Titiriteros, absolución

Titiriteros, absolución (PRINCIPAL)

Fuente: libertadtitiriteros.org

Por Marilyn dos Santos (@Marilynlynlynn)

“No será usted uno de esos que van por ahí culturizando a lo loco, ¡¿no?¡”, pregunta preocupada la “concejala de cultura” al protagonista del primer cuento al que dieron vida los “Títeres desde abajo” el pasado domingo en la capital. Pero las marionetas no debían de tener el permiso que se les exigía, así que él, muy pícaro, resuelve el entuerto invitando a la autoridad a un buen trago de aguardiente con el que limar asperezas. Ella, entusiasmada, accede al ofrecimiento, recordando con nostalgia aquellos tiempos en los que vivía inmersa en el activismo político… Sin embargo, en lugar de la bebida, la concejala acabó recibiendo un par de golpetazos que la dejaron fuera de escena, y así, sin más impedimentos burocráticos, el espectáculo podía continuar.

Debo confesaros que no he visto “La bruja y Don Cristóbal”, esa obra perversa cuya representación le costó la libertad a dos faranduleros que, por supuesto, de inmediato fueron detenidos. Pero he visto su nuevo espectáculo y…al día siguiente me desperté con la misma sensación que otro día cualquiera. La verdad, me resultó incluso frustrante. No sé, esperaba como poco que el espeluznante show me hubiera infundado un poco de odio —al fin y al cabo, esta gente ha estado en la cárcel por enaltecimiento del terrorismo—, pero nada.

La primera historia a la que dieron vida las marionetas de Alfonso Lázaro y Raúl García en la Plaza de Tirso de Molina y en el Parque de La Vaguada el pasado día 5 de junio fue la titulada como “El panadero y el Diablo”, algo así como un cuento infantil sobre la lucha de clases —ojo, que esta denominación se la da la que escribe y lo percibe cualquier adulto, pero en ningún momento se explicita en el texto—. La segunda fue “La sopa de piedras”, una fábula con una moraleja clara: el trabajo cooperativo es la mejor defensa ante la escasez —o si nos queremos poner radicales: el pueblo, unido, jamás será vencido—. Y finalmente, los “Títeres desde abajo” terminaron su actuación con “El pequeño propietario”, una sutil crítica a la obsesión capitalista por las posesiones materiales.

Entre el público había muchos niños, todos ocupando las primeras filas, todos acompañados por sus padres. Y la conclusión que saco es una y muy simple: todos nacemos revolucionarios. Y es que, los pequeños no veían otra cosa sino justicia cuando el panadero se liberaba del Diablo para poder repartir el fruto de su trabajo con sus vecinos en lugar de dárselo a su opresor. Porque los niños ven lógica la necesidad de compartir por el bienestar social. Porque si os esforzáis en pensarlo, cuando íbamos al cole no soñábamos con firmar una hipoteca, sino con ser mayores y ser libres. Pobres de todos nosotros… Sí, pobres de todos nosotros, porque con los años nos dejamos corromper, tanto, que somos capaces de encarcelar a dos titiriteros por alimentar con sus muñecos lo que todos nacemos teniendo: libertad.

En fin, que si el problema son las cachiporras y la violencia —y atención, porque el nombre original de estos muñecos de guante es “títeres de cachiporra”—, tal vez deberíamos comenzar por los cuentos populares, por los dibujos animados, por los videojuegos, por la entrada sin restricción a las corridas de toros, por nuestra propia conducta…; y ésta sí me parecería una lucha justa. Pero si el problema es que los niños aprendan a ser rebeldes, tranquilos, que por lo visto, los años se encargarán de remediarlo…

…o quizás no siempre: ¡Títeres, absolución!

 

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