un plazo razonable de tiempo” informará de los apoyos que ha conseguido “para una eventual investidura”. La sorpresa de que Rajoy aceptase a medias la propuesta del Rey sin comprometerse a ir a una investidura pilló pos sorpresa a todos porque, bajo el amparo legal, tiene la obligación constitucional de presentarse. En ese caso, podría acontecer que el popular terminara por no contar con los apoyos necesarios y en ese caso rechazase acudir someterse a la valoración de la Cámara. Todo esto solo introduce más incertidumbre al amasijo político actual.

A Rajoy se le ha consentido aceptar al encargo en diferido con la posibilidad de rechazo, prefiere marcar su propio ritmo, intentar negociar con aquellos que vislumbra posibilidad de acuerdo y echar a andar. Los siete meses de gobierno en funciones presionen y pide tiempo aceptando el compromiso a medias sin abandonar del todo la responsabilidad, a sabiendas de que otro intento fallido pondría de nuevo en marcha el reloj hacia la disolución de las Cortes y nuevas elecciones, si no hubiera alternativa fructífera.No hay fecha límite, ahora Rajoy dispone de la batuta.

Las opiniones se han disparado, muchos hablan ya de desacato a la Constitución y de las dudas sembradas. Hablando el plata, Rajoy ha vuelto a hacer lo que quiere y ha aplazado la posibilidad de su fracaso, un gesto que puede verse cauteloso o de lavado de manos lleno de dudas. Solo queda esperar el tiempo razonable que nos ha vendido, y aguardar hasta saber en qué termina el embrollo, un lío en el que nadie da la cara totalmente y menos modifica o cede en su postura. Al menos Mariano nos sigue dando buenos ratitos: “He hablado con el Rey exactamente lo que le he dicho, salvo lo que no le he dicho”.

 

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