Los petrodólares no son para siempre: la crisis social venezolana

Por Nicolás Bello (@nbello_II) y Ana Rodríguez (@AnaRodriguez_24) //   “Tiene que hacerse justicia. Que cese tanto odio, que ha existido en este país. Que se haga justicia es lo principal (…) Y la paz, la paz para este país”. Estas son las palabras del padre de Geraldín Moreno, una estudiante de 23 años de Valencia, estado Carabobo, que murió el 22 de febrero de 2014. Le dispararon durante una protesta que había tenido lugar varios días antes.

Para entender qué está pasando en Venezuela hay que entender su historia y remontarse a febrero de 2014, mes en el que los venezolanos salieron a la calle para hacerse oír. Buscaban aires de cambio. Las protestas se iniciaron el 4 de febrero de 2014 en los estados de Táchira y Mérida. El desencadenante fue un intento de violación contra una estudiante de la Universidad de los Andes. A este hecho se sumó la dificultad de los ciudadanos para conseguir bienes de consumo básicos como leche, aceite o harina, y la falta de seguridad que vivían los habitantes del país.

Los problemas existían y existen. Sólo hacía falta que apareciera la piedra que hiciera que se encendiera la chispa. Y esa piedra apareció el 12 de febrero de este mismo año con la detención de tres dirigentes estudiantiles del estado de Táchira, estado en el que empezaron las protestas. No fue un día cualquiera. Fue el día en el que Venezuela decidió luchar por sus derechos.

Hubo marchas en Caracas y en otras ciudades del país. A estas movilizaciones se sumaron los integrantes de La Salida, un sector disidente de la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que, liderados por María Corina y Leopoldo López, habían llamado a la población un año anterior a buscar caminos que permitieran acabar con la presidencia de Maduro.

Protestar no es un crimen; o al menos eso creían los venezolanos que decidieron salir a la calle en aquel mes de febrero de 2014. Geraldín Moreno tan sólo fue una más. Una de las mártires de esta protesta que supuso un punto de inflexión en la historia de este país.

Un hecho sin precedentes

Dos años más tarde, Venezuela se encuentra en el centro de mira de Latinoamérica. Las protestas que se vienen produciendo desde 2014, tanto en Caracas como en las principales ciudades del país, continúan de manera cada vez más violenta – en 2014, se contabilizaron 848 heridos y 44 muertos en manifestaciones, de acuerdo con el Informe Anual 2014/15 de Amnistía Internacional – con una particular actuación de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en la represión. La aprobación del presidente Nicolás Maduro se encuentra actualmente en su punto más bajo: siete de cada diez venezolanos lo rechazan.

Maduro culpa a la derecha de participar de planes golpistas contra su gobierno y aprovecha cada ocasión para resaltarlo. Los golpes que recibió una policía de la GNB en las protestas de mayo en Caracas, por ejemplo, fueron explotadas por los medios oficialistas como una “masacre salvaje”. La oposición acusa al gobierno de infiltrarse en las marchas y generar violencia.

Lo cierto es que la violencia que vive hoy Venezuela ha despertado las alarmas de la Organización de Estados Americanos (OEA). Su Secretario General, Carlos Almagro, activó la Carta Democrática para Venezuela, que implica una intervención de la organización en el país y sanciones en caso no se cumplan ciertas condiciones, que podrían terminar con el retiro de Venezuela de su Asamblea General, un hecho sin precedentes.

No obstante, el apoyo de gobiernos como el de Bolivia, Ecuador y Nicaragua han permitido una solución distinta. El gobierno venezolano ha firmado un documento oficial que advierte la crisis política, llama al diálogo entre el gobierno y la oposición y permite la mediación de la OEA en la resolución del conflicto.

El chavismo como respuesta política a un sistema disfuncional

Sin los llamados “partidos tradicionales” – una expresión común en América Latina, usada sobre todo por los populismos, para referirse al sistema de partidos organizados –  no habría existido el Comandante Chávez. Esto se explica por la historia de Venezuela: fue uno de los pocos países latinoamericanos que logró mantenerse a salvo de dictaduras militares en la segunda mitad del siglo XX, con un sistema bipartidista de alternancia de poder entre el Partido Socialdemócrata y la Democracia Cristiana, dos partidos que con el tiempo se corrompieron, mientras la gente común se hacía cada vez más pobre y las diferencias sociales se acrecentaban.

De acuerdo con cifras del Banco Mundial, hacia el año 2003, la pobreza golpeaba al 61,2% de la población, especialmente en zonas urbano-marginales, donde no había colegios ni hospitales.

En noviembre de 1992, el entonces Capitán Hugo Chávez – fundador del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 – intentó un golpe contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez. El golpe fracasó y lo llevó a refugiarse, junto con otros 93 militares, en el Perú, donde conoció al entonces todopoderoso jefe del Servicio de Inteligencia Nacional peruano, Vladimiro Montesinos, quien los recibió y dio asilo durante cerca de dos años. El historiador peruano Antonio Zapata explica que “no se trató de un hecho gratuito, el presidente venezolano había condenado el “autogolpe” del 5 de abril ante la OEA”.

Chávez optó entonces por la vía democrática y en 1998 ganó la presidencia como líder del Partido Socialista Unido de Venezuela. “Tenía un liderazgo fuerte de corte autoritario y supo usar la democracia a su favor”, explica Antoni Travería, director del Centro Cultural Casa América de Catalunya.

Sus medidas lograron sacar a millones de venezolanos de la pobreza, reduciéndola al 31,9% hacia 2011, a través de programas sociales – llamados “misiones” – y la construcción de colegios y hospitales en zonas populares. Ganó así la legitimidad y apoyo popular que necesitaba para aplicar lo que llamó el “socialismo del siglo XXI”, del que fue pionero, en una ola de izquierdas que recorrió casi todos los países sudamericanos con la excepción de Perú, Chile y Colombia.

Esto creó una resistencia feroz en la derecha venezolana, que supo aprovechar el lado beligerante de Chávez para provocarlo y dejar en evidencia sus lados más autoritarios. Y lo consiguieron. Aquellos ubicados en el espectro de la derecha comenzaron un tira y afloja con el líder venezolano . Durante un tiempo midieron su fuerza y liderazgo con constantes movilizaciones de masas en las principales ciudades del país;  provocando violencia social y atentando contra los derechos y valores fundamentales de las instituciones democráticas.

Se acusó, por ejemplo, a Radio Caracas Televisión (RCTV) de haber participado en el intento de Golpe de Estado contra Chávez en 2002, argumento que fue usado por el entonces presidente para no renovar su concesión del uso de las ondas electromagnéticas en 2007. Con todo, el mundo empezó a tomar posición a favor o en contra del gobernante.

Todo ello sumado a la etapa de bonanza petrolera en la que estaba viviendo el país por aquel entonces hizo que el Estado se volviera más intervencionista. El líder carismático tenía un as guardado entre las magas y ese era el petróleo, que por entonces ya bordeaba los 140 dólares por barril. Así, gente que nunca había estado en la oposición, trató torpemente de resistirse a las políticas del nuevo gobierno. Se encontraban descabezados, divididos, y no podían luchar contra un gobernante con muchísimos petrodólares y gran parte del apoyo popular.

No obstante, esta oposición logró articularse conforme avanzaban los años y en particular cuando Nicolás Maduro ascendió al poder. “El triunfo de la derecha en las elecciones parlamentarias de 2015 se debe en parte a los programas sociales de Chávez, en el sentido de que sacaron a millones de la pobreza y ampliaron la clase media. Las personas que ascienden en la escala social no quieren luego perder lo ganado y tienden a votar a las derechas”, explica el analista internacional y profesor de la Universitat Pompeu Fabra, Albert Garrido. En las últimas elecciones de diciembre de 2015, el partido Mesa de la Unidad Democrática obtuvo 112 escaños, que representan dos tercios de la asamblea.  

La guerra económica

A esta crisis política se le suma la difícil situación económica que está atravesando el país durante estos últimos años. Ya de por sí Venezuela ha tenido y tiene que hacer frente a problemas como la escasez de divisas, la inflación, el desabastecimiento o el déficit fiscal; problemas a los que se les ha añadido uno muy importante: la caída libre de los precios del petróleo.

Según dice Carlos Malamud en su artículo Venezuela: ante una etapa crucial y complicada publicado a finales de 2015, “el barril de petróleo venezolano apenas supera los 34 dólares, una cifra claramente insuficiente para poner en orden unas cuentas que un día no muy lejano se apoyaron en un barril por encima de los 100 dólares”. Esta caída del precio del petróleo ha afectado a las exportaciones y ha obligado a la importación del mismo provocando que la población viva en la más mísera pobreza.

En octubre de 2014 Maduro estaba seguro de que la caída de los precios del petróleo no afectaría a su país.  Por aquel entonces el presidente de Venezuela dijo en el Consejo de Ministros  “Un gobierno revolucionario con poder económico como el que yo presido tiene planes para pasar cualquier situación así tiren los precios de petróleo a donde los tiren”. Quince meses más tarde ha tenido que admitir que no tenía razón decretando el estado de emergencia económica.

Este estado de emergencia da el poder al Presidente – según la Constitución – de limitar el uso de servicios o el consumo de artículos de primera necesidad y de tomar las medidas que hagan falta para el abastecimiento de los mercados y el funcionamiento del sector servicios y de los centros de producción.

Esta “guerrilla económica” tiene como protagonistas a dos fenómenos que están teniendo un gran impacto en las condiciones de vida de la población. Se trata del desabastecimiento y de la inflación. El primero de ellos ha provocado que los venezolanos no puedan disfrutar de bienes de primera necesidad como son los alimentos, medicamentos y productos de higiene personal y del hogar.  El segundo – la inflación – tiene efectos en  el salario de los trabajadores el cual se ve deteriorado. Este hecho provoca que éstos recompongan su estructura de gastos y den prioridad a los bienes de primera necesidad; bienes que cada vez son más difíciles de encontrar, entre otras consecuencias.

Venezuela y la necesidad de cambio

Venezuela está haciendo frente a tres crisis al mismo tiempo. Una política, una social y una económica. Con la victoria de la oposición el pasado 6 de diciembre, el chavismo ha comenzado su propia crisis. A pesar de haber ganado las elecciones la oposición no tiene – por el momento – la mayoría suficiente para hacer frente a un Ejecutivo que pretende anular a la Asamblea. La crisis política seguirá durante un tiempo y con un futuro difícil de predecir. Si hay algo claro hasta ahora es que es tiempo de transición en Venezuela. ¿Cómo y cuáles serán los resultados? Es algo que todavía no se puede pronosticar.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s