Diez libros imprescindibles de la literatura cubana

 

El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante en la que era su casa en Londres, vía cubanet.org.

El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante en la que era su casa en Londres, vía cubanet.org.

Por Alaia Rotaeche (@aL_rc)

Cuba está de moda. Si bien siempre ha sido un destino idílico, no sólo por lo bello de sus paisajes, sus ciudades y sus gentes, sino por lo mágico de su historia, ahora que el país experimenta una verdadera apertura aparece por todas partes una curiosidad inagotable por conocer más de su cultura y de su historia. Y en esto juega un papel imprescindible, como siempre, la literatura, reflejo fiel de la gente y la cultura de un país. Y, en este caso, de un país cuyos escritores han producido literatura tanto dentro como fuera de su tierra, debido a las circunstancias políticas. Un país cuya literatura es mucho más que José Martí (sin menospreciarlo en absoluto) y que da una importancia descomunal a la cultura y las artes.

Es por eso que hoy os traemos diez libros imprescindibles (no Los Diez, porque es imposible dar un número exacto) de la literatura cubana, de ayer y de hoy, en orden cronológico. Que los disfruten:

 

El reino de este mundo (Alejo Carpentier, 1949): Carpentier es un icono de la cultura cubana. Aunque su obra más famosa es El siglo de las luces, cualquiera de sus libros es buen exponente de la literatura del país. La trama de El reino de este mundo se desarrolla en el marco de la revolución haitiana, pero sus personajes y su historia son trasladables a Latinoamérica entera. También es interesante su libro La consagración de la primavera, cuya historia muchos consideran una metáfora de la revolución cubana.

 

El monte (Lydia Cabrera, 1954)Lydia Cabrera fue escritora y etnóloga, y centró gran parte de su carrera en la cultura afrocubana. Este libro, considerado su obra maestra, explora ese aspecto de la cultura cubana: la mezcla de razas y de cultos religiosos, de ritos y creencias, que componen la historia del país y de su gente. Escribió sobre todo cuentos, en los que se centraba en los cultos y la mitología afrocubana.

 

Paradiso (José Lezama Lima, 1966): Poeta, ensayista, novelista… Lezama Lima está considerado como una de las grandes figuras de la literatura en lengua española, y sin embargo hasta años después de su muerte no fue reconocido como merecía. En esta novela rupturista y en parte autobiográfica, mezcla poesía con narrativa y ensayo. Como indican en un reportaje del diario El País, Paradiso fue calificada por el régimen de Castro de “pornográfica” por abordar la homosexualidad.

 

El mundo alucinante (Reinaldo Arenas, 1973): Combativo y contrario a la revolución y al régimen castrista, y activista homosexual, Arenas se suicidó en Nueva York, ya estando enfermo de sida. Cuando terminó de escribir esta novela, todavía en Cuba, envió sin autorización el libro al exterior, y su publicación le valió un año de prisión. El mundo alucinante es una novela de aventuras protagonizada por un personaje histórico que Arenas puso al servicio de su ficción. Su autobiografía, Antes que anochezca, deja un testimonio escalofriante de lo que era ser disidente y homosexual en el régimen de Castro.

 

La Habana para un infante difunto (Guillermo Cabrera Infante, 1979): Como muchos intelectuales de la época, Cabrera Infante respondió con entusiasmo y fervor a los primeros pasos de la revolución de Castro y del Che, escribiendo poemas y artículos de alabanza, dirigiendo un suplemento cultural de la revolución e incluso yendo como corresponsal a Bahía de Cochinos, donde le sobrevino la decepción. Su primera novela, Tres tristes tigres, que narra la noche de tres amigos por La Habana y donde introduce expresiones cubanas y lenguaje coloquial, es más célebre, pero a menudo se considera esta como su obra maestra.

 

Cuatro estaciones (Leonardo Padura, 1991-1998): Padura es célebre por esta tetralogía que tiene como protagonista al detective Mario Conde. Sin embargo, es su primera novela, Fiebre de caballos, la que le situó ya en el punto de mira del panorama cultural cubano.

 

 

Trilogía sucia de La Habana (Pedro Juan Gutiérrez, 1998): Alguien tenía que hablar del lado pobre, borracho, sexual, sucio y hambriento de Cuba y de La Habana, y ese es Pedro Juan Gutiérrez. En sus historias aborda esa temática sin tapujos, y especialmente en este libro, que está formado por un conjunto de relatos escritos como si Bukowski hubiera nacido en Cuba entre sones guajiros y (perdónenme) fuera mejor escritor.

 

Silencios (Karla Suárez, 1999): Escritora aclamada y con un estilo definido, en esta, su primera novela, narraba los silencios instalados en una familia cubana y el paso de una niña, nacida en la revolución cubana, de la infancia a la madurez. No menos éxito tuvo La viajera, publicada en 2005, una novela sobre el exilio y sobre viajes, interiores y exteriores.

 

Fiebre de invierno (Marilyn Bobes, 2005):  Diez años antes, en 1995, irrumpió en el panorama literario con Alguien tiene que llorar, un libro de relatos en los que la mujer era protagonista. Se diferencia un poco de sus coetáneos en que, como ella misma dice, “aprecio un desplazamiento hacia problemas intemporales del ser humano y un abandono de ese tono un poco periodístico o testimonial que prevaleció en los noventa, con excepciones”. Aboga por una literatura cubana que se aleje de los testimonios, del drama político, y sea más universal.

 

Todos se van (Wendy Guerra, 2006): En torno a la figura de Wendy Guerra, como lo que sucede con Zoé Valdés, hay controversia sobre cuánto de comercial y cuánto de realmente bueno hay en sus libros. Personalmente, leí hace poco Todos se van y me fascinó la naturalidad y la delicadeza con la que relata situaciones absolutamente crudas de tan reales, en unos años en los que Cuba se fue quedando vacía de artistas e intelectuales, de amigos, en el caso de la protagonista de la historia.

 

En fin, hay muchísimos más autores y libros. Los cuentos de Alberto Guerra Naranjo (uno de los mejores escritores cubanos actualmente, según los críticos), las compilaciones de relatos de Mirta Yáñez, los poemas de José Martí, las entretejidas historias de Zoé Valdés… Un sinfín de voces cubanas dispares y unidas por algo intangible: un país con una historia peculiar.

 

 

 

 

 

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6 comentarios en “Diez libros imprescindibles de la literatura cubana

  1. Acaban de enviarme este enlace a mi correo, con el siguiente asunto (para que sonrías un poco, luego del accidente de tu perro Pastor Alemán; mascota que falleció tras perseguir un maldito gato que se había comido a uno de los apreciados periquitos de mi nietecita, mi querido perro, amigo, Zhalfuman, el asunto apostaba por animarme) y la verdad que estoy muy agradecido con este listado sobre diez libros de la literatura cubana, diez libros cubanos, de diferentes géneros. Gran reto, para la escritora/o de este atrevimiento, que más que valorarlo como un gran reto, he de felicitar por el alto grado humorístico. Y por otra parte si el autor/a ha propuesto esto de manera seria, pues le aconsejaría que mejor hacer esto desde el muro privado de su Facebook, pues, esto deja mucho que desear sobre el recorrido de nuestra literatura cubana; o bien, ha leído muy poco, o bien, pues, no ha leído nada. Decir que Wendy Guerra, escritora de buenas dotes, además de sus foticos eróticas (hoy día los escritores apelan a todo tipo de manifestación, glotones insaciables del Yo reguetonero, estoy más rica/o que cualquiera, la mejor pluma de la isla, dirían, quizás, los griegos aplaudirían con fervor). Quisiera, desde la narrativa, no buscaré otro género, recordarle estos títulos simples, perdón, no recordarle, más bien, recomendarle, la lectura de estas novelitas: Tres tristes tigres (Cabrera Infante), Cimarrón (Miguel Barrnet), El polvo y el oro (Julio Travieso), La casa de los naúfragos (Guillermo Rosales), Los hijos que nadie quiso (Angel Santiesteban), La soledad del tiempo (Alberto Guerra). Hay más, pero con esto es suficiente mientras tanto. Me han hecho reír, queridos amiguitos. Al menos no dejaron atrás a Carpentier. Menos mal. Ay, Zhalfuman, mi querido amigo. Malditos gatos. Ahora me retiro, que ya mi nietecita ha de llegar y he de salir a comprarle unos helados, y yo quitaría a Padura de ese listado, ese jovencito pseudo español, no sabe lo que es ser cubano con ese detective medio americano al listado Humprey Bogart. Por Dios. Dios santo. Salvame de estos listados, o sigueme haciendo reir, pobre Zhalfuman.

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  2. Pingback: Los mil y un libros imprescindibles de la literatura cubana | Artículos | Isliada

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