Neoliberalismo, la doctrina que domina el mundo

Por Nicolás Ribas (@nicolasribas_)

Durante la década de los 80 la Unión Soviética entró en una crisis profunda. La reforma económica impulsada por Mijail Gorbachov (La Perestroika), un cierto aperturismo del régimen a las ideas democráticas y la caída del Muro de Berlín, pusieron las bases de un desmembramiento que llegó durante los inicios de la década de los 90.

Esa misma década, la de los 80, tuvo como protagonistas del lado capitalista a dos políticos fundamentales para el pensamiento neoliberal: el tándem del “terror” formado por Ronald Reagan (presidente de los Estados Unidos entre 1981 y 1989) y Margaret Thatcher, la “Dama de Hierro” (primera ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990), la mujer que goza de la simpatía de Esperanza Aguirre. Ambos pusieron en marcha las ideas de los Chicago Boys de la Escuela de Chicago, con Milton Friedman y Friedrich Hayek a la cabeza. Para entender lo que está pasando en Europa ahora mismo (aunque también en otras regiones, como América Latina y la mayoría de las llamadas “economías emergentes”), hay que echar la vista atrás a este proceso de liberalización del sector público en favor del sector privado durante la década de los 80.

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Margaret Thatcher y Ronald Reagan, influenciados por las ideas de la Escuela de Chicago, pusieron en práctica la privatización del sector público.

EEUU y el capitalismo vencieron simbólicamente en esta guerra fría sobre la URSS y el modelo soviético. Digo simbólicamente, porque aunque sí hubo una batalla encarnizada por exportar sus diferentes modelos al resto del mundo, esta victoria no fue consecuencia de un conflicto armado abierto, en el sentido tradicional del término. Ni Washington ni Moscú fueron bombardeadas directamente.

Hoy, 25 años después de la disolución del bloque soviético, y con los únicos resquicios de Corea del Norte y de una Cuba cada vez más abierta, después de la apertura del régimen cubano en sus relaciones diplomáticas con EEUU y las reuniones entre Raúl Castro y Barack Obama, la guerra propagandística contra todo modelo que trate de reducir las grandes desigualdades que genera el capitalismo más salvaje y radical sigue estando muy presente.

Podemos tomar como ejemplo el actual modelo estadounidense, un país en el que estudiar una carrera universitaria es una cuestión clasista. En EEUU, país que alardea de tener las mejores universidades del mundo, solo pueden acceder a la enseñanza universitaria aquellos que son hijos de familias de clase social alta, ya que la educación es privada. Y pasa algo similar con la sanidad. Los estudiantes de clase social baja lo tienen muy difícil para acceder a estudios superiores, a menos que se hipotequen de por vida, engrosando los bolsillos de las entidades bancarias, o busquen alternativas más accesibles como la de entrar en el ejército. Así es, si entras en el ejército gozarás de una gran cantidad de beneficios, y el Estado financiará tus estudios universitarios desinteresadamente. American way of life. Pero tampoco caigamos en prejuicios anti-estadounidenses ni en la tentación de afirmar que el pensamiento del ciudadano medio en torno a estas cuestiones es siempre el mismo. No lo es.

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Donald Trump tildó a Bernie Sanders de “comunista”. Fotografía: Periódico Tiempo de México

Bernie Sanders, candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos -y que se disputa con Hillary Clinton ser el único candidato del partido-, ha sido el primero en la historia del partido en autodenominarse socialdemócrata. Defiende una educación y una sanidad pública y accesible para todos, a diferencia de ahora, un lujo y un privilegio de unos pocos. Eso le ha hecho ganarse a no pocos enemigos, tanto en su partido, como en la oposición. Y aquí es donde entra en juego la guerra propagandística de la que hablábamos. El señor Donald Trump (George Bush hijo a su lado es la encarnación de Jesucristo) no lo dudó ni un instante: “comunista”, al más puro estilo del macarthismo. Y tan ancho.

Y en esa tesitura estamos. La guerra ideológica es tan fuerte que defender las ideas económicas de un tal John Maynard Keynes te pueden convertir en un trasnochado y el sistema ha creado una gran cantidad de palabras-policía para señalarte como el radical que eres: chavista, castrista, comunista, populista… No importa que las defiendan economistas de reconocido prestigio como Paul Krugman o Joseph Stiglitz, ambos estadounidenses y ambos Premio Nobel de Economía. En toda guerra, la primera batalla que hay que ganar es la que hace referencia a la dialéctica. Quien gana la batalla dialéctica tiene muchas posibilidades de ganar la “guerra”, porque será quien imponga su ideología a quienes la propaganda va dirigida. Además, adornan su discurso con palabras como “liberal”, “moderado”, “eficacia”, “austeridad”, “realismo”… A día de hoy, esta batalla es una batalla perdida. Porque aunque son cada vez más las voces críticas que no aceptan este discurso ni las medidas económicas que conlleva, el capital se ha hecho con el control de gran parte de los medios de comunicación, y los está utilizando para promover el capitalismo salvaje, pervirtiendo el lenguaje e imponiendo un modelo de pensamiento único.

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2 comentarios en “Neoliberalismo, la doctrina que domina el mundo

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