Gregory Corso, el otro beat

Gregory Corso. Ilustración Verónica Living (@cardiodrama)

Gregory Corso. Ilustración Verónica Living (@cardiodrama)

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

Si mencionamos a la Generación Beat, seguramente el nombre que primero se nos venga a la cabeza sea el de Kerouac, Ginsberg o, si nos apuramos mucho, Burroughs. Pero lo cierto es que la Generación Beat tuvo muchos más nombres entre sus filas. Uno de ellos fue Gregory Corso, uno de los más jóvenes integrantes de este movimiento literario.

Corso nació el 26 de marzo de 1930 de una madre de 16 años con orígenes italianos. Al poco tiempo, su madre abandonó la familia y regresó a Italia. El pequeño Gregory se quedó con su padre, quien se volvió a casar y del que huyó varias veces. A los 17 años fue condenado a tres años de prisión por delitos de robo. Fue allí, en la Clinton State Prision donde se hizo ávido lector y empezó a escribir poesía.

6a00e008dca1f08834017ee997596b970d-500wiCuando salió regresó a Nueva York, donde en plena gestación del movimiento Beat conoció a Allen Ginsberg, quien lo introdujo en la escena poética. Ginsberg llegó a decir de él que era “el poeta más grande de América”. Después de Kerouac, fue el primer autor beat en publicar un poemario. Se trata de La dama vestal de Brattle, que vio la luz en 1955, dos años antes que On the road.

“Abran este libro como abrirían una caja de juguetes locos, tomen en las manos un refinamiento de belleza sacada de una atmósfera destructiva. Estas combinaciones son imaginarias y puras, en consonancia con el deseo individual (y por tanto universal) de Corso”, escribía Ginsberg para su amigo en este primer poemario.

Para Kerouac, “Gregory era un chico duro del Lower East Side que se elevó como un ángel sobre los tejados y cantó canciones italianas, tan dulcemente como Caruso y Sinatra, pero con palabras”.

Donde fui, fui
donde me detuve, me detuve
cuando hablé, hablé
cuando escuché, escuché
lo que comí, comí
lo que amé, amé

Pero qué puedo decir acerca de
adonde fui, no fui
adonde me detuve, continué mi camino
cuando hablé, escuché
cuando escuché, hablé
cuando ayuné, comí
y cuando amaba,
no deseaba odiar…

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Corso desarrolló una poesía picaresca y directa que, aunque le incluyó en el movimiento, hizo que destacase de entre ellos como el que representaba una figura más puramente poética. De la misma manera, nunca tuvo ningún reparo en contar a través de sus versos la sociedad que le rodeaba.

Brazos abiertos
manos planas contra los costados de la
ventana
Ella baja la vista
Piensa en Bartok, Van Gogh
Y los chistes del New Yorker
Cae

Se la llevan con un Daily News sobre la
cara
Y un tendero arroja agua caliente en la
vereda

Gregory Corso en Grecia.

Gregory Corso en Grecia.

De todos sus compañeros de generación, fue el que más viajó por Europa, tal vez por sus raíces. Gregory, como sus antecesores de la Generación Perdida, y tal vez en contraposición con la vanguardia poética que en esos momentos se establecía en Nueva York, pasó junto con Allen Ginsberg, Peter Orlovsky y William Burroughs parte de los últimos años de la década de los 50 en el que después sería llamado el Beat Hotel, un hotel del Barrio Latino de París.

De esta época en París nació su tercer libro de poemas, El feliz cumpleaños de la muerte, que han situado como una de las obras claves del movimiento beat.

“Dejemos que un alegre caos arrolle, pase patas arriba, / herederos de sillas zómbicas y árboles del ahorcado. / Que tengamos una magia que nos permita ser libres para marchar al modo de Chagall”, escribe en este poemario, donde también aparece su famoso poema ‘Bomba’, que compuso en forma de hongo e inspiró a un joven Bob Dylan, o uno de sus poemas más satíricos, ‘Matrimonio’, donde establece su poco interés por casarse y lo que esto supone de cara a la sociedad.f5c12e46c4170b31e15b37d772c6a904

Corso murió el 17 de enero de 2001 a causa de un cáncer de páncreas. De no haber sido así, el pasado 26 de marzo habría cumplido 86 años. Los versos que se leen en su lápida los dejó escritos él antes de morir.

Espíritu
es vida
fluye a través de mí
interminablemente
como un río
sin miedo
a llegar a ser
el mar

CORSO

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