Propaganda y censura en la guerra civil española

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Soldados republicanos atienden a mujeres, hijos e hijas de guardias civiles durante la guerra.

Por Nicolás Ribas (@nicolasribas_)

La Guerra Civil española supuso una edad de oro para el periodismo y fue cubierta por los corresponsales más destacados del mundo. España era un país que no tenía peso en la esfera internacional desde hacía siglos, hecho que cambia con el estallido de la Guerra Civil, porque la guerra no supone simplemente un enfrentamiento interno, sino que representa también la lucha entre ideologías enfrentadas a nivel mundial. La Guerra Civil, que empezó siendo un conflicto interno, acabó siendo un conflicto internacionalizado, en el que participan diferentes actores clave en el periodo de entreguerras. La Alemania nazi, la Italia fascista o la Rusia soviética.

  • ¿Cómo se informó?

Muy pocos corresponsales intentaron ser neutrales, buscar la imparcialidad y ser objetivos en su narración de los hechos. La Guerra Civil Española fue, en el campo informativo, el paradigma de la no-objetividad (subjetividad). Y es difícil encontrar corresponsales que cubrieran el conflicto de forma imparcial. George Orwell, autor de “Homenaje a Catalunya” y uno de los periodistas que cubrió el conflicto, escribió lo siguiente al respecto.

Hacía ya tiempo que había visto que los periódicos nunca dan las noticias de forma objetiva pero fue tras la Guerra Civil en España cuando caí en la cuenta, por primera vez, de que los reportajes periodísticos no guardaban relación alguna con aquella realidad. (…) Pude leer reportajes sobre batallas inexistentes y comprobar silencios bochornosos ante enfrentamientos donde habían muerto cientos de hombres.

Los países más directamente implicados en ayudar a uno de los bandos no tenían corresponsales en territorio del bando contrario. Por ello, no los había rusos en el lado franquista ni alemanes e italianos en el republicano, con la excepción de los exiliados que estaban en las Brigadas Internacionales.

Por otro lado, los medios más importantes de los países democráticos enviaron a menudo corresponsales a ambos bandos, si bien es cierto que los propios medios seleccionaban habitualmente a su enviado en función de sus mayores afinidades políticas o religiosas con uno de los bandos enfrentados. El tratamiento informativo de la prensa extranjera en la guerra española no estaba interesado, en general, en ser objetivo o imparcial; la ideología y la propaganda tuvieron un papel muy influyente y la mayoría de los corresponsales tomaban partido. Muchos, más que periodismo, hacían militancia partidista, movidos por ideales muy definidos. Tanto, que algunos dejaron la máquina de escribir para coger las armas. Fue el caso, por ejemplo, de periodistas del Daily Worker. Herbert Southworth, experto en periodismo y propaganda, escribió en The Washington Post que esta propaganda era muy amplia y diversa.

Louis Fischer, corresponsal estadounidense y de ideología comunista, explicaba que muchos de los corresponsales extranjeros que visitaban la zona franquista acababan simpatizando con las tropas republicanas, y que prácticamente todos los periodistas que entraban en España se transformaban en colaboradores activos de la causa.

Alejandro Pizarroso, historiador y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, coincide también en que el periodismo fue derrotado en la Guerra Civil y pone como ejemplo destacado de este fracaso periodístico a Hemingway, por la enorme carga subjetiva de sus crónicas.

La causa última de la derrota del periodismo en la Guerra Civil está en uno de los factores endógenos que marcan el trabajo de los corresponsales de guerra. Este no es otro que el punto de vista seleccionado por los periodistas para unificar un conjunto de crónicas con una línea argumental coherente. En muchos casos, el argumento escogido fue exclusivamente ideológico.

  • Control sobre los periodistas.

Hubo un control muy rígido por parte del bando franquista. La relación con los medios era muy mala y el trato muy despectivo y amenazante hacia los periodistas, ya que consideraban la información como algo indeseable, un obstáculo. Luis Bolín era el encargado del servicio de relación con los periodistas y el trato que tuvo con ellos fue nefasto. Los jefes del bando sublevado consideraban que al enemigo se le desmoraliza derrotándolo en el campo de batalla y no desde la propaganda informativa.

Sin embargo, José Millán Astray, al frente del aparato propagandístico de los sublevados, sí tenía algunos conocimientos sobre propaganda y aprendió en buena parte gracias a la ayuda italiana y alemana.

En cambio, en el bando republicano se les trataba mucho mejor. Eran mucho más expertos en propaganda y facilitaban la labor de los periodistas, porque tenían la idea clara de que eso les iba a beneficiar. Constancia Mora, jefa de la Oficina de Prensa Extranjera y Arturo Barea, mantenían un trato bastante cordial y próximo a los periodistas.

Los republicanos no solo eran conscientes de la enorme importancia que tenían los periodistas, sino que también tenían el control de los principales periódicos, las emisoras de radio más importantes, los estudios de producción cinematográfica, las editoriales, así como el mayor número de periodistas, diseñadores y maquetistas, locutores… También tenían mayor experiencia en el arte de la publicidad y de la propaganda, sobre todo aquellos vinculados al mundo político y sindical, de agitación revolucionaria y persuasiva, así como los que pertenecían al mundo de la cultura.

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Refugiados españoles en el campo de internamiento de Argelès-Sur-Mer, en el este de Francia. Fotografía: Público

  • Madrid: centro de operaciones para los corresponsales.

El hotel Gran Vía, situado enfrente del edificio de Telefónica, era el centro de operaciones de los corresponsales a la hora de mandar su trabajo. Más tarde pasó al hotel Florida, situado en la plaza del Callao. En el edificio de Telefónica se organizaba el trabajo de los corresponsales y al frente de ellos estaba Arturo Barea. Las informaciones estaban sometidas a censura, aunque había periodistas que conseguían burlarla. Estos edificios eran blanco diario del bando franquista.

En los países democráticos había pluralidad y algunos de los periódicos más prestigiosos enviaban a un corresponsal a cada bando. Fue el caso de The Times, Chicago Tribune, The Daily Telegraph o The New York Times. Los corresponsales y periodistas de las agencias de prensa suelen ser los grandes olvidados. Su importancia fue indiscutible y eran los más influyentes, porque la mayor parte de los periódicos publicaban sus informaciones o utilizaban parte del material. Havas, Reuters, Associated Press y United Press fueron los más importantes.

  • Posición oficial de los países, partidos políticos y periódicos.

Cuando estalla la Guerra Civil Española el 17 de julio de 1936, el primer ministró francés, León Blum, estaba convencido de que si conseguía convencer a la mayoría de los países y potencias europeas de no intervenir en la guerra española, el Gobierno de la República tendría grandes posibilidades de derrotar a los militares que se habían sublevado en África y cuya rebelión se extendió por las principales regiones del país. Es por ello que por iniciativa francesa (y bajo presión de la diplomacia británica) se crea un Comité de No Intervención, con el objetivo de evitar esa intervención extranjera, bajo el nombre de “Acuerdo de No Intervención en España”. Este acuerdo incluía, no solo evitar la intervención militar directa, sino que también prohibía exportar armas, munición y material de guerra, tanto por España como por Marruecos. En otras palabras, impedía intervenir en el conflicto de ninguna manera. Todos los estados europeos, empezando por Italia y Alemania e incluyendo a la Unión Soviética, firmaron el pacto, a excepción de Suiza, Andorra, Mónaco, Liechtenstein y el Vaticano.

No obstante, este acuerdo fue violado desde el principio. Por un lado, la Italia fascista de Mussolini, la Alemania nazi de Hitler y la Portugal de Salazar apoyaron casi desde el principio al bando sublevado. Por otro, la Unión Soviética pasó a apoyar al gobierno de la República. De este modo, los compromisos acordados con el “pacto de no intervención” quedaron en papel mojado. Como consecuencia de ello, Francia pasa a ayudar tímidamente al gobierno republicano, aunque oficialmente su postura seguía siendo de “no intervención”. El motivo no era otro que la política de “apaciguamiento” que el primer ministro británico, Neville Chamberlain, mantenía sobre todo con la Alemania nazi pero también con la Italia fascista, con el fin último de evitar una nueva guerra, en un contexto en el que todavía se recordaban las consecuencias que tuvo la Primera Guerra Mundial. Se buscaba, en vano, evitar la internacionalización del conflicto, en un momento histórico de máxima tensión entre democracias y dictaduras, como lo fue el periodo de entreguerras.

Miriam Brandon, licenciada en Historia Moderna y Ciencias Políticas por el Queen Mary College y la London School of Economics and Political Sciences, argumenta que “El Pacto de No Intervención” fue de todo menos de “no intervención”, ya que acabó beneficiando al bando sublevado, siendo el peor enemigo de la República española. Critica duramente a Francia, de quienes dice que “sus buenas intenciones se volvieron pronto contra la República” y que el Pacto de No Intervención medía con el mismo rasero a un gobierno legal elegido por el pueblo y a unos rebeldes que se habían alzado en armas contra la voluntad popular. Acusó a Alemania e Italia de saltarse el acuerdo, ayudando a los golpistas y definió la “neutralidad” de Gran Bretaña como “una táctica diplomática que hacía la vida imposible a la República mientras favorecía inmensamente a los militares golpistas.”

La mayor parte de los periódicos occidentales no fueron neutrales respecto a la Guerra Civil y la mayoría adoptaron posiciones favorables a uno de los bandos, siendo hostil con el bando opuesto. Cada periódico marcó la línea a seguir a sus corresponsales, quienes la adoptaron en sus diferentes trabajos.

  • Francia

Exceptuando a la extrema derecha francesa, que defendía al bando sublevado, los diferentes partidos políticos franceses dieron su apoyo a la República. No obstante, como decíamos, la postura oficial era la “No Intervención”.

Un aspecto peculiar de la prensa francesa que cubrió la guerra, es el hecho de que casi toda la información publicada fue dotada por la agencia Havas, ya que pocos periódicos enviaron corresponsales propios. Havas realizó la cobertura más extensa de todas las agencias de prensa desplazadas a España. Paris-Soir fue el primer periódico en mandar corresponsales, mientras que L’Humanité (Simone Téry) y L’Action Française (Pierre Hericourt) fueron los que más cubrieron la guerra.

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Campo de refugiados españoles en Francia tras la Guerra Civil.

  • Gran Bretaña

La posición oficial del Gobierno de Gran Bretaña, tanto con Stanley Baldwin como con Neville Chamberlain, fue la “No Intervención”.

El apoyo a la República fue mayor entre liberales y laboristas que entre conservadores y la opinión pública y los sectores intelectuales apoyaron mayoritariamente a la República. La mayor parte de los periódicos católicos dieron su apoyo a Franco, mientras que periódicos como el News Chornicle, The Manchester Guardian, The Daily Herald, The Daily Worker o The Daily Mirror dieron su apoyo a la República (prensa liberal, laborista o comunista). Algunos partidarios de la “No Intervención”, como el Herald, The Times y The Daily Telegraph, mostraron mayor neutralidad hacia los dos bandos. La BBC pretendía mantener la neutralidad, aunque algunos sectores la definieron como pro republicana.

  • Estados Unidos

Tanto Roosevelt como su esposa Eleonor fueron partidarios del bando republicano, pero EEUU se mostró oficialmente neutral, coincidiendo con la política de “No Intervención” de Inglaterra y Francia. La opinión pública estadounidense era aislacionista y la diplomacia contraria a intervenir en los asuntos europeos. No obstante, había muchísimos grupos que apoyaban abiertamente a la República. El apoyo a Franco vino del lado de los sectores católicos y religiosos.

The New York Times fue uno de los periódicos que más informó sobre la Guerra Civil Española. Fue uno de los que rompió con la dinámica generalizada de la pérdida de interés por el conflicto a medida que éste avanzaba. Aunque sí que es cierto que la información fue disminuyendo, la cobertura era continua. El periódico mandó corresponsales a cada bando, para dar una visión desde todos los ángulos de la guerra. Reconocieron que las versiones a favor de los sublevados estaban manipuladas, debido a la presión de las organizaciones católicas estadounidenses. En cualquier caso, The New York Times no se presentó en ningún momento como “objetivo” o “neutral”, ni tuvo una única interpretación del conflicto. Apostó siempre por la pluralidad y es por ello que siempre tenía corresponsales en los dos bandos, con visiones partidistas y variadas.

Wiliam P. Carney, uno de los corresponsales en el lado sublevado, era muy contrario al bando republicano: sus crónicas tendían a minimizar la intervención alemana e italiana, mientras que magnificaba la soviética en el bando republicano y acusó a Francia repetidas veces de ayudar a la aviación republicana. Calificaba a la República de represiva, antidemocrática y antirreligiosa. Cometió errores muy graves, como afirmar que la caída de Madrid, en noviembre de 1936, era inmediata. No fue el único, pero con diferencia el más sonado.

Por el otro lado cubría la información Herbert Matthews, quién experimentó un viaje ideológico una vez que empezó a trabajar como corresponsal en Madrid. Antes de su llegada era más bien contrario a la República, idea que cambió una vez que observó la falta de apoyo que las democracias europeas dieron al gobierno. Afirmó que la ayuda de la Unión Soviética es consecuencia de esa falta de lealtad por parte de Francia e Inglaterra (era especialmente crítico con Francia) y se vio influenciado por las ideas de periodistas como Hemingway o Martha Gellhorn, así como por las Brigadas Internacionales. El propio Matthews reconoció que nunca fue neutral y que sus reportajes no estaban libres de prejuicios, ya que de sus experiencias con los periodistas citados llegó a la conclusión de que objetividad y neutralidad política no solo eran imposibles, sino indeseables en el periodismo.

Centrándonos por un momento en la figura de Ernest Hemingway, es probablemente uno de los periodistas que más ha dado que hablar por su cobertura sobre la Guerra Civil. De él se suele decir que, a diferencia de otros compañeros suyos, él sí hacía periodismo sobre el terreno: iba al lugar de los hechos, en los que tenía lugar el combate, corría riesgos y describía el ambiente de su alrededor extraordinariamente bien, pero también se dice que sus crónicas eran muy subjetivas y embriagadas por un claro sabor republicano.

Herbert Matthews, el periodista de The New York Times del que hablábamos, y Hemingway, solían viajar juntos, de la mano de otros compañeros suyos como Tom Delmer, del Daily Telegraph y Martha Gellhorn, una de las corresponsales de guerra más importantes del siglo XX. Fue el caso también de Robert Capa y Gerda Taro, y la mayoría de ellos residían en el Hotel Florida. El punto de vista de Gellhorn también era muy militante, tal y cómo se desprende de una carta que mandó a Eleonor Roosevelt desde Barcelona, en 1938.

¿Y sabe otra cosa? Este país es demasiado bello como para que los fascistas lo hagan suyo. Ya han convertido Alemania, Italia y Austria en algo tan repugnante que incluso el paisaje es feo. Cuando conduzco por las carreteras de aquí y veo las montañas de piedra y los campos áridos a ambos lados, los parasoles clavados en la arena de las playas, los pueblos del color de la tierra y los lechos de grava de los ríos, la cara de sus agricultores, pienso: ¡hay que salvar España para la gente decente, es demasiado hermosa como para desperdiciarla!

Hubo un tercer corresponsal para The New York Times en España: Lawrence Fersworth. Cubría información desde Barcelona y Valencia y aunque era favorable a la República, escribió también crónicas negativas sobre el bando republicano cuando lo consideraba oportuno.

En Estados Unidos, había dos lobbys que tenían mucho poder a la hora de influir en la información. Por un lado, el lobby católico, que presionaba a favor del bando sublevado, argumentando que en el bando republicano no había libertad religiosa y que se perseguía al catolicismo. Este sector denunciaba, por otra parte, la influencia de Hollywood a favor de la República, el otro lobby con mucho poder, así como las posiciones de determinados sectores políticos e intelectuales, más favorables a la causa republicana.

  • Italia, Alemania y la Unión Soviética

En la prensa de Italia, Alemania y la Unión Soviética (URSS) no había pluralidad y los distintos modelos totalitarios marcaron una línea muy clara. Italia y Alemania a favor de los sublevados y la URSS de los republicanos.

En Italia la prensa fue más propagandística y explícita que en Alemania. En la URSS, la Guerra Civil Española copaba un espacio importante en los medios, tanto en los periódicos como en la radio. Además, estos ocupaban grandes espacios de la vida pública: fábricas, hospitales, centros culturales…

  • Tipo de propaganda y principales instrumentos para llevarla a cabo.

La propaganda primó sobre la información en los periódicos a la hora de cubrir la Guerra Civil, pero, ¿qué tipo de propaganda se hizo?

La mayor parte de la propaganda fue “blanca”, es decir, propaganda directa. Es un tipo de propaganda en la cual se identifica claramente a la fuente o el origen mismo de la información. Aún siendo la propaganda “blanca” mayoritaria, también hubo propaganda “negra”. La propaganda “negra” es un tipo de propaganda que lleva una firma falsa. Es decir, que mientras se hace pasar por un bando en realidad es promovida por el otro, ocultando el origen real de la fuente. En esa ocultación del verdadero origen radica todo su éxito.

Stanley Newcourt-Nowodorski, autor del libro “La propaganda negra en la Segunda Guerra Mundial”, fue prisionero de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Después de escapar estuvo en el ejército estadounidense y también fue parte de la resistencia polaca. Después de la guerra estudió Ciencias Económicas y fue colaborador de la BBC. En el citado libro, explica lo siguiente.

La primera emisora alemana que hacía propaganda negra funcionó durante la Guerra Civil Española. Fue una de las primeras operaciones especiales que realizó el propio personal del Ministerio para la Ilustración y Propaganda del Reich. Se puso a disposición del general Franco y fingía ser una emisora republicana que buscaba crear confusión en este bando. No cabe duda que fue una experiencia valiosa para Goebbels.

Pero más allá de algunos pocos casos como este, la propaganda durante la Guerra Civil no fue muy sofisticada. Propaganda muy directa y explícita. Gema Iglesias Rodríguez, autora de “La propaganda en las guerras del siglo XX”, establece algunas características comunes a las dos guerras mundiales, la Guerra del Golfo, la Guerra de Yugoslavia y la Guerra Civil Española.

Simplificación en busca de un enemigo único; aceptación de la opinión más generalizada; exageración o desfiguración del tema elegido; transfusión y utilización de los mitos y prejuicios tradicionales: repetición de una idea central y variación de las secundarias; unanimidad y contagio; respeto a la autoridad; lenguaje coloquial, coherente y persuasivo y contrapropaganda.

El instrumento de propaganda más importante durante la Guerra Civil fue la radio. De hecho, fue el momento en que, por primera vez en la historia, la radio fue una verdadera arma política y militar y utilizada como gran arma psicológica de masas. Se afirma a menudo que España fue, en el campo de la propaganda, un ensayo de cara a la Segunda Guerra Mundial, tanto interna como externamente. Y el papel de la radio fue, sin ninguna duda, fundamental.

La ventaja que tenía la radio sobre la prensa, es que su difusión era mucho mayor, ya que la prensa solía quedar reducida al territorio controlado por uno de los dos bandos, mientras que la radio podía llegar a ser escuchada en territorio enemigo, de modo que podía servir a ambos bandos indistintamente. Es decir, que si un bando utilizaba la radio para llegar a territorio enemigo, la información podía llegar a los partidarios de su propio bando que allí se encontraban, con el objetivo de darles ánimo o consignas. Del mismo modo, podían desmoralizar al bando enemigo, así como contradecir y ridiculizar al adversario, poner en duda la información que allí se recibía desde el bando enemigo…

Si en el siglo XIX la prensa tuvo el monopolio de la propaganda, en el siglo XX éste pasó a manos de la radio. O al menos eso se desprende de unas declaraciones de Goebbels, una vez que los nazis llegan al poder en Alemania. Hay que tener en cuenta que la radio no tenía el problema del papel que tenía la prensa escrita y su inmediatez también supone un punto a favor.

Según escribe Daniel Arasa (periodista, profesor en la Universidad Pompeu Fabra y la Abat Oliba CEU, y colaborador habitual en La Vanguardia) en “La batalla de las ondas en la Guerra Civil Española”, había 67 emisoras cuando la guerra estalló y ésta llegaba a todos los ámbitos de la vida pública: bares, restaurantes, casinos, centros culturales… En estos lugares había instalados altavoces que se podían conectar con las distintas emisoras.

La radio fue muchísimo más utilizada por el bando republicano que no por el sublevado, quienes centraban su atención en Franco. Los sublevados utilizaban la radio fundamentalmente para exaltar la figura del caudillo, defender la unidad de España y señalar que se trataba de una nueva Cruzada para defender la fe católica de las “hordas rojas”. Mientras que en las radios gubernamentales era frecuente escuchar discursos de personalidades políticas de la República, como Juan Negrín, Indalecio Prieto, Francisco Largo Caballero, Lluís Companys o Dolores Ibárruri.

Uno de ellos, convertido en mito y leyenda en el imaginario colectivo antifascista, es el discurso que pronunció el 19 de julio de 1936 Dolores Ibárruri en Madrid, bajo el lema “¡No pasarán!”. Se oyó por la radio y movilizó a miles de ciudadanos que, tras escuchar el discurso, se pusieron al servicio de los intereses de la República contra el golpe de Estado.

En el bando sublevado, tal vez los discursos radiofónicos más ampliamente difundidos fueron los del general Gonzalo Queipo de Llano, uno de los militares que se sublevó contra el gobierno de la República. Utilizó la radio (Unión Radio Sevilla) como medio de propaganda y herramienta de guerra psicológica.

En resumidas cuentas, hubo muchísima propaganda. Una propaganda, por lo demás, muy básica: directa, simple y repetitiva, dirigida a apelar más a los sentimientos que a la razón y orientada a movilizar a los del bando propio frente al enemigo y combatirlo. Fue una guerra y un conflicto con un marcado carácter ideológico y eso se vio traducido en la propaganda.

  • Tratamiento informativo de la batalla del Ebro.

El interés internacional pierde fuerza con la batalla del Ebro, batalla que quedará eclipsada en la prensa extranjera. No atrajo la atención mundial de la misma forma que otros acontecimientos históricos de la guerra, como por ejemplo, el frente de Madrid o la batalla de Teruel, por varias razones que trataremos de analizar. Además de las razones en las que vamos a profundizar, hubo otras menos importantes, en las que no entraremos a fondo, como fueron el cansancio periodístico y la pérdida de “efervescencia revolucionaria” del inicio de la guerra.

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Refugiados españoles en la frontera con Francia. Fotografía: Getty Images

Europa es frente de varios conflictos desde el punto de vista político y de las relaciones internacionales. Se percibe claramente el peligro de un conflicto que puede dar a otra gran guerra. Además, el recuerdo de la Primera Guerra Mundial todavía está muy presente. Es el contexto internacional del momento lo que deja la Guerra Civil Española en un segundo plano, desde el punto de vista informativo. Los nazis entran en Austria en marzo de 1938 con el “Anschluss” y el país austriaco pasa a formar parte del Tercer Reich. La política exterior de Hitler pone en alerta a Francia y Gran Bretaña, quienes se arman ante la posibilidad de que estalle un conflicto, como mínimo, a nivel europeo, en caso de que Alemania siga conquistando territorio. En verano de 1938, ya durante la batalla del Ebro, estalla un nuevo conflicto vinculado con el territorio de los sudetes y la Cumbre de Munich y luego con el desmembramiento de Checoslovaquia. La amenaza de la política exterior alemana en Europa cambia la percepción y el contexto internacional, con lo cual, la Guerra Civil española queda relegada en un segundo plano. En definitiva, el ambiente prebélico en Europa hace disminuir el interés por lo que sucede en España.

Por otro lado, desde que las tropas franquistas conquistan Aragón en marzo-abril de 1938, se empieza a percibir como inevitable la victoria del bando sublevado y eso provoca que el conflicto pierda interés informativo. Además, se da el caso de que la mayor parte de la prensa mundial era favorable al bando republicano y cuando parece que éste va a resultar perdedor, baja el interés de estos medios por informar sobre el conflicto.

También hay países que consideran que España tiene escaso peso en la esfera internacional, motivo por el cual la guerra chino-japonesa, por ejemplo, es vista como mucho más importante y se le dedicará más espacio en las secciones de Internacional de la prensa y de la radio. Es el caso, por ejemplo, de The New York Times, que centrará especial atención en este conflicto.

La primera víctima de la guerra es la verdad.

En conclusión, la propaganda primó sobre la información. Las diferentes sensibilidades políticas e ideológicas, a menudo a favor de la República, condicionaban los contenidos de las informaciones, aunque el precio a pagar fuera el sesgo y la manipulación informativa. No se hizo, salvo casos puntuales y excepcionales, gran periodismo y se cumplió la máxima de que “la primera víctima de la guerra es la verdad”.

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