Nunca se es tan mexicano como cuando se está en el extranjero

mexico

Por Karen Virués Sánchez

Vine a Estados Unidos porque mi intuición me dijo que aquí vivía mi verdadero yo. No. Mentira. Desde que tengo memoria siempre añoré vivir fuera de México pues le profeso un intrínseco amor al viejo continente que aún no ha podido ser consumado. Estados Unidos jamás formó parte de mi ecuación pero tras ser rechazada en todos los convenios y programas de becas que solicité para otros lugares, se volvió mi única opción viable para salir del país.

Soy egresada de las licenciaturas en Letras Españolas y Lengua Inglesa por la Universidad Veracruzana en Veracruz, México. Considero que, como tal, tenía la obligación conmigo de salir a explorar el mundo y su diversidad tanto lingüística como cultural. En 2014 vendí todas mis pertenencias y me inscribí a un programa de Au Pair, el cual consiste en vivir con una familia para la que trabajas como niñera. Estuve un mes con una familia en Hastings On Hudson, New York , y los otros once meses con una familia distinta en Manalapan, New Jersey.

Es imposible no establecer comparaciones entre la cultura propia y la del otro en la forma de proceder en determinadas situaciones. Procuro no pecar de antropocentrismo aunque sé que en ocasiones lo padezco. Por poner un ejemplo, la educación en casa en México es sumamente rigurosa, nuestros padres y principalmente las madres mexicanas, por lo menos en mi generación, nos enseñaron limites y valores a través de un sistema casi maquiavélico donde “es mejor ser temido que amado pero sin llegar a ser odiado”. Además, somos una cultura que cría a las nuevas generaciones en el núcleo familiar. Si los padres trabajan o por alguna razón no pueden cuidar a sus hijos, éstos son atendidos por los abuelos, tíos o algún otro familiar disponible al tiempo para la hazaña.

Por el contrario, en la cultura estadounidense la mayoría de niños son dejados a la deriva en un mar de permisiones insensatas para su edad en donde con la justificación de “hacerlos independientes” los consienten en exceso y es difícil distinguir quién controla a quién, si el hijo al padre o viceversa. En los casos que he conocido, a pesar de que los padres podrían hacer tiempo para convivir con sus hijos y guiarlos, prefieren realizar actividades que no los involucran y dejarlos a cargo de niñeras o Au Pairs.

En varias de mis asignaturas dentro de la universidad había estudiado lo que implica el choque cultural al convivir con personas de nacionalidades distintas a la propia. Sin embargo, hay días en los que la teoría no es suficiente para sobrellevar la experiencia. Es entonces que me reconozco como mexicana. No es que no lo hiciera desde antes pero sólo desde afuera uno es capaz de valorar aún más su origen puesto que la perspectiva cambia. Se empieza a tener un auténtico sentido de identidad que se sacraliza por mantener de un modo u otro en la cotidianidad. Nunca antes habían vibrado tanto mis sentidos al escuchar el Himno Nacional Mexicano o canciones del folklore mexicano, ni mi estómago había sido tan feliz por poder comer tortillas. Tener contacto con un pedacito de México sabe a gloria.

Si bien quiero más a mi país de lo que ya lo hacía y he aprendido a encontrarle varias cualidades que en los últimos años eran difíciles de apreciar, también es verdad que día con día la inseguridad que se vive en él incrementa y desde aquí, lo mismo que cuando estaba en México, me embarga un profundo sentimiento de tristeza e impotencia.

En Estados Unidos, a pesar de sus males, aún se respira un ambiente de seguridad que en México ha desaparecido entre ríos de sangre injustificada por esa ridícula lucha de poder y absurdas reformas que nada benéfico aportan al pueblo. Mientras estuve en México asistí a marchas, protestas, manifestaciones, tomas de instalaciones y brigadas de información. Recursos criticados por su falta de efectividad para lograr un cambio pero nadie, ni yo, sabemos qué lo hará.

Tal vez estar fuera de mi patria sea cobarde pero sigo divulgando con todo aquel que se cruza a mi paso la verdadera situación crítica que se vive en México. Desde mis trincheras es lo único que pude y sigo haciendo mientras rezo por la utopía de la unión total del pueblo mexicano para derrocar de raíz a las instituciones que tanto lo han dañado e impedido su crecimiento.

México lindo y querido, sigo pidiendo por ti, para que algún día seas una primer potencia pues tienes la capacidad y recursos para lograrlo, para que la paz y seguridad se establezcan en tu territorio, para que todos tus habitantes terminen de despertar y sus conciencias se iluminen y mientras tanto, desde el lugar de New Jersey en el que ahora me encuentro estudiando, tienes a un soldado divulgando tu realidad, una hija que nunca antes se sintió tan mexicana.

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2 comentarios en “Nunca se es tan mexicano como cuando se está en el extranjero

  1. No sé si reír o llorar con tu pseudo-artículo. No te sientes más Mexicana, tienes algo que sí mal no recuerdo se le llama nostalgia y créeme, no te sientas única porque no lo eres; eres un latinoamericano más que cree que la vida es mejor en un país primer mundista. Es muy fácil decir México lindo y querido cuando estás muy lejos de las situaciones que se viven día a día en el país. La vida de cada uno es como uno la construye… No depende del suelo que pises… Deja de engañarte y abre los ojos…

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  2. ¡Hola! Me gusto tu articulo sin embargo no coincido contigo del todo. Yo Creo que México tiene mucho para dar, tambien me da colera la situación de inseguridad que Se vive en el país y tampoco nunca fui tan Mexicana hasta que sali de México. Me siento orgullosa de ser Mexicana. Pero nosotros mismos somos quienes dañamos al país no solo las instituciones politicas. Y no he formado parte de protestas, no Porque no crea en Ella si no Porque la realidad del país ha demostrado lo poco efectivas que son.

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