Tiempos de libertad

Por Ana Rodríguez (@AnaRodriguez_24)

Vivimos tiempos difíciles.  Vivimos tiempos de guerras,  de violaciones, matanzas, escándalos de corrupción, abusos de poder. Vivimos ante un problema. Ante más de uno.  Los periodistas son los encargados de informar sobre todas las atrocidades que ocurren en nuestro planeta.  Son los encargados de mostrarnos estos problemas para que nosotros – con nuestra humilde aportación- podamos ayudarles a cambiar el mundo. A hacer de este planeta un lugar mejor para vivir. No es un trabajo fácil. Es peligroso como sabrán y lo peor es que cada vez lo es más.

En lo que llevamos de año  han sido 13 los periodistas que han sido asesinados por llevar a cabo su trabajo;  otros 151 están encarcelados por hacer lo mismo. ¿Por qué tienen que ser castigados aquellos que de una forma u otra nos ayudan a tener sentido crítico, a ser libres intelectualmente? Vivimos en un tiempo en el que la libertad de expresión y la libertad de pensamiento no existen como tal.

El artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos dice que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. ¿Existe la libertad de la que se habla en esta declaración en nuestro mundo actual?

El deber de un periodista parafraseando a Kapuscinski en su libro “Los cínicos no sirven para este oficio” es el de informar, informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro.  Y esto es algo que cada día es más difícil.

Solo hace falta echar un vistazo a la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. En este ranking  Reporteros sin Fronteras  evalúa cada año el estado de la libertad de información en 180 países. El último índice, publicado el 20 de abril de 2016, muestra que Finlandia, Holanda, Noruega, Dinamarca, Nueva Zelanda, Costa Rica, Suiza, Suecia, Irlanda y Jamaica, por ese orden, son los diez países que gozan de mayor libertad de prensa. La mayoría son países de la Unión Europea. Al otro lado de la tabla, se encuentran Eritrea, Corea del Norte, Turkmenistán, Siria, China, Vietnam, Sudán, Laos, Yibuti y Cuba.  Los Estados totalitarios en los que la democracia brilla por su ausencia tienen en el ejercicio de un periodismo comprometido con los fundamentales a uno de sus principales enemigos.

Para Malena Mangas, jefe de prensa de Reporteros Sin Fronteras España la diferencia entre libertad de expresión y libertad de prensa es que “la libertad de expresión es mucho más amplia y abarca distintas facetas: política, cultural, artística, ciudadana… Es el derecho a decir las propias ideas en voz alta y sin miedo a represalias”. La libertad de prensa – a su juicio- es mucho más concreta y afecta a la información libre a la que tienen derecho los medios de comunicación y periodistas para informar de lo  que sucede.

Vivimos en tiempos inciertos en los que la democracia está siendo una de las protagonistas. Una democracia que no ha acabado con las restricciones a la libertad de expresión. Para la responsable de prensa de Reporteros sin Fronteras “una democracia sana, que goza de auténtica libertad de prensa, tiene los límites justos que establecen las leyes y acuerdos internacionales: protección a la infancia, protección al honor de los ciudadanos y protección de la seguridad nacional. Y todo, en la proporción adecuada. Más allá de estos límites, quien pierde es la libertad de información”.

En este sentido los periodistas tienen que hacer frente a muchos peligros para poder ejercer su trabajo. Trabajo que no siempre está lo suficientemente valorado. Malena Mangas dice que estos peligros son diferentes dependiendo del país en el que se viva. “Puede ser la muerte, el encarcelamiento, el secuestro, las amenazas o la censura, entre otros. En España, con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, puede ser multado si toma imágenes de las fuerzas del orden en determinadas circunstancias. En México o Filipinas puede ser asesinado si lo que publica no es del agrado del crimen organizado. En Siria o Irak, en las zonas controladas por el Daesh, por no atacar los terribles dictados de las autoridades de prensa; en China, Irán, Arabia Saudí, Rusia, Bahréin, Egipto o Mauritania, por desviarse de la línea marcada por el gobierno o los líderes religiosos, que en algunos casos pueden ser lo mismo”.

Este clima peligroso e inhibidor puede inducir en algunas ocasiones a la autocensura y es que la calidad informativa y el derecho a saber están por desgracia cada día más amenazados en nuestro mundo. Los periodistas sentimos la necesidad de reivindicar el valor de la palabra pero leyes como la “Ley Mordaza” vigente en nuestro país  no nos permiten hacerlo como nosotros queremos.

Para Malena Mangas  “el periodismo no es un arma silenciosa, es todo lo contrario. Cuando un poder –gobierno, autoridad religiosa, grupo armado, etc.- desea controlar la información libre, su objetivo es no tener que rendir cuentas ante los ciudadanos. Los periodistas tienen precisamente como función informar a los ciudadanos de todo aquello que los poderes de distinto tipo quieren ocultar, por eso resultan molestos y en estos momentos objetivos a abatir en muchos países.”

En estas circunstancias se hace necesario que tanto las organizaciones profesionales como los propios medios luchen contra los intentos de cercenar la libertad de expresión. Ya lo habrán oído miles de veces. Sin periodismo no hay democracia. Y sin duda, sería una noticia terrible que los periodistas se tuvieran que abrazar a la autocensura. Y ya está ocurriendo tal y como ha señalado Malena Mangas quien considera que “amedrentar a los periodistas, ya sea mediante la ley o amenazas de todo tipo, es una manera de impedir que ciertas informaciones se difundan y lleguen al público”.

Quienes peor parados salen de esta situación probablemente sean los periodistas freelance. “Los grandes medios envían cada vez a menos trabajadores de plantilla a lugares peligrosos, y a menudo recurren a reporteros independientes o a periodistas locales. El caso más claro es Siria, que se ha convertido en un ‘agujero negro’ para la información, y donde es enorme el peligro de que un periodista sea interceptado, secuestrado e incluso asesinado ante las cámaras. Quienes hoy se adentran en zonas de conflicto sin el amparo de una gran cabecera se juegan la vida para que podamos conocer lo que ocurre en esos lugares. Arriesgan la piel, se pagan su viaje y sus equipos, a veces por apenas 45 euros la crónica”, dice Malena Mangas.

45 euros por informar. Tenemos cientos de ejemplos. Algunos acaban bien como es el caso de Antonio Pampliega, Ángel Sastre y José Manuel López que tras 10 meses de secuestro en Siria han regresado a casa; otros sin embargo acaban sacrificando su vida por el derecho a la información, por la libertad de expresión.

Vivimos tiempos convulsos en los que este derecho no existe. Por una vez seamos valientes y luchemos por cambiarlo. Luchemos por vivir en un tiempo de democracia con todas sus letras. Luchemos por vivir en Tiempos de Libertad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s