La justicia ciega y sorda de EE.UU

Por Sara Pérez (@sarap0va)

“No me conoces, pero has estado dentro de mí, por eso estamos aquí ahora”. Así empieza la carta de una joven estadounidense de 23 años dirigida a su violador, Brock Turner,  un estudiante de la Universidad de Stanford con un futuro prometedor: campeón de natación que aspiraba a los Juegos Olímpicos.

La justicia lo ha condenado a seis meses de cárcel y libertad condicional, pero el juez Aaron Persky lo desestimó porque pensó que podía afectar de manera negativa a su carrera, por lo que al final cumplirá una condena de 3 meses.

“Me has arrastrado contigo hasta este infierno, me has hundido en aquella noche una y otra vez”,  continúa la carta.  Sin embargo, el juez ha asegurado que “cree que Turner no es peligroso para los demás”.  Su padre dijo que ya había pagado suficiente “por una acción de  minutos”.  Esto no es un error tipográfico, lo he escrito bien.

La justicia norteamericana debe ser ciega.

Por una parte, me parece realmente vergonzoso que sigamos  hablando de “relaciones sexuales no consentidas”, es algo así como una forma educada de decir “violación”.  Esto no es un juego en el campus de la universidad entre chicos y chicas que tontean con el dinero,  el alcohol y las drogas y después “pasa lo que pasa”, esto es un hecho entre un “violador”  y su víctima y no debe ser consentido ni aceptado bajo ninguna circunstancia. Brock Turner es el claro ejemplo de una sociedad enferma por la ‘cultura de la violación’  en la que considera que el sexo es solo cosa de hombres.

Una de cada cinco alumnas de enseñanza superior en EE UU sufre abusos sexuales en su campus, en esas universidades y college que son orgullo del país y suelen entrar el 6% de solicitantes de plaza. Son centros de excelencia de prestigio mundial y padecen una enfermedad social y de igualdad.  Frente a quienes defienden que se trata de un problema de alcohol y pubertad, los datos son  bastante claros: Del 20% de jóvenes agredidas, el 80% conocía a sus asaltantes, según un informe elaborado por la Casa Blanca y el 98% de los agresores son hombres.

Mientras estén leyendo este texto, se preguntaran como es posible que haya escrito anteriormente “frente a quienes defienden que se trata de un problema de alcohol y pubertad” . Pero sí, lo he escrito porque incluso los políticos son capaces de decirlo muy a mi pesar y por mucho que me sorprenda.  Algunos conservadores han puesto en duda el problema. Heather MacDonald, del think tank conservador Manhattan Institute, escribió: “La realidad en los campus no es una epidemia de violaciones sino un problema de exceso de alcohol y promiscuidad sin control normativo”

La periodista estadounidense Megan Murphy escribía en su columna para Feminist: “Los hombres destruyen la vida de las mujeres, como individuos y colectivamente, cada vez que cometen este tipo de ataques. Y luego tratan de protegerse los unos a los otros: “Era un buen tipo, ” Se merece compasión ‘. Pero ¿En qué momento la compasión se extiende hacia las mujeres que viven en el miedo y el trauma debido a hombres como Brock que están, en verdad, en todas partes? Que están en todas partes, ya que son criados por y rodeados de hombres que  consideran el asalto sexual “20 minutos de acción”? Esto es literalmente lo que la cultura es violación: La violación es sexo, bajo el patriarcado. Y el deseo de los hombres siempre es excusable, siempre es aceptable, siempre una prioridad más grande que la seguridad de las mujeres, el bienestar y la dignidad “.

La justicia estadounidense no le bastaba ser ciega, que también es sorda.

Brian Banks pasó más de seis años en la cárcel  por una violación que jamás cometió.  “No se trata solo de un de privilegio de la raza, también es un privilegio del dinero. Cuál es tu origen económico,  tu nivel de vida, tu educación. Lo triste de todo esto es que Brock fue sentenciado por su nivel de vida”.

Cory Batey era un atleta de 19 años cuando violó a una chica inconsciente en el campus de su universidad,  pero a diferencia de Brock fue condenado a quince años de prisión. Un 3000 por ciento más de tiempo que la sentencia  del estudiante de Standord. ¿La diferencia? Es negro, al igual que Brian Banks.  En el año 2013, el centro de investigaciones Pew determinó que los hombres negros tenían una probabilidad multiplicada por 6 de ser encarcelados respecto a los blancos.

No es casualidad, según un estudio de la Universidad de Pensilvania, la población negra en EEUU representa un 30 por ciento,  pero dentro de la cárcel son un 60 por ciento,  los negros reciben penas de prisión más largas que los acusados blancos y en general los negros estadounidenses son mucho más propensos a ser arrestados que los blancos. No es algo que se esconda,  los jueces toman en cuenta la raza en sus decisiones de sentencia y  “la magnitud de este efecto es sustancial.” Castigan a los acusados de manera diferente en función de su carrera – y sólo su raza. En concreto, los jueces son mucho más propensos a condenar a los acusados negros a la cárcel que los acusados blancos.

La sentencia de Turner simboliza que la justicia estadounidense tiene doble estándar.

 

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Ilustración: Sequeiros

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