Tengo una confesión que hacer…

Por Nicolás Bello (@nbello_II)

La siguiente es una confesión. Soy un machista.

Me asustan las mujeres, sobre todo las fuertes e independientes. Tal vez porque no las termino de comprender. De seguro porque no puedo controlarlas. Porque al contrario de lo que me contaron toda la vida, no son sumisas ni están pendientes de mí. Por más ganas que tenga nunca lo estarán. Aunque los medios – el cine, la televisión, en fin, el mundo – me hayan prometido que me corresponde no una, sino un puñado de mujeres hermosas, posiblemente alrededor del jacuzzi que nunca tendré.

Pero no odio a las mujeres, no me malinterpreten. Es normal, soy un hombre heterosexual dentro de una sociedad machista. Y estoy programado para ello. He nacido en un sistema patriarcal en que los hombres hemos convencido a las mujeres, a lo largo de la historia de que ellas son las débiles, las sumisas, las frágiles y que nosotros somos los fuertes, los sólidos y los proveedores. No lo somos. Por el contrario, somos más débiles de lo que queremos mostrar. Pero “los hombres no lloran, eso solo lo hacen las mujeres y los mariquitas”.

Esta confesión no es gratuita ni espontánea. Lo vengo pensando – y luchando contra ese sentimiento – desde hace muchos años. ¿Por qué hombres y mujeres tenemos muchas veces relaciones tan enfermas? ¿Cómo es que el machismo, que en teoría debería beneficiarme, también me jode la vida? Es decir ¿por qué el feminismo?

Y de pronto cayó en mis manos el Manifiesto SCUM, de la autora estadounidense Valerie Solanas.

Escrito en 1967, el mismo año del “verano del amor” y la revolución hippie en Estados Unidos – la más notoria de una serie de revoluciones tanto raciales, algunas radicales como los Black Panthers; como de género, entre las que se encuentra Solanas -, SCUM se enmarca dentro del movimiento feminista radical de los años 60, ese que propone destruir por completo el sistema patriarcal y reemplazarlo por un mundo sin machos. Fue publicado en 1968, el mismo año en el que Solanas disparó e hirió a Andy Warhol.

SCUM significa “Society for Cutting Up Men” (Sociedad para hacer Picadillo a los Hombres) – ‘scum’ significa además ‘porquería’ en inglés – y eso es precisamente lo que propone este manifiesto. Solanas entra a saco desde la primera página, afirmando que los hombres somos mujeres incompletas, un cromosoma X al que le falta un trozo. Es decir, un error genético.

“El macho es un mero miembro de la especie, intercambiable por cualquier otro macho”. – Solanas, Manifiesto SCUM

Dentro de ese ser incompletos, continúa la autora, tenemos más carencias que virtudes: somos incapaces de amar, de tener compasión, comprensión del mundo y de la belleza. En resumidas cuentas, somos unos lisiados emocionales. Por ello somos responsables de todos los males de este mundo: la guerra – sacar la pistola en alusión a desplegar el pene -, la economía monetaria, la cortesía vana – cuyo objetivo es complacer a las mujeres -, la competencia, los prejuicios y la violación de la intimidad, entre otros.

La mujer es más bien la única capaz de encontrarle sentido a una vida que por el contrario sería vacua, aburrida y deprimente. Les apasionan las actividades absorbentes y creativas: las artes – no las grandes y pretenciosas, sino las simples y llenas de significado -, la conversación, la observación de la belleza en el mundo. En resumidas cuentas, el amor como lo único que da sentido a la existencia.

En esa lesión emocional profunda, afirma Solanas, los hombres hemos atribuido lo que llama nuestros “atributos masculinos” de fragilidad, miedo y necesidad de protección, a las mujeres. En cambio nos hemos apropiado de su fortaleza, su independencia y su cabeza fría para resolver las situaciones más complejas.

“Las mujeres, salvo las muy jóvenes o las muy enfermas, deben ser coaccionadas o sobornadas para que acepten la compañía masculina” – Solanas, Manifiesto SCUM.

Pero sobre todo nos hemos apropiado del sexo, que es lo único que [creemos que] podemos controlar. Sexualizar la figura femenina, en nuestro afán por no cagarnos de miedo en un mundo adverso y carente de sentido real, ha sido nuestro mecanismo de control social contra la mujer, sea reprimiéndola totalmente, sea convirtiéndola en poco más que un objeto.

Pero ¿quién controla a quién en el fondo? Y sobre todo ¿por qué queremos controlarlo todo? Esta es la pregunta más perturbadora que me suscitó al leer el Manifiesto SCUM, un libro que amé y odié a la vez, que se enmarca dentro de un contexto particular – los años 60 en Estados Unidos – y que ha creado más de una controversia dentro de las discusiones feministas.

El Manifiesto SCUM fue no obstante muy necesario para visibilizar la lucha de millones de mujeres alrededor del mundo, hartas de sufrir la violencia machista – particularmente de los micromachismos de los cuales todos sin quererlo somos culpables – que perdura hasta el día de hoy.

Pero esta es solo una reseña de la primera leída de un libro que llegó a mis manos, casi por casualidad, de manos de una chica a la que de seguro me quería follar. No sé si regalarme este libro fue una forma de que dejara de dar lata o más bien una forma de decir “lee esto, que lo vas a apreciar”.

Y yo me siento ahora tan confundido como es humanamente posible. No en lo que siento, sino en cómo expresar esa confusion de ser un hombre mal educado – en el sentido patriarcal que criticamos – que trata de hacerse un poco más consciente. Tal vez por eso todavía necesitamos el feminismo.

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Un comentario en “Tengo una confesión que hacer…

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