Pedro Sánchez, entre la espada y la pared

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Pedro Sánchez y Albert Rivera, tras el acuerdo alcanzado en el intento fallido de investidura. Fotografía: El Español

Por Nicolás Ribas (@nicolasribas_)

El pasado viernes dio comienzo —si es que había terminado— la campaña electoral del 26-J, en un contexto de ingobernabilidad política y en un ambiente de cansancio generalizado, con unos medios de comunicación que se han dedicado (y se dedican) a intoxicar a la opinión pública, mediante unos análisis de dudosa credibilidad y con la intención de influir en el voto de los ciudadanos de cara a las próximas elecciones.

En las pocas (y últimas) líneas que dedicaremos al asunto electoral, no vamos a entrar en semejante osadía, dejando esa empresa para las tendenciosas posturas e imposturas que llenan las páginas de los editoriales de los principales periódicos del país.

Trazaremos —eso sí—, unas breves líneas sobre el panorama que podemos esperar tras la celebración de las elecciones, partiendo como base de los datos del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) del pasado mes de mayo. El dichoso documento, al que diferentes actores políticos dan mayor o menor credibilidad según la dirección en la que sople el viento, deja al PSOE en una situación muy delicada, y es que todo apunta a que dependerá de Pedro Sánchez y del Comité Federal de los socialistas la decisión de dejar gobernar al PP o pactar con Unidos Podemos. Y ahora viene lo mejor: no importa lo que hagan, tanto si deciden pactar con el PP como si deciden pactar con Unidos Podemos, el coste político será grande y difícil de calibrar.

La mayor parte de las encuestas vuelven a dar como ganador al PP, que se situaría como primera fuerza política con un máximo de 121 escaños, lejos de los 175 que dan la mayoría absoluta. Detrás de los populares van los rojos y los morados, cuyo pacto permitiría llegar a unos 92 escaños, confirmando el cacareado “sorpasso” al PSOE, que quedaría relegado a la tercera posición, con un máximo de 80 escaños (10 menos que el 20D). Siempre tomando como base el CIS y la mayoría de las encuestas, este es el supuesto panorama que cabe esperar, con Ciudadanos como cuarta fuerza y un resultado similar al de las pasadas elecciones.

Un hipotético pacto entre las derechas (PP y Ciudadanos) no suma mayoría absoluta y el hecho de que Rivera esté “vetando” a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, no lo facilita tampoco. En esta tesitura, el pacto entre Unidos Podemos y el PSOE sumaría 172 escaños, rozando la mayoría absoluta. Un hipotético pacto con los partidos independentistas catalanes, como Convergència o Esquerra Republicana, sumaría (con creces) esa mayoría absoluta. De hecho, Carles Puigdemont, el president de la Generalitat de Catalunya, ya ha dejado entrever que intentará acercar posiciones con Unidos Podemos (después de que sus socios de gobierno de la CUP hayan vetado la aprobación de los presupuestos), siempre con el objetivo de pactar un referéndum.

Pero es muy difícil —por no decir imposible— que el PSOE vaya a aceptar este pacto. Y es también muy difícil que lo aceptara si el apoyo lo diera el PNV (Partido Nacionalista Vasco). Dentro del PSOE existen dos almas. La primera, la que representan Felipe González y Susana Díaz, cuyo discurso es agresivo tanto contra Unidos Podemos como contra el independentismo catalán. La segunda, la que representan políticos como Eduardo Madina o Pérez Tapias, cuyo universo ideológico es más próximo a pactar un acuerdo que incluyera a la mencionada coalición de Unidos Podemos. Valga por delante que el asunto independentista es la coartada perfecta para no pactar, pero no es la razón fundamental, cuyo origen está en la política económica. No es una opinión personal mía, es lo que se deduce del pacto del PSOE con Ciudadanos, que si bien incluía algunas medidas interesantes desde el punto de vista social, seguía siendo un pacto económico de derechas (socioliberal), lejos de la socialdemocracia que (en teoría) defienden los socialistas.

Así las cosas, si se vuelve a imponer el alma representada por Felipe González y Susana Díaz, el PSOE no va a tener otro remedio que apoyar un gobierno del PP, ya sea apoyando la investidura o absteniéndose. Es imposible aventurar la naturaleza de ese hipotético pacto, así como el papel de Ciudadanos, que siempre se ha mostrado favorable a un gobierno de estas características, “reformista”, como dice Rivera. No obstante, para un gobierno de coalición entre PP y PSOE no es necesaria la aprobación de Ciudadanos, ya que populares y socialistas sumarán en todos los casos. La pregunta es, ¿cómo afrontarían los votantes socialistas que su partido, cuyo lema era “echar a Rajoy”, pactara con los populares? ¿Consultará Pedro Sánchez a sus bases para que sean los militantes quienes se pronuncien sobre cualquier tipo de pacto? Sea como fuere, Pedro Sánchez está entre la espada y la pared y de su decisión dependerá el porvenir del PSOE.

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3 comentarios en “Pedro Sánchez, entre la espada y la pared

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