El derecho a renunciar

Por Roy.

Las luces artificiales que iluminaban el césped del Met-LifeStadium en Nueva York aquella cálida noche de verano, permitan que cada uno de los 82,000 asistentes pudieran presenciar el momento cumbre de la final de la Copa América Centenario 2016; todos observan al jugador que colocaba el balón en el manchón penal, tomaba un poco de distancia, observaba al portero, respiraba, y al hacerlo su playera se contraía levemente, moviendo el número 10 y la palabra “Messi” estampadas en la misma.

Messi se prepara, toma impulso y empieza a correr hacia el balón y su destino, impacta el esférico y la tragedia se sucede, todo el auditorio observa la caída del Ícaro de la pos-modernidad, quien aun sin alas de cera comienza a colapsar sobre sí mismo, como si hubiera caído desde las mansiones de cristal del Olimpo hasta las aguas pantanosas del Estigia escondido en el quinto infierno de Dante.

Llora y llora más cuando Biglia erra y Silva acierta coronando a Chile como Bicampeón de la copa América, el dolor que se observa en su rostro escapa a lo que cualquier palabra pudiera condensar, pareciera que de repente no importara todo lo obtenido con el Futbol Club Barcelona, la dinastía del futbol moderno; pareciera que solamente contara la sombra de aquel Titánque dibujara el gol más hermoso de todos y cuya figura no es ya para Messi un referente sino una piedra de Sísifo.

El héroe sale de su campo de batalla, los medios se abalanzan sobre él, quien ante la andanada de preguntas, les da la respuesta que jamás esperaron escuchar:“Ya está, se terminó para mí la selección” (AP, La Jornada, 2016)

Tras estas palabras siguieron un mar de intentos por evitar que Messi abandone la selección albiceleste, todos desde niños en las redes sociales, hasta Diego Armando Maradona –pasando claro está por un infumable presidente neoliberal como Macri- todos intentado convencerle de que recapacite, de que no renuncie, porque eso es malo, porque aparentemente lo mejor es doblegarse ante los intereses de las mayorías y desoír el sentir que nace del corazón, porque aparentemente el mensaje que quieren encontrar en el retorno de Messi, es el de saber que al final el dolor vale la pena y que existe una recompensa mágica esperándonos a todos; lo siento no es así, a veces renunciar es el acto más digno de todos, es el reencuentro con nuestras propias capacidades y limitaciones, es el admitir que algunas cosas no sucederán sin importar cuanto las deseemos, es la renuncia a los sueños imposibles y el abrazo con los sueños alcanzables, es el encuentro con la realidad tal cual es y no tal cual me gustaría que fuera, la renuncia permite formar un futuro nuevo a través de esas lágrimas de plata que todos algunas vez hemos llorado cuando hemos tenido que soltar algo (o alguien) que amábamos, la renuncia de Messi no es fácil para nadie y menos para él pero es su decisión, si él decide volver está bien, pero no debemos negarle el derecho a renunciar ni a él ni a nadie así como no debemos negarle el derecho a luchar ni a él ni nadie, tenemos que entender que a veces, sólo a veces, los héroes también tienen derecho a cansarse.

PD: Hablando de héroes,  salud a todos y todas quienes en las tierras de España luchan contras los desahucios, el hambre, la corrupción, la desesperanza y demás linduras que engendra el sistema, desde alguna parte del sureste mexicano os mando un abrazo y un beso cargados de mucha esperanza y amor – Y les digo que como diría Benedetti “No cedas aunque el frio queme.”

 

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